En Mallorca
El infierno de una joven que soñaba con ser mecánica de coches: “Me escupían y me mandaban a fregar”
Desde insultos y burlas hasta agresiones físicas, Sandra Valero, de 19 años, denuncia el acoso estructural que sufren las mujeres como ella al elegir oficios tradicionalmente masculinos

Sandra Valero de 19 años ha sufrido acoso y discriminación por perseguir su sueño: ser mecánica de coches. / B.RAMON
Carla Beltrán
“Ve a fregar los platos”, “las mujeres solo sois útiles en la cama y en la cocina”, “envíame fotos sin ropa”. Estas frases no son ecos del pasado, sino parte del día a día de Sandra Valero, una joven mallorquina de 19 años que, desde los 15, ha sufrido acoso, vejaciones y discriminación por perseguir su sueño: ser mecánica de vehículos, una profesión donde el género masculino sigue predominando con fuerza.
Desde pequeña, Sandra sintió fascinación por el mundo automovilístico: “Siempre quise estudiar electromecánica de coches, lo tenía claro. Pero todo se truncó y se convirtió en un infierno”, cuenta en una entrevista con este diario. Durante los dos años de su formación profesional fue la única chica de la clase, y eso fue suficiente para ser blanco de constantes agresiones verbales y físicas: “Me discriminaban y humillaban por el simple hecho de ser mujer. Me decían que no servía, me insultaban, me escupían, me tiraban al suelo… fue horrible”.
Su madre, Francisca Salvà, relata cómo su hija fue perdiendo su esencia en la etapa del instituto hasta el punto de querer acabar con todo, incluso con su vida: “Sandra estaba apática, vivía en piloto automático. Un día llegó a casa y me dijo que no podía soportarlo más”. Pese a las denuncias y a que el profesorado y la dirección del centro eran conocedores de la situación, nadie actuó: “Miraron para otro lado. Ni la justicia ni el equipo directivo dieron respuestas”, afirman madre e hija. Sin embargo, a pesar de caer en una depresión que, actualmente, sigue “arrastrando”, Valero no tiró la toalla, era su sueño y “nada ni ningún hombre” iba a arrebatárselo.
“Yo fregaba el suelo y ellos hacían tareas importantes”
Con 17 años, tras salir de la formación profesional con un expediente brillante, Sandra comenzó sus prácticas en un concesionario de reparación de vehículos de la isla. Pero el entorno seguía siendo hostil: “Los hombres de 35 o 40 años me decían guarradas todos los días”, explica la joven. “Mientras los chicos de prácticas hacían tareas importantes de mantenimiento de coches, a mí me tenían fregando el suelo desde las ocho de la mañana. No me dieron las mismas oportunidades”, añade Valero.
Así fue como Sandra optó por el silencio como su refugio para minimizar el sufrimiento: “Vi que ni la justicia, ni los jefes de la empresas hacían nada al respecto y decidí callarme”. Igualmente, la joven relata que siempre se sintió “culpable”: “Era injustificable que por ser mujer me trataran así, pero yo sentía que tenía la culpa”.
Un efímero suspiro
En 2023, una beca Erasmus le permitió hacer prácticas en una empresa belga, donde, por primera vez, se sintió respetada y valorada: “El mecánico que me acompañaba me repetía: ‘Sí que puedes’. Me animaba a intentarlo y a no rendirme”. Tal y como explica Valero, en Bélgica nunca nadie la juzgó por ser mujer. Es más, “allí no existía diferencia de género en ningún trabajo, que en realidad, es lo que debería ser en todos los lugares del mundo”, añade.
Sandra decidió volver a Mallorca, con la esperanza de seguir intentándolo en casa. A pesar de no perder la ilusión, cuando Sandra creía que se le abría una nueva puerta, todo volvía a ser como antes: “En el nuevo trabajo, mis compañeros hablaban sobre mi cuerpo, me pedían fotos y se burlaban de mí”, explica.
Además, según relata Valero, muchas de las empresas en las que ha trabajado no tenían vestuario para mujeres porque nunca antes ha habido chicas ocupando los puestos de mecánicas en los talleres, una muestra más de la segregación de género en dichos empleos.
Una batalla colectiva
Actualmente, Sandra Valero trabaja en Mallorca en una gran empresa del sector donde, “por fin”, se siente “valorada". Ha sido elegida como imagen de IVECO Academy, un reconocimiento que refleja no solo su talento, sino también su perseverancia y constancia. “Aquí me respetan. Siento que he tocado el cielo”, afirma. Pero su lucha va más allá de lo personal: “He aprendido que el silencio no es una opción. Hay que alzar la voz a lo que sentimos y ser valientes”.
El caso de Sandra Valero es el reflejo de un problema estructural al que “la sociedad le da la espalda”, explica la madre de la joven. El machismo que aún persiste en algunos oficios y estudios tradicionalmente masculinos sigue expulsando y menospreciando a las mujeres, muchas veces en silencio y sin consecuencias. “Si una chica quiere ser mecánica, que lo luche y no se rinda. Puede que igual que yo, lo pase mal, pero vengo a abrir el camino para que las que lleguen detrás no sufran lo mismo”, concluye Valero.
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