El parricida de La Almozara: de verdugo a víctima
Héctor López Ferrer asesinó a su padre en 2021 y dos años después recibió una brutal paliza en la cárcel de Zuera a manos de un compañero de celda, una agresión por la que esta semana se ha acordado una indemnización de 123.000 euros que se está reclamando a Instituciones Penitenciarias como responsable subsidiario

El parricida de La Almozara, Héctor López Ferrer, tras conocer el veredicto de culpabilidad como autor de un delito de asesinato. / Archivo de El Periódico de Aragón
Héctor López Ferrer volvió a verse las caras este jueves con el juez que presidió el juicio por el asesinato de su padre, Javier, de 72 años. Pero el magistrado Alfonso Tello difícilmente habría identificado al conocido como parricida de La Almozara si no hubiera constado su nombre en autos, ya que su aspecto físico y su estado mental han cambiado por completo desde que fuera juzgado en el mes de enero de 2023. Fue un inesperado reencuentro que tuvo lugar en el mismo escenario en el que ambos se vieron las caras por primera vez, en la sala de vistas número 3 de la Audiencia Provincial de Zaragoza, adonde fue trasladado Héctor desde la cárcel de Zuera. En esta ocasión, eso sí, lo hizo como víctima y no como verdugo. Porque poco después de ser condenado a la prisión permanente revisable, a mediados del mes de marzo de 2023, recibió una brutal paliza en una celda del módulo de psiquiatría que le ha dejado graves secuelas de por vida.
Solo así se entiende la forma en la que Héctor se presentó ante el tribunal: balbuceando. Tiene el cráneo abollado y está muy delgado –solo el cinturón impedía que se le cayera el pantalón, por donde se había metido una camiseta mucho más grande de su talla–. Dijo, además, que no puede masticar. "Todo triturado", aseguró. En uno de los ojos se le ha colocado una placa. "Si no, se me cae el ojo", justificó. Y sobre la agresión poco pudo relatar. "Desde el primer golpe se me apagó la luz y no me acuerdo de nada. Tengo flashes sueltos", detalló. La enfermera que le asistió, de hecho, tuvo problemas para reconocerle al tener el rostro completamente desfigurado.

Noticia que ‘El Periódico de Aragón’ publicó en su edición en papel por el crimen del 29 de junio de 2023 / ARCHIVO DE EL PERIÓDICO DE ARAGÓN
Y por eso mismo se explica también que se haya fijado una cuantiosa indemnización de 123.000 euros, aunque está por ver si los paga su verdugo, el rumano Daru Dimitrasu Surubaru, o Instituciones Penitenciarias como responsable subsidiario de lo sucedido en esa celda en la madrugada del 10 de marzo de 2023. Sobre esta cuestión se deberá pronunciar en los próximos días el tribunal sentenciador, ante quien se firmó un pacto relativo a la cuestión penal: tres años y seis meses de prisión.
Personalidad paranoide
Por su estado mental es imposible que Héctor reconociera a uno de los tres magistrados a quien le va a tocar pronunciarse sobre esta cuestión. Es el juez Alfonso Tello, el mismo que presidió el juicio en el que un jurado declaró culpable a Héctor de coser a puñaladas a su padre –fueron 56– y de intentarlo con su madre. En el juicio, de hecho, se expuso que sufre un trastorno paranoide. Es decir: piensa que todo va en su contra y, por ejemplo, si ve a una persona riéndose por la calle, puede pensar que se están burlando de él. Así lo explicaron las psicólogas del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA). "Es una persona que malinterpreta todo por entender que su entorno es hostil, conteniendo la ira que ello le genera y cuando la manifiesta es en una forma muy agresiva", describieron.
En cualquier caso, según zanjaron las forenses, Héctor no tenía mermadas ni sus capacidades volitivas ni sus capacidades intelectuales, "sabía lo que ha pasado puesto que no tiene una patología delirante" según manifestaron. Por eso el jurado no le reconoció ninguna atenuante, mucho menos una eximente incompleta, lo que le llevó a ser condenado a la prisión permanente revisable tras convencer el abogado José María Lumbreras al jurado de que la víctima era especialmente vulnerable. Pero el TSJA revocó el máximo castigo del Código Penal y le condenó a 37 años de prisión, 25 por el asesinato de su padre y 12 por el asesinato frustrado de su madre.
Para ella, por las lesiones, se acordó una indemnización de 45.000 euros además de 175.000 por la muerte de su marido, mismo motivo por el que se acordaron otros 100.000 euros a su hermana. Pero Héctor se declaró insolvente. Próximamente, eso sí, podría recibir una buena cantidad en el caso de que Instituciones Penitenciarias tenga que responder por la salvaje paliza. Porque es difícil que Daru Dimitrasu pueda hacerlo si finalmente se determine que él es el único responsable. Seguro que los familiares de Héctor siguen atentos la resolución de esta cuestión civil...
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