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Álvaro, un 'mañico' de adopción que murió en el incendio de Villafranca de Ebro: "Siempre estaba sonriendo"

El madrileño tenía 65 años cuando ingresó en el centro por una demencia senil que le diagnosticaron poco después de su llegada a Zaragoza, donde pretendía disfrutar de su reciente jubilación

Uno de los cadáveres antes de ser trasladado al Instituto de Medicina Legal de Aragón, a las puertas de la residencia Jardines de Villafranca.

Uno de los cadáveres antes de ser trasladado al Instituto de Medicina Legal de Aragón, a las puertas de la residencia Jardines de Villafranca. / MIGUEL ÁNGEL GRACIA

Zaragoza

Álvaro tenía 65 años. Apenas llevaba unos meses interno en la residencia Jardines de Villafranca cuando un trágico incendio se llevó por delante su vida y la de otros nueve usuarios de este centro psicogeriátrico que se emplaza en la calle Alfonso Bes Labarta, a las afueras de Villafranca de Ebro (Zaragoza). Allí había ingresado en el mes de febrero por una demencia senil que le impedía vivir solo. Así que tuvo que dejar su domicilio en Zaragoza, adonde había llegado poco tiempo antes para iniciar una nueva etapa de su vida, la que tantos años de trabajo le brindaba ahora la jubilación. Madrileño de nacimiento, pero mañico de adopción, Álvaro quería disfrutar de estos años en esa ciudad en la que años atrás había sido tan feliz, tal y como recuerda su hermano en conversación telefónica con EL PERIÓDICO DE ARAGÓN.

"Mi hermano quiso volver a Zaragoza porque guardaba mucho amigos y le tenía mucho cariño. Es la ciudad en la que más feliz ha sido en su vida. Se ha sentido más zaragozano que madrileño", sostiene este hombre afincado en Madrid, desde donde conoció la fatal noticia de su fallecimiento, del que este sábado se cumple el primer aniversario. "La notificación fue un disgusto enorme. Recuerdo que estaba escuchando la radio. Llamé a mi hermano, pero no cogía el teléfono y pasamos un rato muy desagradable. Sin saber si mi hermano había fallecido me cogí el tren y de camino a Atocha me avisaron de que sí, que era uno de los fallecidos. Fue un amigo suyo que se desplazó hasta Villafranca", rememora este varón.

Su última visita

Solo once días antes, el 4 de noviembre de 2024, fue la última vez que le vio con vida. Como siempre coincidió con su hermana. Desde Santander –ella– y desde Madrid –él– visitaban de forma regular a Álvaro, al menos una vez al mes. En aquella ocasión, además, le dejaron marchar a comer con ese amigo que tal día como hoy hace un año le transmitiría la fatal noticia. "Se fue muy contento", relata su hermano.

Fue este mismo amigo quien les advirtió de "comportamientos muy extraños" en Álvaro poco después de su llegada a Zaragoza a finales de 2023. Así que ingresó en el Royo Villanova, donde le diagnosticaron "una demencia senil que no le permitía vivir solo". Por eso la siguiente parada fue su ingreso en la residencia Jardines de Villafranca. "El propio hospital nos informó de una residencia con muy buenas referencias", recuerda el hermano de Álvaro. Dicho y hecho. "Mi hermano estaba muy bien cuidado, siempre contaba que estaban muy pendientes de él. La amabilidad de las trabajadoras fue excepcional, con mucho cariño", recalca.

"Una familia muy unida"

Y nunca le dejaron solo. Desde que en el mes de febrero ingresara en Jardines de Villafranca le visitaban una vez al mes. "Íbamos a la vez para estar los tres juntos porque siempre hemos sido una familia muy unida", narra. En sus visitas tenían "libertad total". Por norma general les gustaba pasar el día en el mismo municipio zaragozano, pero en otras ocasiones bajaban hasta Zaragoza, especialmente de la mano de ese amigo para quien tampoco existía consuelo aquel triste 15 de noviembre de 2024.

Y todos esos buenos recuerdos se agolpan estos días de "mucha tristeza". "La fecha la tenemos muy marcada", admite el hermano de Álvaro. Por eso en Madrid y en Santander oficiarán sendas misas de cabo de año. Lo harán en memoria de ese hermano que arribó como responsable de marketing de Adidas España a Zaragoza, esa ciudad de la quedó prendado para toda su vida. "Mi hermano siempre estaba sonriendo, era muy positivo, muy entrañable y muy bromista". Así le recuerdan un año después de su fallecimiento.

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