Un panadero al que han robado tres días seguidos en Las Delicias: "He llegado a pasar la noche en la furgoneta"
El propietario de un comercio de la calle Duquesa Villahermosa asegura que se siente "inseguro" en el barrio

A Edwin le robaron tres noches seguidas en la tienda que regenta en la calle Duquesa Villahermosa, donde ha colocado hierros detrás del cristal (al fondo de la imagen) para que no vuelvan a robar allí. / JOSEMA MOLINA
Edwin no se lo cree. Es difícil creérselo, de hecho. Porque en su panadería de la calle Duquesa Villahermosa, en 'Nicolo Panini', no solo ha sufrido un robo. Tampoco dos. Han sido tres. Y han sido en tres noches consecutivas a mediados del mes de abril. Así que Edwin, quien todas las mañanas abre bien temprano su panadería en La Puebla de Alfindén, está pensando si le resulta rentable seguir bajando sus panes y sus tortas hasta este local de las Delicias. "He pensado en cerrar el negocio", admite este hombre. Primero, por la rabia y la frustración. Pero también por el perjuicio económico. "El seguro me quiere subir a 1.100 euros por los 250 euros que pagaba antes", asevera.
Es el peaje que va a tener que pagar por la oleada de robos que se están registrando en este barrio, más aún en su negocio, un pequeño comercio en el que también ofrece otros productos de alimentación. "Se metieron tres veces. Primero se llevaron todo lo recaudado. Llegué aquí a las 05.30 horas y vi que habían partido el cristal con una tapa de alcantarilla. Habían robado todo el dinero, unos 300 euros, y se me ocurrió poner otro cristal pegado", relata Edwin. Pero, "al día siguiente", le volvieron a fracturar el cristal sin que se llevaran nada. "Al tercer día se metieron otra vez. Ahí quería llevarse de todo, patatas, una plancha de Coca-Cola, mandarinas...", continúa.
"He tenido que poner rejas"
Ese mismo día, eso sí, se pudo detener al ladrón porque un viandante llamó a la Policía al ver a este individuo en el local. "Lo detuvieron aquí dentro. Era árabe", asegura. Desde entonces, la cristalera del local presenta numerosos hierros tras el vidrio que él mismo ha colocado para evitar nuevos robos. "Estoy obligado a trabajar como un preso porque he tenido que poner rejas", sostiene Edwin. Y ha acampado frente a la tienda. "He llegado a pasar la noche sin dormir en la furgoneta para ver si pasaba alguien. Esta calle es solitaria. No pasa nadie", sigue.
Y en esta situación límite llegó a pegar una nota en la cristalera en el que instaba a los ladrones a que le dieran un número de cuenta para hacerles un ingreso y evitar así nuevos destrozos. "Me siento impotente porque pienso que otra vez me lo van a partir. Estoy inseguro. Deben poner mano dura", se resigna. Como él, otros muchos comerciantes de Las Delicias.
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