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UP, blanco o negro

Buena parte de los analistas políticos, en particular los llamados «de orden» (pues siempre están llamando al mismo), viene últimamente cebándose con Unidas Podemos por su supuesta «irrelevancia» en el seno del Gobierno que comparte con los socialistas.

Ejemplos como la subida desbocada de los precios energéticos, la cada vez más profunda y extendida inflación, la estéril polémica de Garzón contra las macro granjas, la ausencia del partido en la huelga de transportistas o en el reconocimiento diplomático de la marroquinidad del Sáhara han animado esas miradas censoras contra la vicepresidenta del ejecutivo y posible candidata de UP, Yolanda Díaz.

Otras voces, otras miradas son, sin embargo, bastante más positivas.

Según éstas, Unidas Podemos, con Yolanda Díaz a la cabeza, estaría haciendo un ejercicio de contención, de responsabilidad, de gran madurez. Evitando, no sólo el desgaste de Pedro Sánchez y el riesgo eventual de tener que convocar elecciones anticipadas, sino el caos, la alarma o ruina nacional causada por la suma de pandemias, guerras y demás calamidades.

¿Quién tiene razón, los críticos o los apologistas? Lo que está muy claro es que la estrategia de UP ha variado sustancialmente desde que Pablo Iglesias abandonó el timón de una nave botada por los «indignados» y otros sectores de una izquierda hasta entonces marginal para hacer frente a tempestuosos mares y frecuentes tormentas.

Aquella ideología radical y aguerrida praxis ha venido dando paso a posturas de izquierdas, sí, pero atemperadas por las exigencias de la realidad, de la política real, los mercados, las deudas del Estado, la balanza de importaciones/exportaciones, el nivel máximo del salario mínimo, todos esos guarismos que perfilan o condicionan los programas e ideas políticas, en ocasiones hasta hacerlas irreconocibles.

El votante español, poco amigo de extremismos, no está castigando con un descenso de intención de voto la táctica más cauta de Díaz y sus ministros, de la misma manera que el PSOE ha dejado de ver en UP a un rival directo, para constatar con satisfacción que su estancamiento demoscópico lo aleja del sueño (pesadilla para el PSOE) de un próximo sorpasso.

¿Irrelevancia o madurez de UP? En cualquier caso, una buena pregunta para responderla antes de las elecciones.

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