El triple crimen de Jaca: 74 puñaladas y la llamada que dejó helada a la policía
Este fue el primer suceso que contó EL PERÓDICO DE ARAGÓN. Fue en la madrugada del 13 de diciembre de 1990, cuando un joven mató a sus dos abuelos y a su tío

El Periódico de Aragón
La madrugada del 13 de diciembre de 1990 quedó grabada para siempre en la memoria de Jaca. Aquel día, la ciudad despertó golpeada por un crimen que conmocionó a toda España: un joven de 22 años asesinó a cuchilladas a sus abuelos y a un tío con parálisis congénita en la vivienda familiar situada en el número 3 de la calle Valle de Zuriza.
El caso se convirtió también en el primer gran suceso contado por EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, que apenas llevaba unos días en la calle. La portada de aquel viernes 14 de diciembre fue contundente: «El crimen de Jaca consterna a España». Durante el juicio se llegó a revelar que el acusado asestó 74 cuchilladas a sus familiares.
El suceso fue la noticia de apertura, con la imagen de la mancha de sangre en la plataforma por la que accedía a la vivienda el hombre minusválido asesinado por su sobrino días antes. Los hechos ocurrieron en la madrugada del 13 de diciembre.

Portada del 14 de diciembre de 1990. / El Periódico de Aragón
El autor confeso fue Francisco Javier Alegre, alumno de quinto curso de la Escuela de Hostelería de Huesca e hijo del entonces concejal del Partido Popular en Jaca, Francisco Alegre. Según quedó reflejado posteriormente en el juicio, el joven sufría un trastorno adaptativo con alteración de la conducta, aunque los informes determinaron que esa situación no anulaba sus facultades mentales.
Las víctimas dormían cuando ocurrieron los hechos. Primero murió Nazario Alegre, de 68 años, apuñalado en la entrada de la vivienda tras una discusión. Después fue asesinada Ascensión Gil, de 70 años, cuyo cuerpo apareció en el pasillo. La tercera víctima fue José Luis Alegre Gil, de 38 años, hijo del matrimonio y tío del agresor, que sufría una parálisis congénita y permanecía postrado en una silla de ruedas. Su cadáver fue hallado en la cama de su habitación.
Los vecinos escucharon lamentos sobre las tres de la madrugada y bajaron alarmados al portal. El propio joven abrió la puerta y les dijo que no ocurría nada. «El chico estaba afectado por la separación de sus padres», comentaría después alguno de los residentes del edificio. Otra vecina, Pilar, apenas podía contener las lágrimas: «Qué horror, qué horror. Los tres acuchillados».
La investigación apuntó a un complejo trasfondo familiar. Horas antes del crimen, Francisco Javier Alegre había conocido que Hacienda reclamaba a su madre una deuda de dos millones y medio de las antiguas pesetas (unos 15.000 euros) relacionada con un negocio de hostelería familiar.
El joven, muy unido a su madre y afectado por la crisis matrimonial de sus padres, llegó a pensar que acabando con la vida de su familia paterna pondría fin a los problemas que atravesaban.
Tras cometer el triple crimen, abandonó el arma, un puñal de doble filo, en la antigua carretera del puerto de Monrepós, a la altura de Nueno, mientras se dirigía a un domicilio de Huesca.
La clave para resolver el caso llegó a través de la propia madre del acusado. Carmen Galindo telefoneó al 091 de la comisaría de Jaca y lanzó una frase que dejó helado al funcionario que atendió la llamada: «Mi hijo ha asesinado a sus abuelos y a su tío, vengan enseguida».
El joven fue detenido poco después en un piso del pasaje de Gratal, en Huesca. Se autoinculpó y el 14 de diciembre ingresó en prisión preventiva por orden de un juez. La Brigada Judicial de la Policía de Jaca y Huesca dio por cerrado el caso tras la detención del joven.
La conmoción en Jaca fue enorme. Más de un millar de personas abarrotaron las tres naves y el pórtico interior de la catedral durante el funeral de las víctimas. La familia era muy conocida en la ciudad, especialmente por la actividad pública del padre del acusado.

Franciso Javier Alegre. / Pablo Segura
Durante aquellos días, el crimen ocupó portadas y páginas enteras en la prensa nacional y regional. En julio de 1992 llegó el juicio. La defensa alegó enajenación transitoria y presentó informes que calificaban la conducta del joven de psicótica. La Fiscalía, por su parte, solicitó 64 años de prisión.
Fue entonces cuando Francisco Javier Alegre aseguró por primera vez sentirse arrepentido.
En una de las escenas más recordadas del proceso, su madre declaró ante el tribunal: «Esa no era la cara de mi hijo», al recordar cómo apareció ensangrentado en su casa a las seis de la mañana asegurando que había terminado con los problemas familiares.
Según se relata, el autor confeso llegó a Jaca sobre las 18.00 horas para trabajar como camarero en unas jornadas gastronómicas y pasó por su casa a buscar ropa. Allí le contó su madre lo que en su opinión era la última jugada de su padre para esquilmar el patrimonio de Carmen Galindo. El joven, aparentemente, no le dio más importancia a los hechos. Esto es lo que declaró su madre durante el juicio. Posteriormente salió de fiesta por Jaca. De madrugada cogió el coche, se desplazó hasta la casa de sus abuelos y cometió los tres crímenes.
«Alegre recuerda los crímenes como el espectador de un filme», tituló EL PERIÓDICO DE ARAGÓN el viernes 10 de julio. Un día antes había comenzado un juicio el que se reflejó que el jacetano asestó 74 cuchilladas a sus abuelos y tío.
El fiscal solicitó 64 años de cárcel y el defensor alegó enajenación transitoria. Finalmente, en julio de 1992, fue condenado a 57 años de prisión por el triple asesinato.
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