Era la primera tarde en la que España podía respirar algo de libertad tras meses de confinamiento por el coronavirus. Era 2 de mayo y en Huesca, como en tantas ciudades del país, sus ciudadanos salieron a las calles a pasear. Entre ellos estaba un agente de la Guardia Civil de la capital altoaragonesa que decidió sacar a su perro acompañado de su hija de 16 años y que recordará aquel día como el que ambos volvieron a nacer. Un compañero del cuartel les abordó por la espalda y les cosió a puñaladas sin compasión alguna. Por estos hechos, la Fiscalía Provincial pide casi 20 años de cárcel para el agresor, José Luis E. E., quien permanece privado de libertad desde su arresto.

El ministerio público considera que el ataque del acusado a su compañero de la Benemérita tiene que castigarse como un delito de asesinato en grado de tentativa con alevosía y ensañamiento, mientras que en el caso de la menor lo califica como un delito de lesiones consumado con uso de armas. Por el primero solicita 14 años y 11 meses de prisión, mientras que por el segundo pide 5 años. Una solicitud de condena que será mayor cuando presente su escrito de acusación particular los abogados de las víctimas, Carmen Cifuentes y Enrique Trebolle, quienes consideran que ambas agresiones constituyen un delito de tentativa de asesinato.

En este caso sobrevuela una atenuante que explicaría el por qué ocurrió la agresión. Hecho que la Fiscalía presenta para rebajar la pena inicial que sería mucho mayor. Destaca el fiscal que José Luis E. E. presentaba en el momento de los hechos trastorno adaptativo mixto delirante de tipo persecutorio con repercusión en su capacidad volitiva e intelectiva que se encontraba parcialmente afectada el momento de los hechos. No obstante, añade que «no hay evidencia de que no pudiera comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión».

La víctima y el agresor eran no solo compañeros de la Guardia Civil, sino que uno vivía encima del otro en el mismo edificio. Hasta la fecha mantenían una relación normal y correcta tanto entre ellos como sus familias.

Eran las 20.10 horas cuando la menor se apercibió de la presencia por detrás del procesado, pidiendo a su padre que apartase l correa del perro para dejarle pasar, momento en el que sin motivo alguno y de forma sorpresiva le espetó: «Hola, ¿qué tal cabrón?, ¿cómo estás?», a la vez que sacó una navaja con una hoja de 83 milímetros y le asestó una puñalada en la nuca. Al volverse la víctima y sin que ésta pudiera defenderse, ni evitarlo, el procesado le propinó otras tres puñaladas en la zona del cuello, hasta que el perjudicado cayó al suelo boca arriba inerme e indefenso, lo que el procesado aprovechó para propinarle más navajazos por todo el cuerpo de su víctima su cuerpo, en zona vital de cuello y abdomen, hasta un total de 13 navajazos, alguno de ellos cuando ya se hallaba inconsciente, encarnizándose y recreándose con su víctima, produciendo heridas que incrementaban de forma reiterada los padecimientos que habría de sufrir, a la vez que le decía: «¿Esto te gusta?, te voy a matar, algo malo va a pasar».

Luego hizo lo propio con la hija a la que le apuñaló en tres ocasiones hasta que otros viandantes acudieron al lugar a auxiliarles. Uno de ellos le ató las manos al agresor con una comba deportiva a la espera de que la Policía Nacional llegara.