¿Qué se cuece en las entrañas del Teide? Todo la ciencia sabe sobre los temblores y los enjambres sísmicos de Tenerife
Tenerife ha registrado su segundo enjambre en menos de una semana y el octavo desde 2016. Los terremotos son muy pequeños y la actividad no parece indicar una erupción a corto ni medio plazo, pero ¿cuál es entonces la razón por la que se están produciendo tantos movimientos en la isla?

El Teide visto entre la calima. / MARIA PISACA

Las entrañas del Teide encaran su segunda semana de temblores. Primero fueron imperceptibles pulsos sísmicos, luego enjambres y durante este tiempo también algún terremoto pequeño suelto. En la noche del lunes, mientras los isleños tomaban las calles para disfrutar del carnaval, al volcán le volvieron a sonar las tripas. Y mientras los científicos descartan que esta actividad tenga que ver con el ascenso de magma hacia la superficie –y por ende, con una erupción a corto o medio plazo–, la pregunta es: ¿qué está pasando realmente en las entrañas del Teide?
La respuesta no es sencilla. Tenerife cuenta con un complejo sistema volcánico que, además, la hace única en el mundo. Consta de un sistema magmático basáltico, similar al de otras islas canarias; pero también por el sistema del estratovolcán (Teide-Pico Viejo) que es fonolítico. De esta manera, a la complejidad implícita de la vulcanología, sismología o geología para entender lo que ocurre en las entrañas de la Tierra –muchas teorías se basan en observación de variables indirectas–, se suma que tampoco existe un lugar igual que Tenerife en el mundo con el que comparar la actividad. Para rizar el rizo, la baja recurrencia de las erupciones en Canarias –es decir, las pocas veces que ocurren–, hacen que la comprensión del sistema volcánico tinerfeño se convierta a veces en una quimera.
Diez años de actividad
Sin embargo, en los últimos años los grupos de investigación canarios han tratado de buscar respuestas a la actividad que se viene registrando en el Teide desde 2016. Desde entonces se han detectado un total de ocho enjambres además de una actividad sostenida que lleva a la isla a registrar una media de mil terremotos al año. Los últimos dos enjambres se han detectado durante la última semana: uno el 12 de febrero y el último entre este lunes y martes, 16 y 17 de febrero. El resto de enjambres datan de octubre de 2016, junio de 2019, junio y julio de 2022, noviembre de 2024 y agosto de 2025.
La actividad sísmica asociada a estos enjambres siempre es muy similar. Está protagonizada por pequeños terremotos –«casi imperceptibles»– que se detectan a entre 7 y 8 kilómetros de profundidad bajo la isla. Estos enjambres suelen llevar asociados cientos de eventos sísmicos híbridos, algunos más potentes y otros tan débiles que se hacen difíciles incluso de identificar. La mayoría tiene una magnitud menor a 1 y ninguno ha sido, por el momento, sentido por la población. Todos, además, se encuentran en el mismo lugar: la zona oeste de Las Cañadas.
La hipótesis principal que se maneja –que defienden los investigadores de Involcan–, es que el magma acumulado bajo la isla –algo común a todas las islas volcánicamente activas– puede estar emitiendo ciertos gases a la superficie que se están acumulando en el sistema hidrotermal. En este sentido, el aumento de presión debido a los gases es lo que puede estar detrás tanto de los terremotos que se vienen registrando desde 2016, como de la deformación (que ya es de dos centímetros) y el aumento de emisión de dióxido de carbono, dos indicadores detectados desde 2023.
No hay intrusión magmática
Pero más allá de los motivos, los científicos están de acuerdo en que, además de tener un origen volcánico, los movimientos no tienen relación con una intrusión magmática hacia la superficie. Por esta razón, no contemplan que, en principio, estos indicadores tengan relación con la ocurrencia de una erupción a medio o corto plazo, es decir, en el plazo de días o meses. No obstante, los científicos siempre dejan la puerta abierta porque realmente es imposible saber a ciencia cierta si mañana pueden comenzar otras señales mucho más claras de que vaya a ocurrir erupción.
En caso de que eso sucediera, las señales serán notables. Habrá más temblores de magnitud mayor a 2 y 3, que serán sentidos por la población; la deformación se acumulará mucho más y en menos tiempo –en Tenerife llevamos dos centímetros acumulados en tres años, frente a los 30 centímetros que se registraron en La Palma la semana previa a la erupción del Tajogaite– y la emisión de gases volcánicos será, asimismo, mucho más evidente.
Por tanto, una erupción en la isla de Tenerife no llegará de sorpresa. La historia muestra que el Teide se remueve mucho antes de que la lava emerja hacia la superficie. Por otro lado, los científicos insisten en que hay una probabilidad mucho más alta de que aparezca un nuevo volcán en la isla –tal y como ocurrió con el Tajogaite en La Palma–, que de que el Teide sufra una nueva erupción.
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