Investigación

El crimen de Samuel, mucho por resolver

La Fiscalía y las acusaciones, tanto popular como particulares, solicitan que los sospechosos sean investigados por asesinato y no por homicidio

Los amigos de Samuel, durante la concentración celebrada en A Coruña en repulsa por el asesinato del joven.

Los amigos de Samuel, durante la concentración celebrada en A Coruña en repulsa por el asesinato del joven. / Carlos Pardellas

Gemma Malvido

La investigación para esclarecer el crimen de Samuel Luiz la madrugada del 3 de julio sigue avanzando. El pasado lunes se levantó el secreto de sumario para que los representantes de los seis detenidos puedan trabajar en sus defensas y las acusaciones —particulares y popular— y la Fiscalía puedan conocer también las pruebas con las que cuentan para dilucidar cuál fue el papel de cada uno de los sospechosos en la paliza mortal a Samuel y en los golpes que recibió Ibrahima, el hombre senegalés que intentó proteger a la víctima, desde que decidió intervenir hasta el final de la agresión.

La Fiscalía y las acusaciones van de la mano en este caso y han solicitado que los seis detenidos —cuatro adultos y dos menores, de entre 16 y 25 años— sean investigados por asesinato y no por homicidio.

¿Quiénes están personados en la causa?

La acusación popular la ejerce la Asociación pola Liberdade Afectiva e Sexual (ALAS Coruña), y las particulares, por la familia del fallecido y por Ibrahima, que sufrió lesiones al auxiliar a Samuel. La Fiscalía ha pedido que estos golpes sean enjuiciados en un procedimiento independiente del crimen de Samuel.

¿En qué punto está ahora el procedimiento?

Tiene dos vías complementarias. Por una parte, los investigadores de la Policía Nacional siguen trabajando y no han cerrado el caso, a pesar de que se haya levantado el secreto de sumario y no descartan que se produzcan más detenciones. Por ahora, hay seis arrestados: Tres varones mayores de edad, que están en prisión provisional desde el 9 de julio. Una joven, también mayor de edad, pareja de uno de los detenidos, que está en libertad, aunque con obligación de comparecer en el Juzgado. Y dos menores, uno de ellos con antecedentes penales. Ambos están en un centro de internamiento desde el 9 de julio y uno de ellos está a punto de cumplir los 18 años. En el sumario aparecen señalados e identificados dos varones más, aunque no han sido arrestados. La magistrada, del Juzgado de Instrucción número 8, emitió un auto en el que transforma el procedimiento para que se siga por la Ley Orgánica del Tribunal del Jurado, eso implica que, llegado el caso, a los acusados los enjuiciará un tribunal popular. Fue en esta vista de transformación del procedimiento, celebrada el pasado jueves, cuando la Fiscalía solicitó la separación de la causa de Ibrahima.

¿Por qué delitos se investiga a los detenidos?

Los seis detenidos están investigados por un delito de homicidio o asesinato, que se concretará a lo largo de la instrucción. Al cuarto detenido —varón y mayor de edad— se le imputa también un delito de apropiación indebida, por haberse llevado el móvil de la víctima. La Fiscalía y las acusaciones —popular y particulares— piden que se califiquen los hechos como asesinato y robo con violencia y no apropiación indebida la sustracción del teléfono. El hecho de haberse llevado el móvil de la víctima fue reconocido por el abogado de este joven, José Ramón Sierra. Este detenido es el único que no se cubre la cara cuando es llamado a sede judicial y sabe que los medios de comunicación intentarán captar su imagen desde que sale del bus de la Guardia Civil que los trae desde Teixeiro, hasta que entra en los Juzgados, por la parte de abajo del edificio, tampoco al hacer el camino inverso. En uno de estos recorridos, preguntado por una periodista, dijo que se declaraba “inocente”.

¿Hay delito de odio?

Por ahora, la Fiscalía todavía no lo ha pedido, porque considera que el procedimientos está en una fase muy inicial, aunque no descarta incluirlo más adelante, toda vez que las amigas de Samuel que estaban con él esa noche —una, presencialmente, otra, a través de videollamada— declararon que el primer detenido, el que iba con su novia, increpó a Samuel llamándole “maricón”. Consta también en el sumario que este detenido se refirió a la víctima como “un maricón” una vez que había finalizado la agresión y el grupo había dejado malherido a Samuel. La asociación ALAS Coruña defiende que es un crimen homófobo y que, según recordó la presidenta de la entidad, Ana G. Fernández, “nadie en este mundo debería morir apaleado al grito de maricón de mierda”. También consta en el sumario que este detenido tuvo un enfrentamiento posterior a la paliza con dos chicas lesbianas a las que profirió insultos homófobos.

¿Por qué siguen privados de libertad cinco de los seis detenidos desde el 9 de julio?

Los seis detenidos pasaron a disposición judicial el mismo día y declararon ante la jueza de Instrucción número 1, que estaba de guardia esa semana. Para los varones mayores de edad, la magistrada decretó prisión provisional comunicada y sin fianza al entender que existía riesgo de fuga y de destrucción de pruebas. Para la chica, estableció libertad, aunque con obligación de comparecer en el Juzgado. Para los menores, internamiento en un centro. Esta decisión fue revisada a la semana siguiente por su compañera del Juzgado de Instrucción número 8, que es la instructora del caso. En esta ocasión, ratificó las medidas. Una vez levantado el secreto de sumario, las defensas del cuarto detenido y de los menores solicitaron la puesta en libertad de sus patrocinados a la Audiencia Provincial. Los magistrados denegaron las tres solicitudes —las defensas de los dos primeros no recurrieron la privación de libertad de sus clientes—. En el caso del adulto, argumentaron que existen “indicios racionales de la comisión por parte del recurrente de un delito de homicidio”, así como “de su participación en la brutal y prolongada agresión física perpetrada sobre la víctima, a la que varias personas propinaron continuos golpes y patadas hasta causar su muerte por traumatismo craneoencefálico” y estiman también que existe un “riesgo evidente” de que el joven “pudiera tratar de obstruir la investigación y de alterar o influir sobre las fuentes de prueba, especialmente, en lo que se refiere a los testigos”, ya que todavía se están tomando declaraciones y practicando pruebas para completar la investigación.

La Audiencia deniega la petición de los menores porque considera que hay “fundados indicios” de su participación en la agresión mortal, toda vez que ambos fueron identificados por testigos “como unas de las personas que se encontraban agrediendo a la víctima inmediatamente antes de que se desplomara”. En este punto, los magistrados señalan que uno de los menores se encontraba en periodo de libertad vigilada por haber infringido antes la ley cuando se desarrollaron los hechos, “evidenciándose así una clara progresión delictiva que exige una respuesta sancionadora educativa inmediata”, destacan. Así que, ratifican la privación de libertad de los menores para “evitar la reiteración delictiva, el riesgo de fuga y la posibilidad de ambos recurrentes de obstruir la acción de la justicia”.

¿Qué pruebas tienen los investigadores contra cada uno de los detenidos?

La Policía Nacional, según reveló el comisario jefe de la Brigada Provincial de Policía Judicial de A Coruña, Pedro Ramón Agudo, cuenta con pruebas de ADN que sitúan a los dos primeros detenidos en la paliza mortal. Una de las pruebas es la que revela “células epiteliales de la cara de Samuel que incriminan al detenido número uno por los puñetazos que le pega en la cara”, y el segundo es de la botella sustraída por el segundo detenido del pub El Andén, y que aparece rota al lado del fallecido. “Entendemos que se produce la agresión con esta botella porque así lo manifiestan las testificales y podemos, con esa huella de ADN, incriminar al detenido número dos sobre su estancia y su participación allí”, explicó Agudo. Los agentes tienen también más de cuarenta testificales —personas que acudieron a declarar, ya sea como investigados o como testigos de los hechos— que les han ayudado también a situar a cada uno de los implicados en la pelea mortal y, por supuesto, también con las cámaras, no solo las de seguridad y tráfico de toda la ciudad, que les ayudaron a seguir el recorrido de cada uno de los participantes en los hechos y que revelaron que los miembros del grupo se habían reunido en dos ocasiones esa misma madrugada en lugares alejados de Riazor, sino también de los móviles de los implicados y de las personas que estaban en la zona y que pudieron aportar imágenes de esa noche.

¿Cómo puede avanzar la investigación?

Los investigadores prevén que, a principios de septiembre, puedan recibir los análisis de ADN del pantalón de Samuel, en el que saben que hay cuatro perfiles genéticos diferentes de los de los dos primeros detenidos y también de un objeto metálico que se incautaron en el registro de la vivienda del menor que tiene antecedentes y que concuerda con una herida en la cabeza que tiene Samuel y que se produjo en un ataque desde atrás. Los agentes prevén también encontrar información relevante en los móviles de los detenidos, ya que tienen autorización para hacer un volcado completo de los dispositivos. Y eso implica no solo las fotos y los vídeos —en algunos móviles hay más de 3.000 documentos— sino también de las publicaciones en redes sociales y de los mensajes que borraron esa noche y que confían en recuperar. Es en esta información borrada en la que los investigadores creen que pueden encontrar pruebas de que los implicados en la agresión mortal pudieron acordar eliminar rastros que los implicasen en la pelea.

¿Qué fue del móvil de Samuel?

Agudo aseguró a este diario que el dispositivo es “irrecuperable”. El cuarto detenido se lo llevó de la zona del crimen. Según tienen acreditado los investigadores, porque él mismo así lo contó, recogió el dispositivo del suelo pero no sabía de quién era. Fue después cuando se dio cuenta de que el móvil que tenía era de la víctima y, sabiendo que podría ser una prueba que lo incriminase, lo tiró dos días después a un contenedor, aunque no lo contó a los agentes hasta pasadas varias jornadas, por lo que los agentes consideran que es imposible de localizar. Agudo reveló, además, que el joven había intentado vender el móvil de Samuel a otro de los miembros del grupo pero, al no conseguir comprador, se deshizo de él. El móvil de Samuel, según fuentes cercanas a la investigación, no se volvió a encender tras la agresión, por lo que le perdieron la pista en Riazor.

¿Cómo fue la agresión?

Agudo explicó, tras el levantamiento del secreto del sumario, que el ataque se produjo en tres fases. La primera es la ya narrada por su amiga Lina. Samuel y ella estaban haciendo una videollamada con otra amiga en el andén de Riazor, minutos antes de las tres de la madrugada y, el primer detenido, que iba acompañado por su novia, le dijo a Samuel: “Para de grabar, si no quieres que te mate, maricón”. Él —y aquí concuerdan las declaraciones de los detenidos y de las víctimas— pensó que estaba grabándole a él y a su pareja. En ese momento, según Lina, Samuel le respondió: “maricón, ¿de qué?” y ya empezaron los golpes. En el sumario consta que el primero en agredir a Samuel fue el amigo de la pareja que estaba en El Andén, y que atacó al joven haciéndole un mataleón, que es una llave que consiste en coger a la víctima del cuello desde atrás hasta tirarla al suelo. Ahí, empezaron ya los dos a dar puñetazos a Samuel. En este punto, aparece Ibrahima —acompañado de su amigo Magatte—, que ya no se separa del joven hasta el final. El hombre llega a cubrir con su cuerpo al chico para que no le sigan atacando. Consigue zafarse de los agresores y ayuda a Samuel, ya malherido, a cruzar la calle, hasta el número 2 de la avenida de Buenos Aires, durante el traslado, también reciben golpes y, en la acera, entre seis y ocho personas, los agreden a los dos, aunque había muchas más personas en el grupo que, según relató Agudo, si bien no pegaron a nadie, tampoco intentaron que la agresión parase. Fueron seis minutos y un recorrido de unos 150 metros. En la agresión, según tiene constatado la Policía Nacional, hubo puñetazos, patadas, al menos un golpe con un objeto metálico en la cabeza y otra con una botella. La autopsia certifica que la muerte fue por traumatismo craneoencefálico derivado de múltiples golpes.

¿Qué pasó después?

Primero, llegó un coche de la Policía Local, que fue la que intervino primero. Ibrahima y su amigo Magatte se fueron del lugar, debido a su situación irregular en España. Tenían miedo de declarar y también de acudir a un centro sanitario, aunque, finalmente, prestaron testimonio. Actualmente, ambos cuentan con permiso de residencia y de trabajo, que el Gobierno les ha concedido por su acción humanitaria. Agudo, incluso, considera que, si Ibrahima no hubiese tenido la fuerte constitución que tiene, podría haber muerto también en la agresión. Es por ello por lo que la Policía imputa a los detenidos no solo un delito contra la integridad física por la agresión mortal a Samuel, sino también otro en grado de tentativa contra Ibrahima. Los sanitarios llegan a Riazor e intentan reanimar a Samuel durante casi dos horas, lo trasladan con vida al Complexo Hospitalario Universitario A Coruña, donde acabaría falleciendo poco después. Lina cuenta a la Policía Local, la primera en llegar a la zona, lo sucedido y, de la investigación, se hace cargo ya la Policía Nacional. Los agresores se dispersan. Algunos de ellos quedan como una hora y media después en el parque Europa. En esta reunión, según relata Agudo y así consta en el sumario, no estaban “arrepentidos” sino que se jactaron de la paliza y de cómo le habían pegado a Samuel. Sobre las seis de la mañana se citan “todos” los implicados, en una zona todavía más alejada de Riazor, según relata Agudo, aunque de esta reunión no existen testigos —como sí los hay de la primera— de lo que hablaron.

¿Cómo se desarrollaron la investigación y las detenciones?

La Policía Nacional inició la investigación recopilando testimonios, pero también con el análisis de las cámaras de la zona. Agudo destaca la importancia de la cámara del pub El Andén, ya que les permite reconocer a los implicados en la brutal agresión, tanto a los adultos, que habían podido entrar al local, como a los menores, que, por su edad, no habían podido acceder y se quedaron en el paseo haciendo botellón. Agudo relató el pasado lunes que los agentes habían realizado jornadas de 17 horas para intentar dar con los agresores y también para desarrollar una investigación que no genere dudas del papel de cada uno de los sospechosos en sede judicial. Primero, se produjeron las detenciones de la pareja y del amigo que iniciaron la agresión, el 6 de julio; al día siguiente, la del adulto que se llevó el móvil y, el 9 de julio por la mañana, trascendió el arresto de los dos menores. La agresión fue la madrugada del 3 de julio, entre las 2.58 horas y las 3.04 horas. Al equipo de investigación se sumaron agentes de la policía científica y de la judicial, pero también un experto en redes sociales y delitos informáticos para ayudar en el procedimiento. Los agentes fueron ampliando la información recabada con más cámaras de seguridad, más testimonios y también con pruebas como la autopsia o los análisis de ADN y, también, con el registro de la casa del menor. Los agentes sabían, por testificales, que el joven tenía un kubotan, un arma de defensa personal que sirve para incrementar el daño de los golpes, aunque ese instrumento no fue localizado, sí que se incautaron de un objeto metálico que, en este punto, está siendo analizado. Para los agentes fue también de gran ayuda la reconstrucción de los hechos que pudieron hacer al día siguiente, con toda la información recabada hasta el momento, para hacerse una idea de cómo había sido la agresión.

¿Se conocían víctimas y agresores de antes o habían tenido algún desencuentro previo?

Los investigadores están seguros de que no y no solo por los testimonios de ambas partes, sino también por las imágenes previas a la agresión, que no reflejan interacción entre ellos. Quienes sí se conocían entre ellos eran los agresores. Sobre si habían discutido en el pub a los investigadores les consta que no. El primer detenido había sido expulsado del local por haber tenido un incidente con su pareja, aunque, después, le permitieron volver a entrar.