Seis años y medio después de que el joven Ariel Carrasco fuera asesinado en su vivienda de la calle Navas de Tolosa, en el zaragozano barrio de Delicias, en un vuelco de drogas, el hombre que supuestamente apretó el gatillo va a ser juzgado. Será el próximo lunes cuando está previsto que comience un juicio con jurado en la Audiencia Provincial de Zaragoza contra Wilson de la Cruz Méndez, quien afronta una potencial condena de 30 años de prisión.

La Fiscalía solicita esta elevada pena considerando que es autor de un delito de asesinato, otro contra la salud pública, uno de robo con violencia y el de tenencia ilícita de armas. Este joven dominicano fue arrestado en 2019 después de que la Interpol le identificara y detuviera en Washington (EEUU), como adelantó en su día EL PERIÓDICO.

El ministerio público no tiene ninguna duda, a partir de la investigación realizada por el Grupo de Homicidios de la Jefatura Superior de Policía de Aragón, de que Wilson de la Cruz Méndez fue el asesino de su compatriota aquel 5 de enero de 2015 mientras la ciudad estaba pendiente de la Cabalgata de Reyes. Relata la acusación pública que este joven, junto a otros dos, uno de ellos todavía no identificado, se dieron cita con la víctima en su piso del número 25-27 de una calle que cuatro años antes había sido escenario de otro crimen, el del cibercafé, en el que apareció su dueño sepultado en un bloque de hormigón.

Se dieron cita para la supuesta compra de 31.500 euros de cocaína que les iba a vender el fallecido, quien ese mismo día había vuelto de Barcelona con la sustancia estupefaciente.

Dos personas, entre ellas el acusado, subieron al piso, mientras que una tercera, Wilson Radhames Peña, se quedó en el interior de un coche con el motor encendido para huir rápidamente. Tanto el procesado como su acompañante llevaban un arma corta de calibre 7,5 milímetros Browning y una pistola detonadora de 9 milímetros Knall, con una «clara intención intimidatoria para conseguir doblegar por la fuerza la voluntad de los moradores del domicilio y, en concreto, de Ariel Carrasco Viola, quien estaba acompañado de su hermano pequeño Melvin. En un momento dado se entabló una pelea entre los cuatro jóvenes puesto que estos «pretendían llevarse la droga sin pagar». En el transcurso de la misma hubo un forcejeo entre todos, disparando supuestamente Wilson de la Cruz Méndez «a muy corta distancia» a Ariel, quien murió en el acto.

Cañón tocante

El informe realizado por los forenses del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA) concluyó que los disparos realizados fueron lo que se conoce como a cañón tocante, es decir, que la pistola estaba rozando la piel de la víctima cuando vomitó las balas. No hubo posibilidad de defensa alguna. La causa fundamental de la muerte fue un shock hemorrágico por las heridas por arma de fuego que afectaron a órganos vitales. El cadáver presentaba 7 orificios de bala, cuatro de entrada y tres de salida, en la región torácica y abdominal, de frente. También hubo otro en la axila que fue por la espalda.

Seguidamente y ante el cariz que habían tomado los hechos el sospechoso huyó de la escena del crimen sin la droga. La Policía Nacional la halló detrás de la puerta de acceso, en el suelo, y encima de una braguita de niña; una bolsa transparente que contenía 547,82 gramos de cocaína con una riqueza del 52,15%, distribuida en varios paquetes y 25 cápsulas cilíndricas. La sustancia intervenida tenía entonces un valor en el mercado de 31.528,61 euros.