El hermano del senderista de Zaragoza fallecido en Fiscal: “Lo último que ha hecho ha sido disfrutar de la carretera y el monte”
Sus allegados destacan la pasión de Alfredo Royo por la naturaleza y el deporte, así como su gran faceta familiar y de amigo

Alfredo, durante la ruta de las Escaleretas de Lecina. / Servicio Especial
Los amantes de la montaña saben que hay noticias que detienen el paso y dejan sin aire. La muerte de un compañero no es solo una pérdida, es el silencio repentino en un grupo que compartía caminos, cumbres y confidencias. Eso es lo que ha ocurrido con Alfredo Royo, senderista zaragozano, fallecido a los 66 años mientras disfrutaba de la naturaleza.
El suceso tuvo lugar en la sierra del Gabardón, en el término municipal de Fiscal (Huesca). A las 11.30 horas, la Guardia Civil recibió el aviso de que uno de los cuatro senderistas que formaban el grupo había sufrido un desvanecimiento. Nada se pudo hacer por salvar su vida. La noticia corrió rápido entre quienes habían compartido con él años de rutas, esfuerzo y amistad.
Pero más allá de lo ocurrido, quienes mejor lo conocían prefieren quedarse con su forma de vivir. Su hermano, Miguel Ángel, quien le acompaña durante el trágico suceso, lo resume sin artificios: “Ha sido muy familiar, muy amigo de sus amigos”. Una frase sencilla que encierra toda una vida.
Juntos recorrieron miles de kilómetros en bicicleta y más de 300 excursiones. “Con él estábamos muy compenetrados. Solo con mirarnos sabíamos lo que iba a pasar”, recuerda. Esa conexión, forjada a base de tiempo y experiencias compartidas, es la que ahora deja un vacío difícil de llenar.
Amante de la naturaleza “en exceso, si es que eso puede existir”, Alfredo encontraba en el monte su lugar. Setas con amigos, rutas de senderismo, jornadas de bicicleta o temporadas de natación formaban parte de una rutina que nunca fue obligación, sino pasión. El deporte y el aire libre eran su forma de entender la vida.
También lo era la familia. Tenía dos hijos: “Su familia estaba encantada con él”, resume su hermano. Junto a su mujer había hecho del viaje otra de sus grandes aficiones, una inquietud que también trasladó a sus hijos, aficionados hoy a recorrer Europa y participar en carreras populares.
La jubilación de los dos hermanos marcó un punto de inflexión. Nada más dejar de trabajar, emprendió el Camino de Santiago en bicicleta: más de 1.000 kilómetros en una semana. A partir de ahí, las salidas se multiplicaron. “Hacíamos ciclismo cuatro o cinco veces por semana”, recuerda Miguel Ángel.
Entre sus amigos, también deja huella su manera de disfrutar incluso de los trayectos. Le gustaba conducir, o “pilotar”, como matiza su hermano, en esas carreteras de montaña que llevan hasta el inicio de cada ruta. Era parte del plan, del disfrute completo.
Quizá por eso, entre el dolor, queda también una idea que se repite como consuelo: se ha ido haciendo lo que más le gustaba. “Lo último que ha hecho ha sido disfrutar la carretera y el monte”, resume su hermano.
En el mundo de la montaña, donde cada paso se comparte, las despedidas nunca son fáciles. Pero quienes caminaron junto a Alfredo Royo saben que su recuerdo seguirá presente en cada senda, en cada cima y en cada conversación a mitad de ruta.
La despedida de su grupo
Comuneros de Calatayud, grupo al que están apuntados los dos hermanos y con el que compartían rutas, también ha querido despedirse de Alfredo a través de las redes sociales: “Ahora su espíritu descansa en la cumbre más alta, donde el aire es puro y el cielo eterno”, relatan en un emotivo comunicado.
Acompañan el texto con una imagen tomada instantes antes del trágico suceso. Alfredo aparece en el centro, junto al vértice geodésico del Gabardón, acompañado por sus dos hermanos, con quienes solía recorrer Aragón los miércoles y viernes desde Zaragoza.
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