Así se disolvió el motín de Juslibol: intercambio de golpes y gas pimienta para reducir a 20 menores envalentonados
Los antidisturbios recibieron patadas, puñetazos y golpes con palos de madera, con sillas y con sofás hasta que pudieron reconducir la situación en el centro de menores

Operativo de la Unidad de Intervención Policial (UIP) en el centro de menores de Juslibol, el pasado 5 de febrero. / JAIME GALINDO
La situación requería de una actuación inmediata. Así que la Unidad de Intervención Policial (UIP), los conocidos como antidisturbios, tuvieron que emplearse a fondo desde que se desplegaron en el centro de menores de Juslibol. Tanto es así que apenas tuvieron tiempo para 'armarse' con los escudos una vez que descendieron de los furgones. Pero jamás habrían imaginado lo que allí se iban a encontrar. Porque una veintena de menores les esperaban armados para dar mucha guerra. Y vaya que si la dieron: patadas, puñetazos, golpes con palos de madera, con sofás, con sillas...
Es un motín que no tiene parangón con otros violentos levantamientos como el que se vivió en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Barcelona en el mes de noviembre de 2016, según fuentes de máxima solvencia consultadas por EL PERIÓDICO DE ARAGÓN. Vaya por delante este enfrentamiento para entender la gravedad del asunto que se vivió hace unos días en Zaragoza: los internos de Juslibol se envalentonaron y esperaron a los agentes en una lucha que se tomaron a vida o muerte. Así que los antidisturbios tuvieron que recurrir al gas pimienta y protagonizaron un intercambio de golpes con el que consiguieron dividir el grupo de agresores para reconducir la situación.
El parte de 'guerra'
Por eso consta una decena de partes de lesiones con contusiones, de los cuales, los dos más graves revelan un esguince de muñeca y una luxación de mandíbula. Pero también temieron consecuencias mucho peores... Una vez que los menores tomaron el control del centro, tuvieron acceso a la zona de peluquería tal y como certifican las cámaras de videovigilancia. O lo que es lo mismo: los agentes tuvieron que andar con máxima cautela ante la sospecha de que los menores se hubieran armado con tijeras, por ejemplo.
En cualquier caso sí lo hicieron con palos de escoba que partieron por la mitad para arremeter contra los antidisturbios, a quienes propinaron patadas, puñetazos y golpes con todos los instrumentos que encontraron a su alrededor como sofás y sillas. Al final se disolvió el motín. Y ellos, los agentes que lo consiguieron, no fueron los peores parados aunque resulte difícil creerlo. A un vigilante de seguridad le habían pateado la cabeza hasta que le dejaron inconsciente. Por eso tuvieron que actuar tan rápido. Era una cuestión de vida o muerte.
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