Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Multa de 200 euros por parar frente a un semáforo en rojo y arrancar cuando se pone verde: la desconocida norma que está sorprendiendo a los conductores

Se trata de un detalle que los conductores ignoran y que suele afectar, sobre todo, en horas puntas

Semáforo en verde

Semáforo en verde / PEXELS

El desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento. La gran mayoría de los conductores no conocen todos los detalles de la Ley de Tráfico que regula la circulación de vehículos a motor y la seguridad vial.

Una de las escenas más habituales en cualquier ciudad con semáforos es la siguiente: circulas con tu coche, el tráfico va denso, el cruce se aproxima y, de pronto, la luz pasa a rojo. Frenas con normalidad, te detienes donde toca y esperas el verde. Hasta aquí, todo correcto. El problema llega días después, cuando en el buzón aparece una notificación inesperada: multa de 200 euros. Y lo peor es que juras que no hiciste ninguna locura: no te saltaste el semáforo, no aceleraste de más y tampoco realizaste una maniobra peligrosa. Entonces, ¿por qué te sanciona la DGT?

La respuesta suele estar en un detalle que muchos conductores pasan por alto: esas líneas amarillas entrecruzadas que aparecen en algunos cruces e intersecciones. Se conocen como cuadrícula de marcas amarillas o, más popularmente, “caja amarilla”, y tienen una regla clara: no se puede detener el vehículo dentro de esa zona, aunque el semáforo esté en verde o incluso aunque tengas prioridad. Su función no es “decorativa” ni opcional: sirve para evitar que se bloquee el cruce, una salida o una intersección. En otras palabras, la caja amarilla existe para impedir que un coche se quede inmovilizado justo donde estorba a todos.

Un coche circulando sobre una cuadrícula amarilla

Un coche circulando sobre una cuadrícula amarilla / DIARIO DE MALLORCA

La norma es sencilla, pero exige previsión: solo debes entrar en la caja amarilla si tienes la certeza de que podrás atravesarla por completo sin pararte. Si el tráfico está tan cargado que existe la posibilidad de quedarte a medias, lo correcto es esperar antes de la marca, aunque tengas el semáforo a favor. Muchos conductores hacen lo contrario: avanzan “por inercia”, se meten en la cuadrícula y, cuando el coche de delante no termina de liberar el espacio, se quedan atrapados. Resultado: el cruce queda bloqueado y la circulación transversal se frena en seco.

Multa de 200 euros

Aquí es donde entra la sanción. Detenerse o bloquear esa cuadrícula se considera una infracción grave relacionada con el incumplimiento de marcas viales, y puede traducirse en una multa de hasta 200 euros, tal y como recoge la normativa de la DGT dentro del marco de la Ley de Tráfico. No hace falta “saltarse” un semáforo para ser sancionado: basta con quedarse detenido en un punto prohibido que compromete el paso de otros vehículos. Y en cruces conflictivos o zonas muy vigiladas, esto puede detectarse con facilidad.

Pero no todo gira en torno a las cajas amarillas. En los atascos urbanos hay otra escena que desespera a cualquiera: el semáforo cambia a verde y, aun así, el primer coche tarda en reaccionar. A veces es un despiste, otras es el móvil, y en ocasiones es simple falta de atención. Ese pequeño retraso —que puede ir de medio segundo a segundo y medio— parece insignificante, pero en cruces saturados puede marcar la diferencia entre que pasen cuatro coches o que pasen ocho. Y cuando eso ocurre varias veces al día, el atasco se multiplica.

Un montón de semáforos colgados de un cable

Un montón de semáforos colgados de un cable / PIXABAY

Para combatir ese “tiempo muerto” y mejorar la fluidez, algunas ciudades han empezado a implantar un sistema de semáforos con una fase poco habitual en España: rojo y ámbar encendidos a la vez de forma fija durante un instante antes de que aparezca el verde. El objetivo es claro: avisar con antelación al conductor que ya está detenido, para que se prepare a iniciar la marcha sin el retraso típico del arranque. Este modelo, que ya se ha usado como solución en otros países, se ha probado en España en lugares como Granada, señalada como una de las ciudades pioneras en aplicar esta combinación luminosa para optimizar la circulación.

En la práctica, esta fase combinada funciona como un “preaviso” que reduce las reacciones tardías, mejora el ritmo del cruce y ayuda a que el tráfico avance con más regularidad. En una ciudad con vías tensionadas, cada segundo cuenta: menos parones, menos retenciones y menos efecto acordeón. Eso sí, conviene insistir en algo fundamental: esta novedad no cambia las reglas. La prioridad sigue siendo respetar siempre la señalización, no invadir pasos o cruces y, por supuesto, no entrar en una caja amarilla si no tienes salida.

Una persona con el móvil mientras conduce

Una persona con el móvil mientras conduce / PIXABAY

Así que si quieres evitar sorpresas en forma de multas y conducir con tranquilidad, quédate con dos ideas básicas respaldadas por la DGT y la Ley de Tráfico: respeta las marcas viales (especialmente la caja amarilla) y mantente atento a los cambios del semáforo, incluso cuando aparezcan fases nuevas como el rojo+ámbar. Porque en la carretera, muchas sanciones no llegan por “grandes imprudencias”, sino por esos pequeños errores cotidianos que acaban generando el caos en el cruce… y un buen golpe al bolsillo.

Tracking Pixel Contents