Crónica negra
El crimen del parque del Tío Jorge a manos de "un amigo de toda la vida"
Rudolf mató de una paliza a un hombre al que le unía una estrecha amistad tras propinarle una brutal agresión el 30 de junio de 2013, un ataque que fue motivado por la negativa de la víctima a entregarle una chaqueta

Miguel Lázaro Salinas cuando fue juzgado en 2014 por el homicidio de su amigo Gustavo Ortega en el parque del Tío Jorge, el 30 de junio de 2013. / Archivo de El Periódico de Aragón
Miguel Ángel Lázaro Salinas, alias Rudolf, y Gustavo Ortega Castán. Dos amigos de toda la vida en el barrio zaragozano del Arrabal, el mismo distrito en el que uno de ellos truncó la vida del otro como consecuencia de una discusión de lo más banal a cuenta de una chaqueta. Es un crimen, el del parque del Tío Jorge, del que este próximo martes, 30 de junio, se van a cumplir 13 años, un periodo de tiempo en el que Rudolf ya ha finiquitado sus obligaciones con la Justicia tras ser condenado a once años de cárcel por un delito de homicidio. Porque, aquella fatídica tarde, este varón que por entonces tenía 38 años –ahora ya tiene 51– le propinó una brutal paliza a Gustavo que le ocasionó un traumatismo craneoencefálico, unas lesiones que precipitaron su fallecimiento a los dos días en la unidad de cuidados intensivos (uci) del hospital Universitario Miguel Servet.
Y lo más sorprendente de todo ello es que su verdugo le ayudó a levantarse del suelo y le acompañó a una fuente para lavarse la cara. Es un detalle que no quiso pasar por alto uno de los testigos de la agresión en el transcurso de la declaración que prestó en el juicio celebrado en el mes de noviembre de 2014, tal y como reflejan las crónicas elaboradas por los periodistas que asistieron al plenario en la Audiencia Provincial de Zaragoza. "Parecía que nada había pasado", manifestó este testigo ante los miembros del jurado. Junto a él comparecieron otros conocidos de unos y otros, quienes facilitaron la reconstrucción de los hechos como ya lo habían hecho con anterioridad ante los investigadores del Grupo de Homicidios.
Motivo de la agresión
De esta forma, los investigadores pudieron conocer queel origen de la disputa había sido una chaqueta que la misma víctima se había negado a entregarle a Rudolf. "Gustavo no quería dejarle la chaqueta porque iría a robar y él se empezó a poner pesado", reconoció uno de ellos. Luego vino un puñetazo en la ceja y, cuando el difunto ya marchaba del parque, el homicida se echó a correr detrás de él y le propinó más puñetazos hasta dejarle semiinconsciente en el suelo. "Cuando se levantó, recibió un patadón en la cara que hizo que su cabeza chocara contra el suelo", añadieron estos mismos testigos.

La edición de El Periódico de Aragón informando del crimen. / Archivo de El Periódico de Aragón
Pero la víctima rechazó hasta en tres ocasiones recibir asistencia en un centro hospitalario. De hecho, unos médicos le asistieron esa misma tarde en el parque y aclararon que, "si hubieran sospechado de una lesión cerebral", habían instado a la Policía a ingresar por la fuerza a este hombre. En cualquier caso, Gustavo declinó esta ayuda y, a la mañana siguiente, varios vecinos le encontraron inconsciente en la escalinata del centro cívico Tío Jorge. De allí fue trasladado a la uci del hospital Miguel Servet. Y, a las pocas horas, se certificó su defunción.
"Muy burricos"
Sobre todo ello también pudo abundar el mismo autor del crimen, quien quiso subrayar la profunda amistad que le unía con el fallecido. "Era mi amigo de toda la vida. Comenzamos juntos a consumir droga, le daba comida porque él vivía en la clle, incluso le he acompañado alguna noche para que no durmiera solo (...) Reñíamos muchísimos porque éramos unos amigos muy burricos", precisó Rudolf.
De la víctima, los vecinos del entorno comentaron a este diario que era un conocido y antiguo vecino del barrio, pero que por aquel entonces residía en naves industriales abandonadas. Hace años había trabajado como empleado municipal de Parques y Jardines, pero llevaba un tiempo en el paro y pasaba el tiempo en el parque del Tío Jorge.
Al final, este individuo fue condenado a once años de cárcel por un delito de homicidio, además del pago de una indemnización de 105.000 a los progenitores de la víctima, 9.000 euros a cada uno de los cuatro hermanos y 1.100 euros al Servicio Aragonés de Salud por los gastos derivados de la asistencia que la víctima recibió. En el mes de octubre de 2025, el Tribunal Supremo confirmó la condena. Y, a día de hoy, Rudolf ya ha cumplido con la pena privativa de libertad, ya que ingresó en prisión provisional el 4 de julio de 2013, tal y como decretó el Juzgado de Instrucción número 2 de Zaragoza.
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