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La ley te respalda: qué hacer si el perro de tu vecino no para de ladrar

Las comunidades pueden actuar ante situaciones molestas que alteran el descanso de los vecinos

La ley de propiedad horizontal lo confirma: esto es lo que puedes hacer en Aragón si el perro de tu vecino no deja de ladrar.

La ley de propiedad horizontal lo confirma: esto es lo que puedes hacer en Aragón si el perro de tu vecino no deja de ladrar. / Unsplash

El ruido es una de las causas de conflicto más habituales en las comunidades de propietarios. Escuchar música a todo volumen, poner la lavadora a altas horas de la noche o los ladridos de un perro, son situaciones que pueden generar molestias y empujar a los vecinos a tomar cartas en el asunto.

Ante estos problemas, que afectan a la tranquilidad y al descanso, la Ley de Propiedad Horizontal (LPH) es clara y ofrece distintas herramientas para actuar.

¿Qué dice la ley?

Uno de los puntos clave de esta normativa se recoge en el artículo 6, que establece que cada comunidad puede elaborar estatutos. Se trata de un conjunto de normas consensuadas que regulan la convivencia, la distribución de gastos y el uso de los inmuebles, siempre dentro de los límites que marca la ley. Estos deben aprobarse por unanimidad y, por lo general, suelen registrarse para tener validez legal.

Un bloque de viviendas de reciente construcción en Zaragoza.

La Ley de Propiedad Horizontal regula las normas de convivencia en las comunidad de propietarios. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Si los estatutos incluyen reglas sobre mascotas, ruidos o actividades molestas, la comunidad puede apoyarse en ellas para exigir el cese de conductas que perjudiquen al resto de vecinos.

Además, la propia Ley de Propiedad Horizontal en su artículo 7.2, contempla la posibilidad de actuar frente a actividades molestas, insalubres, nocivas, peligrosas o ilícitas, entre las que pueden encajar ruidos que excedan lo tolerable en un entorno residencial y alteren la convivencia.

El truco de la espuma de afeitar para dejar la lavadora como nueva.

La comunidad puede acordar en sus estatutos poner la lavadora a determinadas horas. / FRREPIK

Qué pasos hay que seguir

En primer lugar, ante una situación de este tipo como pueden ser los ladridos incesantes de un perro a cualquier hora, suele plantearse la vía amistosa. Es decir, hablar con el vecino responsable para comunicarle las molestias y tratar de que encuentre una solución.

Si el problema persiste y la junta de propietarios lo autoriza, el presidente de la comunidad puede requerir de forma formal el cese de la actividad molesta.

El siguiente paso, si el conflicto no se resuelve, es iniciar acciones legales. En ese caso, el juez valorará aspectos como la intensidad y la frecuencia del ruido, la existencia de denuncias previas, mediciones acústicas y posibles incumplimientos de la normativa aplicable, tanto la interna de la comunidad como la ordenanza municipal sobre ruidos, que puede establecer límites y horarios y, en su caso, la normativa de protección animal.

En definitiva, si sufres las molestias de un vecino ruidoso, la ley ampara a los propietarios y ofrece herramientas para afrontarlo.

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