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Gibraltar

Trabajadores y llanitos ante el fin de la Verja de Gibraltar: "Los flecos más importantes empiezan ahora"

Pensionistas, comerciantes, sanitarios y sindicalistas valoran la nueva etapa abierta entre La Línea y el Peñón con esperanza, cautela y dudas sobre la aplicación práctica del acuerdo

De izda. a dcha.: Abdul El Hana, Antonio Quero, Darren Cerrisola, Chelo Alonso, Mónica Armida y Manuel Márquez.

De izda. a dcha.: Abdul El Hana, Antonio Quero, Darren Cerrisola, Chelo Alonso, Mónica Armida y Manuel Márquez. / Juanjo Butrón

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Gibraltar

Más de 15.000 trabajadores cruzan cada día la Verja para trabajar en Gibraltar. Un 70% son españoles y, en conjunto, representan "la mitad de la fuerza laboral" del Peñón, según recordó Pedro Sánchez a los pies de la Roca. Con el acuerdo ya en vigor, después de las fotos históricas y los discursos solemnes, empieza ahora la parte más delicada: comprobar cómo aterriza el tratado en la vida diaria de quienes cruzan, trabajan, venden, compran, transportan mercancía fresca o llevan décadas esperando una pensión digna.

Con el acuerdo ya en vigor, después de las fotos para la historia y los dicursos solemnes ya escritos, lo que queda es la aplicación real del Tratado y su impacto directo en las personas. "La gran prioridad del Gobierno de España son las personas, capítulo que resume el espíritu de este acuerdo: salvaguardar los derechos de los trabajadores transfronterizos que cada día cruzaban esta Verja. Sus prestaciones por desempleo quedarán garantizadas. Sus pensiones estarán protegidas y podrán complementarse hasta los mínimos españoles. Ya no habrá retrasos en el cobro de prestaciones por descoordinación administrativa", prometió el presidente del Ejecutivo español.

Manolo Márquez, pensionista en La Línea tras 40 años como soldador en Gibraltar

El aspecto de las pensiones es uno de los que más inquieta precisamente. Manolo Márquez, nacido en La Línea de la Concepción en 1958, es uno de los ejemplos más paradigmáticos cuando se habla de pensionistas en precario tras años de trabajo en el Peñón. El principal problema con las pensiones es que el fin de la Verja no despeja del todo qué pensión real cobrarán los miles de españoles que han trabajado toda su vida en Gibraltar. El acuerdo promete igualdad de trato, reconocimiento de los periodos cotizados en el Peñón antes y después del Brexit, recálculo y revalorización automática de prestaciones, y el Gobierno ha planteado que quienes se jubilen en Gibraltar y hayan cotizado al menos un año en España en los últimos diez puedan acceder a la pensión contributiva mínima española. Pero ahí está precisamente la duda: cómo se aplicará, quién lo gestionará, qué requisitos exactos habrá y si bastará para corregir pensiones gibraltareñas que, en muchos casos, resultan muy bajas para trabajadores españoles tras décadas cruzando la frontera.

La historia de Manolo, además, es un dibujo perfecto de cómo los errores de la política se cebó con los que menos tenían. El cierre de la frontera le pilló con 11 años y con 18 entró a trabajar al Peñón después de que, por barco y a través de Tánger, acudiera a Gibraltar a ayudar a su hermana que se había quedado viuda. Entró como soldador en la base militar de Gibraltar y allí labró su futuro.

Antonio Quero, carnicero en el Mercado Central de Gibraltar

Cuando se piensa en los negocios de Gibraltar, el imaginario colectivo nos lleva a pensar en tiendas de souvenirs con tazas y bolsas con macacos estampados, perfumerías, estancos y empresas de servicios financieros. Pero en el Peñón, a diario, también se levanta la persiana de centenares de negocios que hacen comunidad y vida de barrio. Uno de ellos es la carnicería El Ouhabi, en el mercado central que se sitúa justo a la entrada de Casemates Square.

"El cliente gibraltareño compra siempre lo mejor", apunta el linense Antonio Quero, que desde 2007 trabaja como carnicero en este puesto. En sus mostradores carne kosher, halal y el mejor producto ibérico para atender gustos y paladares y el crisol de religiones que es Gibraltar. "Creo que el nuevo escenario que trae el acuerdo nos va aportar mejoras a todos, vendrán más clientes de fuera aquí y más de Gibraltar. Espero que sea lo mejor para todos".

Mónica Armida, pescadera en el Mercado Central de Gibraltar

El puesto de Paco Elías es uno de los más hermosos que hay en el Mercado de Gibraltar. El mejor género de la Bahía de Algeciras y del caladero de Marruecos se encuentran en sus mostradores. Clientes de todo el Peñón acuden a diario, familias, negocios y establecimientos del Peñón. Mónica Armida, vecina de La Línea de 41 años, es una de sus trabajadoras y también una de las voces menos entusiastas con este tratado que tantas páginas y horas de televisión acumula. "A mí me tienen que explicar qué beneficios tiene. Porque en el día a día, yo todavía no lo veo mucho futuro a que abran la Verja. Ya nos están poniendo problemas para meter la mercancia y eso es algo que tenían que haber previsto ya", reflexiona.

Sin duda, ese es uno de los retos: aclarar todas las dudas que en el día a día puede traer un acuerdo que, sobre el papel, reconoce el libre tránsito para personas y mercancias pero que en la práctica nace con mucha falta de información para quienes, por ejemplo, trabajan con género fresco a diario. Mónica apunta que el acuerdo tiene un periodo de prueba de tres años: "Así que veremos a ver..."

Darren Cerisola, portavoz del sindicato GGCA

Tras más de 20 años vinculado al ámbito sanitario, Darren Cerisola es el presidente del sindicato GGCA y del Grupo Transfronterizo en Gibraltar. Este gibraltareño de 47 años y de ascendencia gibraltareña, española, inglesa e italiana, aboga por que ambos territorios construyan de la mano esta nueva etapa. Resume sus expectativas ante el acuerdo con una idea sencilla: que sea "históricamente bueno para ambas partes". Aspira a que la prosperidad compartida de la que hablan los gobiernos no se quede en una fórmula política, sino que alcance de verdad a los trabajadores, al comercio y a los negocios a uno y otro lado de la frontera.

"Se habla mucho de flecos, pero creo que los más importantes empiezan ahora, porque son los que afectan al día a día", advierte. Para él, la labor más difícil no ha terminado con la firma del tratado ni con la retirada de los controles ordinarios en la Verja: empieza precisamente ahora, en la aplicación práctica del acuerdo. "Y eso no será posible si no se hace conjuntamente", sostiene.

Chelo Alonso, auxiliar sanitaria en una residencia de mayores

Chelo Alonso lleva casi 30 años trabajando en Gibraltar en tareas vinculadas a la enfermería y antes también como limpiadora. Para esta linense, el fin de la Verja y la llegada de un acuerdo estable es una noticia "bastante favorable" para La Línea de la Concepción y para el conjunto del Campo de Gibraltar. "Somos dos pueblos hermanados", resume. Gibraltar, explica, ha sido durante décadas una salida laboral imprescindible para una ciudad golpeada por una de las tasas de paro más altas de España y por un fracaso escolar también muy elevado. Por eso cree que la nueva etapa puede abrir oportunidades no solo en el empleo, sino también en la formación, la escolarización y el acceso a la universidad gibraltareña.

Su experiencia personal, dice, ha sido positiva. "Yo no he tenido ningún problema", afirma después de 29 años cruzando a diario al Peñón. Sí reconoce, sin embargo, que en ocasiones ha escuchado comentarios desfavorables hacia los trabajadores de La Línea, acusados de ir a Gibraltar a quitar empleo. Ella lo rechaza con claridad: "No venimos a robar trabajo, venimos a trabajar, con nuestro esfuerzo". Para Chelo, el nuevo tiempo debería servir también para desmontar ese prejuicio: los transfronterizos no son una amenaza, sino parte esencial de la vida económica y social del Peñón.

Abdul El Hana, encargado de una tienda de ropa deportiva

Abdul El Hanni es británico, llegó de niño desde Marruecos y lleva 40 años viviendo en Gibraltar, donde también trabajó su padre. Sus hijos han nacido en el Peñón y estudian ahora en Inglaterra. Hablan francés, español e inglés, aunque en casa y en la vida pública, recuerda, la lengua principal sigue siendo el inglés. Abdul se define desde esa mezcla natural de identidades que también explica Gibraltar: raíces marroquíes, nacionalidad británica, vida llanita y una relación cotidiana con el Campo.

Ante el fin de los controles ordinarios en la Verja, prefiere hablar de esperanza. "Hay esperanza en los dos lados, en Gibraltar y en el Campo de Gibraltar", resume. Cree que el acuerdo facilitará la vida de los 15.000 trabajadores que cruzan cada día desde España y que hasta ahora tenían que enseñar el DNI o el pasaporte y soportar colas. Pero también piensa en los gibraltareños que cruzan hacia La Línea o el resto de España para comprar, hacer gestiones, viajar o irse de vacaciones. "Nadie sabe exactamente lo que viene, pero tenemos esperanza", dice. Para Abdul, si la nueva frontera funciona, puede traer más turismo, más movimiento y una relación más fácil entre vecinos que, en realidad, llevan toda la vida dependiendo unos de otros.

Fuente: El Correo de Andalucía

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