Un temporero niega una agresión sexual en Maella: "Me han denunciado porque querían dinero"
El acusado asegura que la denuncia fue por despecho tras volver a trabajar a Andalucía

El acusado, J. A. S., en el juicio celebrado este lunes en la Audiencia Provincial de Zaragoza. / A. T. B.
Más de siete años han transcurrido hasta que J. A. S. se sentó ayer en el banquillo tras la denuncia por agresión sexual que una mujer de nacionalidad rumana interpuso contra este varón el 31 de agosto de 2018. Fue en Maella. Hasta este municipio zaragozano se desplazó el acusado desde su Andalucía natal para trabajar en el campo y vivir con esta mujer, a quien había conocido a través de las redes sociales. Pero apenas convivieron un mes pues, a finales de ese mismo mes de agosto, decidió regresar a su tierra al encontrar un trabajo como pintor en Huelva. Lo que no esperaba a su llegada a tierras onubenses era una llamada de la Guardia Civil de Caspe en la que se le informaba de unos hechos que ayer negó de forma rotunda en la Audiencia Provincial de Zaragoza.
"Esto es muy fácil: yo vengo con la verdad. Desde el primer día que llegué (a Maella) me acosté en la cama con esa mujer y todo ha sido consentido. No voy a decir que era noviazgo, pero sí que teníamos un vínculo de pareja. Era una vida normal, pero todo cambió cuando me pidió dinero y yo solo tenía dinero para mis hijos, que no tengo millones en el bolsillo para dárselos a nadie (...) Era una mujer despechada porque cuando le dije que ya no iba a volver allí me dijo que me iba a denunciar. Al poco tiempo me llamó la Guardia Civil", declaró el acusado ante el tribunal adscrito a la Sección Tercera, presidido por el magistrado Mauricio Murillo.
Los hechos
Es el único relato sobre lo sucedido que pudo escuchar la Sala porque ninguna de las dos denunciantes se presentó al juicio, que se había señalado a las 09.30 horas. Porque esa pareja sentimental había denunciado una penetración vaginal y una amiga (o "sobrina" según dudó el encausado) había denunciado unos abusos sexuales. "Ni he vuelto a verlas ni sé dónde están ni lo quiero saber", apostilló este hombre, quien defendió que, de inmediato, se puso a disposición del juez instructor. "Sus palabras fueron: se ve que esto es una mentira, váyase a su cara", parafraseó.
En la vivienda en la que residían se recogieron muestras de varias prendas de vestir que se remitieron al laboratorio del Servicio de Ciminalística. En algunas de ellas se encontró perfil genético del acusado, pero no se hallaron restos de ADN en las muestras de los genitales de la denunciante que refirió penetración. Son unos hechos por los que la Fiscalía pide penas de prisión. El juicio quedó visto para sentencia.
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