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Trabajadoras de la residencia de Villafranca de Ebro: "Quiero que este triste episodio pase lo más desapercibido posible en su primer aniversario"

Varias trabajadoras del centro recuerdan aquella trágica madrugada de «locura» en la que se desvivieron por los internos que resultaron ilesos

Dos trabajadoras de la residencia se abrazan en el interior del complejo, el 15 de noviembre de 2024.

Dos trabajadoras de la residencia se abrazan en el interior del complejo, el 15 de noviembre de 2024. / MIGUEL ANGEL GRACIA

Zaragoza

Algunas trabajadoras fueron testigos del inicio del fuego sobre las 05.00 horas. Otras compañeras empezaban el turno solo una hora después, a las 06.00. Y también hubo quienes seguían durmiendo en casa pero que se desplazaron de inmediato tras despertar con las tristes noticias que no dejaban de llegar desde el que era su puesto de trabajo en Villafranca de Ebro (Zaragoza). Así que todas estas empleadas se remangaron de lo lindo aquella trágica madrugada del 15 de noviembre de 2024. En Jardines de Villafranca, ese recinto en el que siempre se habían desvivido por el bienestar de sus internos, yacían entonces los cadáveres de diez usuarios. Y fuera, en la calle, la escena era desoladora: todos los compañeros que resultaron ilesos asistían atónitos a esta "locura" cuya magnitud fue muy difícil de digerir en el seno del centro.

Así lo describen varias empleadas consultadas por EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, quienes prefieren mantenerse en el anonimato al rememorar episodios de lo más íntimo. "A las 05.30 horas solo había llegado la alcaldesa, su marido y un camión de bomberos", recuerda una de estas empleadas. Para entonces ya se había puesto a salvo a los internos mientras no dejaban de llegar más bomberos y guardias civiles. "El marido de la alcaldesa sacó a muertos y sacó a vivos. La habitación de la señora (donde se inició el fuego) daba miedo", prosigue sobre unos momentos en los que la desorganización fue "tremenda". Incluso se planteó llevarles al pabellón municipal pero luego se levantó un hospital de campaña en el jardín de la residencia.

"En estado de shock"

Todo pasaba por salvaguardar la salud y el bienestar de los usuarios, a quienes les abrigaron con chaquetas y ropa de invierno porque estaban "helados de fríos", a quienes intentaron "relajar" y a quienes también les dieron de desayunar. Al principio, ninguno de estos usuarios sabía lo que estaba pasando. "Estaban en estado de shock. No se movía casi nadie. Estaban desolados. Tenían la mirada perdida", se entristece esta trabajadora.

Esa misma mañana les trasladaron hasta la residencia Vitalia de Huesca, a las semanas les movieron hasta Morata de Jalón y no fue hasta abril cuando regresaron a Villafranca de Ebro. "Más de uno volvió que no era persona. Les afectó mucho, sobre todo a los que compartían habitación con los fallecidos", lamenta esta misma empleada. Fueron ellas mismas, de hecho, quienes limpiaron "de hollín" la residencia. "Estuvimos a por todas", remacha sobre la labor que desempeñaron.

Con ella coincide otra compañera consultada por este diario, quien se ennorgullece de haber sorteado "muchas trabas sin ayuda de nadie" en los últimos 365 días. "Gracias a la tenacidad de la propietaria, que sin ella nada hubiera si posible, de la directora y el resto de trabajadoras que componemos este gran equipo, todo ha ido hacia delante día tras día. Estoy muy orgullosa de nuestro trabajo por y hacia los residentes", abunda esta mujer. "Por mi parte quiero que este triste episodio pase lo más desapercibido posible en su primer aniversario", reflexiona. Será difícil, eso sí, cuando se agolpen tantos tristes recuerdos de aquella trágica madrugada

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