Pedro Cerbuna y la Universidad de Zaragoza

El oscense Pedro Cerbuna del Negro fue el gran impulsor de la Universidad de Zaragoza

Retrato de Pedro Cerbuna, a quien se le puede atribuir con toda justicia el honor de ser el verdadero fundador de la actual Universidad de Zaragoza.

Retrato de Pedro Cerbuna, a quien se le puede atribuir con toda justicia el honor de ser el verdadero fundador de la actual Universidad de Zaragoza. / SERGIO Martínez Gil HISTORIADOR Y CO-DIRECTOR DE HISTORIA DE ARAGÓN

Sergio Martínez Gil

Sergio Martínez Gil

El 27 de febrero se cumplen 485 años del nacimiento de Pedro Cerbuna del Negro en la localidad oscense de Fonz, a quien se le puede atribuir con toda justicia el honor de ser el verdadero fundador de la actual Universidad de Zaragoza. Oficialmente, y así aparece de hecho en su escudo, la universidad zaragozana fue creada en el año 1542 por un privilegio concedido por el emperador Carlos V de Habsburgo el 10 de septiembre de ese año durante las Cortes aragonesas que se estaban celebrando en Monzón. Pero la realidad fue muy diferente, y lo cierto es que esta institución tardaría más de 40 años en ponerse en marcha.

Fueron varias las circunstancias que provocaron este larguísimo retraso. La primera de ellas fue la fuerte oposición de la vecina Universidad Sertoriana de Huesca, fundada en 1354 por orden del rey Pedro IV el Ceremonioso, y que de hecho fue la universidad aragonesa más antigua pero que terminó por desaparecer a mediados del siglo XIX. La cercanía entre Huesca y Zaragoza hizo que los oscenses temieran, no sin razón, que la nueva universidad zaragozana les hiciera una fuerte competencia, cosa que realmente ocurrió cuando Cerbuna la puso en marcha a finales del siglo XVI provocando una larga y lenta decadencia en el centro oscense hasta su mencionada desaparición.

Por otro lado, algunos no veían claro eso de las universidades a pesar de la importancia que tenían para la formación de médicos, teólogos y sobre todo expertos en leyes que luego terminaban trabajando para la administración de la propia monarquía. Como ejemplo de ello, están las palabras de Artal de Alagón y Martínez de Luna, conde de Sástago y virrey del reino de Aragón entre los años 1575 y 1588 que dijo lo siguiente: «Gente que sepa, ¿para qué? No se logrará sino aumentar los vagos, crear viciosos, despoblar más los campos y extender la miseria; demasiado saben ya para que se les facilite saber más».

Al final, acabó surgiendo la figura de Pedro Cerbuna del Negro, quien impulsó el proyecto de hacer realidad la Universidad de Zaragoza. Pero, ¿quién era? Como comentaba al principio del artículo, Cerbuna, a quien hoy se le recuerda con calles y también dando nombre a uno de los colegios mayores más importantes del campus universitario de San Francisco, nació en Fonz (Huesca) el 27 de febrero del año 1538, cuatro años y medio antes de que Carlos V concediera el privilegio de fundación en 1542, aunque luego se quedara en agua de borrajas. Era hijo de Isabel del Negro y de Ejea y de Juan Nadal Cerbuna, este último alguacil del tribunal de la inquisición en el reino de Aragón y bayle de Fonz, es decir, un cargo administrativo, ya fuera de la administración real o señorial, que se encargaba de administrar justicia en un determinado territorio en nombre del monarca o del señor de turno.

Pedro Cerbuna hizo carrera eclesiástica y, dado su origen, pudo formarse en Teología en las universidades de Huesca, Valencia, Lérida (la primera universidad en la Corona de Aragón) y Salamanca, algo que seguro que le dio una visión de lo importantes que eran este tipo de instituciones ya en aquella época. En el año 1563 se doctoró en Teología y ya al año siguiente fue ordenado sacerdote en Lérida. Desde entonces, prosiguió su carrera ocupando diferentes cargos, como profesor de Teología y vicario general de la diócesis de Lérida, canónigo y visitador en la de Huesca y, más tarde, también fue canónigo y vicario general del Arzobispado de Zaragoza.

Este último destino fue clave en esa puesta en marcha de la universidad zaragozana, que a pesar de no haber entrado en funcionamiento es cierto que en la capital aragonesa sí que existía desde 1474 el Estudio general de artes. Tras la muerte del arzobispo de Zaragoza, Hernando de Aragón, en 1575, el puesto estuvo vacante durante años, ya que, aunque en 1577 fue elegido en su lugar Bernardo Alvarado de Fresneda, este murió de camino a la capital aragonesa y nunca llegó a tomar posesión del cargo, de modo que todavía se tardó un tiempo más en tener sustituto.

Cerbuna, como canónigo y vicario general, comenzó a utilizar parte de las rentas del arzobispado zaragozano mientras estaba en sede vacante precisamente para conseguir la financiación suficiente para poner en marcha de una vez la Universidad de Zaragoza, algo que llegó por fin el 24 de mayo de 1583. Sin ese impulso del foncense, quizás habría tardado aún más tiempo en comenzar a funcionar o, quién sabe, quizás habría caído en el olvido. Su carrera no terminó ahí, ya que el 24 de noviembre de 1585 fue consagrado como obispo de Tarazona por parte del papa Sixto V, cuyo pontificado es en buena medida el gran responsable del embellecimiento de la Roma papal que hoy en día vemos. Pedro Cerbuna murió el 5 de marzo de 1597 y está enterrado en la bellísima Colegiata de Santa María la Mayor de Calatayud.

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