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Gibraltar

Viaje al corazón de Gibraltar en las últimas horas de la Verja: "Pienso que va a ser mejor, but you never know"

El Peñón vive sin épica la víspera del fin de los controles ordinarios mientras trabajadores, comerciantes y agentes españoles miran al 15 de julio con más preguntas que certezas

La última tarde de la frontera de Gibraltar.

La última tarde de la frontera de Gibraltar. / Juanjo Butrón

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"Yo pienso que sí: it's gonna be better now, but, tú sabes, you never know cause como la final sea Spain-England se va a liar, sin frontera, se va a liar, gane quien gane". Abigail González, la joven kioskera junto al edificio del Parlamento gibraltareño ya tiene su predicción hecha de cara a la final del Mundial horas antes de que España se las vea con la Francia de Mbappé.

A decir verdad, la chica parece más preocupada por vender la Gibraltar Lottery -"you can pay en pounds o en euros, as you want"- a los turistas que las consecuencias de la aplicación del acuerdo entre la Unión Europea y Reino Unido para dar por concluído, 10 años después del reférendum, el Brexit que tenía en la colonia británica su gran carpeta pendiente. La firma en Bruselas ha escenificado este martes este nuevo tiempo.

Gibraltar es un terreno abonado a lo inédito, a lo distinto, tan singular que al adentrarse a veces se tiene la sensación de estar en una escena del realismo mágico, sólo que aquí no hay Macondo sino cabinas rojas, souvenirs de monos y una población autóctona -hecha a retazos de británicos, españoles, genoveses, judíos, indios y marroquíes- que vive este 14 de julio, de un calor pegajoso como el chicle, "una jornada histórica", como repiten los gobiernos, desde una ilusión muy contenida, alta dosis de incertidumbre y un bastante de pasotismo.

En la cafetería Calpe, en el corazón mismo de Main Street, la calle Sierpes de ellos, la mesa vecina ocupada por tres amigas no refleja preocupación ninguna: hacen switch del español al inglés cada 10 segundos -la habilidad del llanito- para hablar de negocios y de las ganas de playa pero de frontera nada, de nada. Para uno de los camareros, un joven nacido en Salamanca de origen argentino y residente en La Línea, "lo de la frontera" le parece "curioso" pero poco más. "Yo creo que es que tampoco se le está dando mucho bombo aquí", razona.

Tampoco en el Museo Municipal, donde se viaja por la historia del Peñón desde los neardentales a la Segunda Guerra Mundial, ha acudido con esta cuestión ningún turista, de los diez millones que anualmente visitan Gibraltar. "Aquí nadie ha venido con eso", responde la recepcionista, llanita de nacimiento de padres de origen español, profesora de costura por las tardes.

"Si el abuelo levantara la cabeza": los llanitos, entre el dolor por el cerrojazo y el pragmatismo actual

Entre los gibraltareños todavía duele aquel cerrojazo de hace casi 60 años: "Mi padre me ha dicho lo que estaría diciendo el abuelo si levantara la cabeza", comenta Lianne sentada alrededor de un refresco en Casemates Square, donde se celebra a lo grande el Día Nacional de Gibraltar cada 10 de septiembre.

El sentimiento nacionalista de los más mayores choca estos días con el pragmatismo de las nuevas generaciones. "Tener la frontera ahí era un atraso para todo, sólo ha hecho separar dos pueblos que están hermanados", razona Darren Cerrisola, el presidente del Grupo Transfronterizo y portavoz del principal sindicato de Gibraltar. Cerrisola ha sido uno de los interlocutores a lo largo de estos años con el ministro Albares. Este martes por la noche participará en el acto que organiza el gobierno de Fabián Picardo y al mediodía de este miércoles tambián acudirá a la histórica visita de Pedro Sánchez a la zona de la frontera. Se le ve feliz y satisfecho, aunque en el breve paseo que damos por Gibraltar se haya encontrado algún detractor: "Mira lo que dice, que vaya tela lo que hemos hecho. ¿Y qué hubiera hecho usted, señora?".

Más de 11.000 trabajadores transfronterizos españoles

Al otro lado de la Verja, se piensa igual: la frontera hoy día no tiene sentido. Más de 11 mil campogibraltareños de los 15.500 trabajadores transfronterizos, la mayoría de La Línea, cruzan a diario esta frontera para levantar a pulso el día a día de la colonia británica, como vienen haciendo desde hace décadas: camareros, soldadores, conductores, sanitarios... Por eso cuentan las horas que le quedan a la Verja, la frontera terrestre a la que Franco le echó el cerrojazo en 1969 y que desde su apertura en 1982 ha condicionado su día a día.

Las interminables colas que han sufrido a lo largo de los últimos años se han dejado notar esta mañana más de la cuenta: casi dos horas de colapso al tráfico para entrar en el Peñón. Y eso parece poco para los récords que se han sufrido. "Illo, yo me tiré un día siete horas en una cola después de hartito de currar. Me quise colar con la moto y me dijo el guardia: ¿qué te vas a colar? Pues para atrás otra vez. Ioputa el guardia...", cuenta un chaval delgado, delgadísimo, que dice que lleva 18 años "currando ahí dentro". En una cafetería marroquí de las que están en la zona justo de entrada a la frontera, está sentado de espaldas al Peñón. Toda una declaración de intenciones.

La Guardia Civil denuncia falta de información e instalaciones sin terminar

A lo largo de la jornada, cualquiera que se pare a preguntar recibe un buen puñado de ejemplos de lo que ha significado la Verja a lo largo de estos años. Esa imagen será cosa del pasado, se supone. Porque en realidad, poco se sabe de la aplicación práctica de este tratado y de la eliminación de los controles, ni siquiera por parte de los agentes de seguridad en la parte española. "Pues si sabes algo, dímelo, porque aquí no tenemos ni idea, lo único que sabemos es que mañana se supone que nos mandan para el aeropuerto, pero vamos, que allí la obra no está hecha", relata un guardia civil en el puesto de control que prefiere mantener el anonimato. La Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) ha denunciado que un centenar de agentes estrenará destino en el aeropuerto sin información oficial sobre su futuro y con unas instalaciones que no están terminadas.

Quedan muchos flecos pendientes. Es innegable.

"Que te hable ésta mejor, que ella se explica muy bien". En el mercado central de Gibraltar, donde los puestos de pescado exhiben en el mejor género de la Bahía de Algeciras y el caladero de Marruecos, la mañana transcurre como otra cualquiera salvo porque hay cámaras y periodistas que se han acercado a preguntar en qué creen que le cambiará el fin de los controles en la frontera. "Se ha hecho el trabajo de la política, por arriba, para la foto, pero queda mucho por hacer: aquí esta mañana ya me han dicho en la Aduana que para el miércoles voy a tener problemas para meter el género por eso hoy he metido doble, pero ¿y pasado?", se pregunta Loly Rodríguez, pescadera del veterano puesto de Paco Elías.

Se ha hecho el trabajo de la política, por arriba, para la foto, pero queda mucho por hacer: aquí esta mañana ya me han dicho en la Aduana que para el miércoles voy a tener problemas para meter el género por eso hoy he metido doble, pero ¿y pasado?"

Loly Rodríguez

— Pescadera en el Mercado de Gibraltar

A Loly no le preocupa la foto de Bruselas, sino las cajas de pescado del miércoles. La política, dice, ya ha hecho su parte en los despachos, pero la frontera empieza de verdad cuando alguien tiene que pasar género, justificar papeles, saber por dónde entra una furgoneta o si el nuevo sistema que promete fluidez no se convierte, al menos durante los primeros días, en otro atasco con distinto nombre. También Juan Franco, el alcalde de La Línea, piensa que en el Gobierno nadie está pensando en qué pasará mañana.

Abigail, desde su kiosco, lo ha explicado al principio con menos solemnidad y más puntería que cualquier comunicado. "It’s gonna be better now pero You never knows". Quizá esa sea la frase exacta para el último día de la Verja: todo apunta a que será mejor, pero en Gibraltar, como en cualquier frontera vieja, nadie se fía del todo hasta que amanece el día siguiente.

Fuente: El Correo de Andalucía

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