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Estudio científico

¿Quién fue el primer homínido en ponerse de pie y por qué su gesto cambió la historia de nuestra especie (para bien y para mal)?

Un nuevo análisis de los restos fósiles del 'Sahelanthropus tchadensis', un homínido que vivió hace más de siete millones de años, desvela que este antepasado estaba anatómicamente adaptado a caminar sobre dos piernas

Representación artística de los primeros homínidos que aprendieron a caminar erguidos.

Representación artística de los primeros homínidos que aprendieron a caminar erguidos.

Valentina Raffio

Barcelona

Hay una incógnita que lleva más de un siglo rondando en los centros de paleontología y que, aunque quizás a priori no lo parezca, tiene una implicación clave para nuestra especie. Y es la pregunta de quién fue el primer homínido en ponerse de pie y en aprender a caminar erguido sobre dos piernas. Porque gracias a él, pudimos liberar las manos, transformar nuestra anatomía (para bien y para mal, valga decirlo) y hasta cambiar la forma en la que nos relacionábamos con el entorno hasta convertirnos en quienes somos. Según anuncia la revista 'Science Advances', un equipo de científicos ha reunido un nuevo paquete de evidencias para achacar este mérito al 'Sahelanthropus tchadensis', un homínido que vivió hace más de siete millones de años y cuyos restos fueron descubiertos a comienzos de este siglo en el desierto de Chad.

Hace mucho que los científicos afirman que este primate, que destaca como uno de los homínidos más antiguo descubiertos hasta ahora, podría situarse muy cerca del "punto de separación evolutiva" entre los chimpancés y los humanos. Pero lo que nadie había logrado demostrar es si caminaba erguido o no. En el estudio publicado este viernes, los científicos aportan un análisis de un fémur y dos cúbitos parciales atribuidos a este homínido y, con todo ello, afirman que el animal reunía "características anatómicas compatibles con la locomoción bípeda". La principal novedad es la identificación de un tubérculo femoral, punto de inserción del ligamento y un elemento clave para estabilizar la cadera durante la marcha. También se confirma la presencia de otras características como la antetorsión del fémur y un patrón muscular glúteo apto para andar sobre dos patas.

Un nuevo estudio de los restos fósiles, descubiertos en Chad a principios de los 2000, demuestra que este homínido ya tenía una estructura corporal adaptada a los paseos sobre dos patas

El trabajo, liderado por Scott Williams, del Departamento de Antropología de la Universidad de Nueva York, sostiene que el 'Sahelanthropus' no solo podía ponerse de pie sino que estaba anatómicamente adaptado para desplazarse sobre dos piernas. De confirmarse, la noticia podría revolucionar los debates sobre esta cuestión ya que demostraría que la bipedestación habría surgido mucho antes de lo que se pensaba, en un primate con cerebro pequeño y aspecto claramente simiesco. No fue el aumento del cerebro lo que nos llevó a caminar erguidos sino que quizá ocurrió justo al revés. "Nuestro análisis sugiere que el bipedismo evolucionó temprano en nuestro linaje y a partir de un ancestro que se parecía mucho a los chimpancés y bonobos actuales", explica Williams.

"Nuestro análisis sugiere que el bipedismo evolucionó temprano en nuestro linaje y a partir de un ancestro que se parecía mucho a los chimpancés y bonobos actuales"

Scott Williams

Ventajas y desventajas del bipedismo

El debate sobre cuándo y cómo surgió el bipedismo no es baladí. Desde el punto de vista evolutivo, el hecho de caminar erguidos transformó el cuerpo de nuestros antepasados porque, por ejemplo, con el cambio de posición la pelvis se tuvo que acortar y ensanchar, la columna adoptó curvaturas en forma de "S", el fémur se inclinó hacia dentro, los pies perdieron su función prensil y los músculos de la cadera y los glúteos asumieron un papel central en el equilibrio. Caminar sobre dos patas liberó las manos, lo que permitió transportar alimentos, fabricar y utilizar herramientas y, mucho más tarde, manipular el entorno de forma sistemática. La posición vertical nos permitió elevar la cabeza, ampliando el campo visual y facilitando la detección de recursos y depredadores. Y todo ello ayudó, a la larga, a transformarnos en quienes somos. Pero con alguna que otra consecuencia no deseada.

El bipedismo permitió a nuestros antepasados liberar sus manos para otras tareas y ampliar su campo de visión, pero nos dejó de herencia problemas de espalda, partos dolorosos y pies menos funcionales

Se dice que la bipedestación trajo consigo costes anatómicos y fisiológicos importantes que aún hoy arrastramos. Al abandonar la postura cuadrúpeda, la columna vertebral, que originalmente estaba "diseñada" para un cuerpo horizontal, se vio obligada a soportar el peso de todo el tronco en vertical. De ahí que, según apuntan algunas voces, cuestiones como los dolores lumbares, hernias discales y problemas posturales son, en gran medida, el legado evolutivo de aquel cambio. La pelvis, adaptada para estabilizar la marcha bípeda, se estrechó en su parte inferior, lo que convirtió a los partos en procesos dolorosos (sobre todo porque coincidió con el desarrollo cerebral de nuestros antepasados y la llegada de crías con cabezas más grandes). Incluso el pie humano, especializado en la propulsión y el soporte, perdió la versatilidad prensil que caracteriza a los grandes simios, reduciendo nuestra capacidad para movernos con soltura en los árboles.

¿Pero entonces podemos echarle las culpas o, según se vea, darle las gracias al 'Sahelanthropus' por haber sido el primero en ponerse de pie? Para muchos especialistas, la respuesta sigue sin estar clara. En declaraciones al Science Media Centre España, el paleontólogo José-Miguel Carretero Díaz, director del Laboratorio de Evolución Humana de la Universidad de Burgos, afirma que es complicado definir a este homínido como el primer bípedo absoluto y que, de hecho, es más prudente decir que este antepasado fue "un bípedo facultativo, es decir, un cuadrúpedo arbóreo que tenía la facultad de moverse en tierra sobre las dos piernas con cierta soltura". Una visión similar sostiene Josep Maria Potau Ginés, de la Universidad de Barcelona, quien subraya que, aunque las nuevas evidencias anatómicas son relevantes, están basadas en restos incompletos y deben interpretarse con cautela.

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