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El 'niño lobo'

Muere en Ourense Marcos Rodríguez Pantoja, el hombre que vivió más de una década aislado con lobos en Sierra Morena

El hombre, conocido como "niño lobo", vivió más de una década aislado en la sierra de Córdoba junto a una manada de lobos

Marcos Rodríguez Pantoja, a la entrada de su vivienda en Rante, en 2018.

Marcos Rodríguez Pantoja, a la entrada de su vivienda en Rante, en 2018. / Ricardo Grobas

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David Alján

Ourense

La aldea de San Cibrao das Viñas, en Ourense, y parte de la fauna de Sierra Morena están estos días de luto: ha fallecido a los 80 años Marcos Rodríguez Pantoja, el hombre que protagonizó uno de los pocos casos documentados de menores salvajes en el Estado español y que, bajo el apodo de "niño lobo", saltó a la fama cuando su historia fue contada en estudios científicos, libros, documentales y hasta una película.

Nacido en Córdoba en 1946, creció en el seno de una familia marcada por la pobreza extrema provocada por la posguerra. Su madre falleció al dar a luz a su octavo hijo y, con tan solo seis años, su padre —que vivía en una choza de carboneros junto a su segunda mujer— lo entregó a un cabrero de Sierra Morena para cuidar el rebaño en un perdido valle de la sierra. Al poco tiempo, el cabrero también murió, y Marcos quedó solo y completamente aislado: "Como allí no había nadie, y yo no sabía cómo hacer para enterrar su cuerpo, se comieron su cadáver los buitres", contaba en 2018 en una entrevista a FARO.

Fue entonces cuando decidió, antes de que le sucediese lo mismo, escapar al monte para poder refugiarse. A los pocos días dio con un grupo de lobeznos y, tras comprobar que no era atacado, decidió unirse a ellos. La madre de la camada, que llegó posteriormente, lo incluyó en el reparto de la comida y, según relató Pantoja en esa entrevista, lo aceptó como parte de la familia: "Me lamió, se restregó contra mi cuerpo para darme calor y cariño, y yo la abracé y me acurruqué con ella: me di cuenta de que era su manera de decirme que me aceptaban en la familia. Hoy en día, esa es la única mamá que reconozco haber tenido y, aquellos años, los más bonitos de mi vida, totalmente".

Más de una década aislado con los lobos

Su estancia en el monte duró más de una década, en la que no tuvo contacto con humanos y estuvo únicamente acompañado por animales, principalmente por aquella manada. En 1965, cuando él ya tenía 17 años, un guardabosques llamó a la Guardia Civil tras divisarlo y describirlo como "un ser extraño", que ni siquiera supo decir si era humano, ya que andaba a cuatro patas, vestía con andrajos y tenía el pelo larguísimo, según relató en su momento a FARO Gabriel Janer, el antropólogo que dedicó su tesis a investigar su caso de vida.

Las fuerzas del Estado lo "engancharon", como el mismo Pantoja relataba, y, tras varios forcejeos y colocarle una mordaza, comenzó su lenta y dolorosa adaptación a la sociedad. Tras ser acogido por una familia en Córdoba, pasar varios meses en un convento de monjas de Madrid y ser internado en el Hospital de Convalecientes de la Fundación Vallejo, también en la capital, tuvo que cumplir el servicio militar obligatorio, del que fue expulsado poco después de los dos meses: "¿Te imaginas a un niño lobo con un cetme? Pues ese era yo. Por suerte para mí, me hizo llamar un coronel a su despacho y, en vista de lo visto, me dijo: “Márchese, váyase, que un tipo como usted no pinta nada en un sitio como este”", relató a FARO sobre esa etapa de su vida.

Rante, el refugio gallego del niño lobo

Tras varios años trabajando como pastor o en la industria de la hostelería, llegó a Galicia de la mano del policía ourensano Manuel Barandela Losada, conocido popularmente como * Pepe O Cañón *, quien le propuso establecerse en una vivienda de su propiedad situada en Rante, en San Cibrao das Viñas. Allí, después de pasar décadas de engaños y abusos en el resto de España por no ser capaz de adaptarse a la sociedad, comenzó a dar charlas sobre su historia de vida en diversos institutos de la mano de la asociación * Amigos das Árbores da Limia *, y pudo vivir el resto de sus años en un entorno que le proporcionó ayuda, comprensión y cariño: "Si te soy sincero, empecé a pensar que no todas las personas eran malas, que también las había buenas, aquí en esta aldea", relató a FARO en 2018.

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Fuente: Faro de Vigo

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