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La profesora agredida en Zaragoza por una madre tras ganar la sentencia: “Mi caso no es único”

La docente se siente muy apoyada por sus compañeros, pero denuncia que cada vez hay más ataques y que es muy duro tener que pasar por una situación así

Imagen de archivo de un patio de colegio vacío.

Imagen de archivo de un patio de colegio vacío. / Javier Etxezarreta

Zaragoza

“Fui golpeada y empujada”. Así relató en el juicio la profesora que fue agredida por una madre a la salida de un colegio de Zaragoza el pasado mes de diciembre. La docente se interpuso entre la mujer y un menor al que esta se dirigía con actitud agresiva. Acabó recibiendo un golpe en el brazo y siendo apartada bruscamente. Ahora, con la sentencia favorable en su poder, respira aliviada, aunque matiza que por desgracia se vienen sucediendo este tipo de episodios cada vez con mayor frecuencia. “Mi caso no es único”, explica la víctima, quien prefiere mantener su anonimato.

Reconoce que ahora se siente un poco mejor, aunque este mal sueño tardará en olvidarlo: “Después de la sentencia, estoy tranquila y aliviada. Los profesores nos sentimos muy solos en los casos de agresiones. Sí me sentí muy apoyada por el resto de mis compañeros. Es duro pasar por una situación así”, añade.

El aumento de las agresiones genera temor. Miedo en el momento de la agresión, pero también después, al tomar conciencia de la fragilidad con la que desempeñan su labor muchos docentes.

Aunque de los hechos no se derivó lesión alguna, la sentencia considera probado que la madre empujó y golpeó a la profesora, por lo que ha sido condenada por un delito leve de maltrato. La pena impuesta es de un mes de multa, con cuota diaria de tres euros, y la prohibición de aproximarse al centro escolar durante seis meses.

Los profesores lamentan lo expuestos que siguen tanto en el interior de las aulas como en el patio. Si alguien, bien sea un alumno o un progenitor, pierde el control, denuncian que no disponen de herramientas reales para protegerse: “Cada vez hay más casos, pero no todos los agredidos se atreven a denunciar”, apunta la docente.

Por su parte, la denunciada negó los hechos durante el procedimiento, aunque sí admitió que se acercó al menor para hablar con él. Alegó además que el origen del conflicto radicaba en su mala relación con la profesora. El juez ha dado credibilidad al testimonio de la docente y ha considerado acreditada la agresión. “Hay muchas agresiones a docentes, tanto físicas como verbales, en muchos centros escolares”, reitera la víctima.

La sentencia descarta, eso sí, que los hechos constituyan un delito de amenazas. La única expresión que se escuchó, “esto no va a quedar así”, puede interpretarse de forma subjetiva y no supone, según el fallo, “una amenaza clara de causar un mal concreto”, como refleja el documento al que ha tenido acceso El Periódico de Aragón.

Violencia en los centros

El caso ha sido impulsado judicialmente por la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF), que ha ejercido la acusación particular y valora positivamente el reconocimiento judicial de la agresión. No obstante, desde el sindicato insisten en que el problema va más allá de un caso aislado y alertan del aumento de situaciones de tensión y violencia en los centros educativos.

“La sensación es de indefensión”, reiteran desde el ámbito docente. Aunque la Administración ha puesto en marcha mecanismos de apoyo, los profesores reclaman protocolos claros, respaldo jurídico efectivo y medidas que refuercen su autoridad profesional.

Este episodio ha dejado una huella emocional que va más allá de la multa impuesta a la agresora: la percepción de vulnerabilidad en un colectivo que considera que cada vez trabaja con menos protección y una profesión que siente que cada vez es menos atractiva.

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