Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Roban en un edificio de Zaragoza donde ya había sucedido antes: “No tocaron ni la televisión ni ninguna otra cosa. Fueron directamente al oro”

Una vecina del barrio de La Almozara explica que no es la primera vez que ocurre algo similar y que en la urbanización habían visto antes a personas sospechosas

Imagen de archivo de un coche de la Policía Nacional.

Imagen de archivo de un coche de la Policía Nacional. / DAVID ZORRAKINO

Zaragoza

Úrsula y su compañero de piso Rubén tardarán en olvidar la fecha del 13 de febrero. Ese viernes descubrieron cómo la vida puede cambiar en un instante. Unos ladrones entraron en su casa del zaragozano barrio de La Almozara para llevarse un botín que, más allá de su valor económico y sentimental, tiene ese componente intangible que afecta a la sensación de seguridad en tu propio hogar.

Esta desagradable historia coincide en el tiempo con el aumento de la inseguridad en otros barrios de Zaragoza, como es el caso del Actur, donde en los últimos días se han multiplicado los carteles de avisos a los vecinos ante el posible incremento de los robos en domicilios particulares.

La vivienda llevaba varios días vacía. La inquilina se había marchado de viaje y su compañero de piso también había estado fuera durante la semana. Fue él quien, al regresar ese mismo viernes, descubrió lo sucedido.

Nada más entrar en el piso, algo le llamó la atención: en la entrada estaba el pequeño joyero de Úrsula que no debía estar allí. Al avanzar hacia su habitación comprobó que los armarios y las mesillas estaban revueltos. “Aquí ha pasado algo”, pensó. Entonces entró en el cuarto de ella y confirmó las sospechas: había cosas en el suelo, los cajones de la mesilla y de la cómoda estaban abiertos y desordenados y los armarios abiertos.

Le hizo una videollamada inmediata. Faltaban varias joyas de oro. No se habían llevado nada más. “No tocaron ni la televisión ni ninguna otra cosa. Fueron directamente al oro”, explica la afectada. Tras comprobar los daños, acudieron a denunciar a la Policía Nacional. Allí les advirtieron de que probablemente las piezas ya habrían sido fundidas. La investigación sigue su curso, pero les trasladaron que recuperar las joyas sería difícil.

La puerta no presentaba signos visibles de forzamiento. Estaba cerrada con llave cuando el compañero llegó y entró con normalidad. “No había indicios de que hubiesen entrado”, relata.

No es la primera vez que ocurre algo similar en el edificio. Hace dos años ya robaron a una vecina. Además, antes de la pasada Navidad, otra residente llamó puerta por puerta para advertir de que habían visto a personas sospechosas intentando acceder a los pisos y pidió que extremaran las precauciones al cerrar el portal.

Tras el robo, el compañero colocó un cartel en el portal para avisar al resto de vecinos. Algunos preguntaron qué vivienda había sido la afectada, pero no consta que haya habido más casos recientes en el inmueble.

La inquilina sospecha que los ladrones podrían vigilar previamente quién está en casa y quién no, aunque no puede asegurarlo. Durante la semana que ella permaneció sola no detectó movimientos extraños. También ha escuchado que en ocasiones los ladrones llaman a las puertas y, si no obtienen respuesta, intentan entrar. Su propio casero le contó que a una vecina del piso superior “le entraron mientras estaba dentro de la vivienda, lo que le provocó un gran susto”.

La sensación que les ha quedado es “rara”. Más allá del valor de lo sustraído, que no era elevado en cantidad pero sí en significado, pesa la idea de que alguien haya entrado en su casa. “Son cosas que no deberían pasar”, lamenta. Dentro de la impotencia y la indignación, reconocen al menos que no estaban en el interior cuando ocurrió. El mayor impacto se lo llevó el compañero al abrir la puerta el viernes y encontrarse con todo revuelto.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents