TRAGEDIA FERROVIARIA
Conmoción en Alpedrete por la muerte en Adamuz de Geni, una de sus vecinas más conocidas: "Justo ahora que se había jubilado y podía disfrutar de la vida..."
El pueblo de la sierra madrileña llora el fallecimiento en la tragedia ferroviaria de María Eugenia Gallego, hasta hace un par de años dueña del supermercado del centro, y describen a su vecina como "trabajadora, familiar y buena persona"

María Eugenia Gallego, vecina de Alpedrete fallecida en el accidente ferroviario de Adamuz. / Redes sociales
Ni el cielo encapotado, ni la lluvia incesante, ni la niebla, la muchísima niebla que cubre sus calles, trastocan un ápice la vida de los vecinos de Alpedrete. Adaptados a la gélida estampa, habitual cada enero para este pequeño pueblo de la sierra madrileña, el interior de sus bares es el refugio perfecto para el día a día sus residentes. Pero hoy, en ellos, no hay variedad de conversaciones, ni risas, ni apenas bullicio. Hoy, como en los últimos dos días, se habla casi a susurros, y solo hay cabida para un tema de conversación. Poco a poco, la noticia va llegando a cada rincón, y todos confirman, por desgracia, que una de sus vecinas figura entre las 43 víctimas mortales de la tragedia ferroviaria de Adamuz.
Sin ánimos, todos siguen adelante, "que remedio", menos uno. El Café Roma, uno de los locales más populares del pueblo, amanece con los candados de sus verjas bajo llave, y basta con acercarse a su puerta para conocer el porqué. "Cerrado por defunción", reza un cartel situado en cada una de las puertas del local, cuyo dueño es Pablo, el marido de María Eugenia Gallego, de 62 años. O más bien de Geni, como se le conocía cariñosamente en un pueblo que ahora, tras varios días de incertidumbre, llora su pérdida conforme se va enterando de lo que, en realidad y de alguna forma, ya sabía.
El municipio llevaba desde el domingo conmocionado, al saber que una de sus vecinas más conocidas estaba en la lista de desaparecidos. De la esperanza del primer momento se fue pasando, día tras día, a un silencio que aventuraba lo que casi todos pensaban, pero casi nadie se atrevía a expresar. Hasta hoy, cuando la noticia corre de boca en boca, y las banderas a media asta del Ayuntamiento la corroboran.
Viajaba en el vagón 8 del Iryo
"Qué pena más grande. Ahora que se había jubilado y podía disfrutar de la vida...", comenta Inocente, vendedor de la ONCE cuyo puesto está justo enfrente de un Carrefour que, hasta hace un par de año, se llamaba de otra forma. Un supermercado Maxcoop que Geni regentaba con su hermano, hasta que optó por ceder el local y dedicarse a vivir. Aunque eso no le impedía seguir acercándose por la zona en la que trabajó varias décadas. "Justo el viernes estuvo aquí hablando conmigo, y me contó que estaba muy ilusionada por su plan del fin de semana", recuerda Inocente, todavía con las emociones a flor de piel.

Entrada del café Roma, cerrado. / EPE
Porque el macabro destino quiso que Geni muriera cuando regresaba a casa después de eso, de disfrutar. Lo hizo junto a su hija, afincada en Tarifa y a la que había ido a visitar. Fue entonces cuando volvió como pasajera en el tren Iryo 6189, que salió de la estación María Zambrano de Málaga a las 18.40 horas con destino a Madrid. Y lo hizo en el asiento 13-B del vagón 8, el último del convoy, que descarriló a las 19:45 horas del 19 de enero tras colisionar con otro Alvia.
Durante los dos días siguientes, su paradero fue completamente desconocido. Su hija, Irene, explicó en la Cadena Ser que su madre no respondía a las llamadas telefónicas, ni estaba entre las personas evacuadas en los autobuses que llegaron a la estación madrileña de Atocha, ni figuraba en los registros de los hospitales. Hasta el shok definitivo.
"Me vio crecer"
"Estaba disfrutando un poco ahora, fue a ver a su hija y a la vuelta... La familia está destrozada, sobre todo la hija, la niña... Ella se ha dedicado mucho a cuidar de su familia, y la hija estará destrozada, porque estaba muy apegada y es una niña muy cariñosa, era muy de su familia", explica Eva, trabajadora del Bar Roma, al que se acercó para atender a los proveedores que, ajenos a la noticia, seguían acudiendo como cada miércoles a su puerta. "Nos lo confirmaron en la noche del martes, porque estoy en contacto con los compañeros. Nos lo esperábamos pero intentábamos tener la esperanza de que estuviera en la UCI, o algo. Pero no, resultó que era de las primeras en aparecer, lo que pasa es que estaba sin reconocer. Hasta que no le hicieron la prueba del ADN, pues no lo tuvimos seguro", explica.

Banderas a media hasta en el Ayuntamiento de Alpedrete por la tragedia ferroviaria de Adamuz. / EPE
A su lado, Aarón, su hijastro, asiente. "Era una mujer muy buena y agradable, yo trabajé con ella cuando empezaba de reponedor. He tratado con ella, me trató muy bien y me vio crecer", rememora. "Ha sido un golpe muy duro.", reconoce. La conozcan más o menos, todos los vecinos la describen como una mujer "muy trabajadora y familiar. Y sobre todo, buena persona.
"Trabajé con ella cerca de 16 años. Estábamos todos con mucha incertidumbre, pero ahora nos acaba de confirmar el hermano (junto al que dirigía el negocio). Estamos esperando a verlos cuando vuelvan, porque esto es muy mala suerte, es devastador", cuenta Fernando, carnicero del supermercado que explica que, tras la jubilación de su hermano, ella decidió no seguir sola con la dirección del local, y lo vendió. Pero sus trabajadores siguieron, al ser renovados por el nuevo Carrefour, y los seguía visitando de vez en cuando. "Todavía no nos lo creemos, vamos a tardar tiempo en asimilarlo", coincide Zulein, también compañero durante "15 años".
Un pueblo, a fin de cuentas, desgarrado. Su historia, la de María Eugenia, la de Geni, es una de las 43 vidas rotas que deja una de las mayores tragedias ferroviarias de la historia de España. Y su pueblo la honrará ahora con una jornada oficial de luto oficial, decretada para el viernes y un minuto de silencio para mostrar el apoyo a una familia y rotos tras la inesperada pérdida.
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