Crónica negra
El crimen del congelador: el espeluznante asesinato que heló a todo un barrio de Zaragoza
El autor convivió con el cadáver de su pareja, ocultó la desaparición con mentiras, falsificó documentos y confesó el crimen tras un intento de suicidio en Cantabria

El acusado conversa con un abogado, en un momento del juicio. / Archivo de El Periódico de Aragón
El llamado 'crimen del congelador' es uno de los capítulos más macabros de la crónica negra de Aragón. No solo por la brutalidad del asesinato, ocurrido en Las Fuentes, sino por lo que ocurrió después. Durante más de un mes, el autor convivió con el cadáver de su pareja, ocultó su desaparición con mentiras, falsificó documentos para seguir explotando el negocio de la víctima y terminó confesando el crimen tras un intento de suicidio a cientos de kilómetros de Zaragoza. La víctima era Mercedes Pérez Ruz, de 42 años. Su pareja, Vicente Sada Gómez, tenía 57 cuando ocurrieron los hechos. Compartían casa en la calle Leopoldo Romeo y estaban vinculados al quiosco-bar que la víctima regentaba.
En la noche del 30 de abril de 2013 comenzó esta negra historia. Según quedó acreditado judicialmente, ambos discutieron por cuestiones económicas relacionadas con el negocio. El autor quería tener un mayor protagonismo en la gestión del establecimiento y defendía que su trabajo era fundamental. La conversación fue subiendo de tono al tiempo que Mercedes cascaba nueces con un martillo.
En un momento de la discusión, el acusado se lo arrebató y le golpeó repetidamente y con carácter mortal en la cabeza y el pecho. Durante el juicio quedó acreditado que, incluso cuando la mujer ya estaba indefensa, continuó la agresión.
Tras el asesinato comenzó una cadena de engaños. En lugar de avisar a los servicios de emergencia o reconocer lo ocurrido, dejó el cadáver en un pasillo de la vivienda cubierto con una colcha. A la mañana siguiente acudió al quiosco-bar y colocó un cartel anunciando que el establecimiento cerraba por enfermedad.
Durante semanas fue dando distintas explicaciones a familiares, amigos y vecinos para justificar la ausencia de su pareja. Así, fue explicanco que esta había ingresado en la unidad de Psiquiatría del hospital Miguel Servet por un cuadro de ansiedad, depresión y abuso de alcohol y medicamentos. Mientras tanto, falsificó la firma de la mujer para cerrar un contrato laboral para sí mismo y otro para una camarera, con el objetivo de mantener el negocio en funcionamiento.
El paso de los días desveló lo que había sucedido en realidad. Los vecinos empezaron a percibir un fuerte olor procedente del piso y preguntaron qué ocurría. Fue entonces cuando Sada tomó una decisión todavía más macabra. Inspirado, según reconoció después, por las noticias de otros descuartizamientos ocurridos en Aragón, compró un hacha y utilizó también un cuchillo para desmembrar el cuerpo y meter los restos repartidos en bolsas en un arcón congelador. Eso sí, las piernas las arrojó al río Huerva. Una apareció el 25 de mayo de 2013 en la orilla del río Ebro, a la altura de la presa de Pina. Las pruebas de ADN confirmaron de quién era.

La puerta de entrada a la vivienda en la que la pareja convivía. / Ángel de Castro
Con el cuerpo oculto en el congelador, abandonó Zaragoza. Pasó por Logroño y después viajó a Suances, en Cantabria. Antes de marcharse dejó a una empleada al frente del bar.
El 3 de junio llegó a un hotel de Suances. Allí mezcló un veneno para topos con alcohol y medicamentos en un intento de quitarse la vida. Sin embargo, se desplomó en la recepción y pudo ser atendido a tiempo. En la habitación, la Guardia Civil encontró notas manuscritas en las que confesaba haber asesinado a Mercedes y explicaba dónde se encontraba el cadáver.
La Guardia Civil de Cantabria comunicó los hechos a sus compañeros de Zaragoza. Los agentes acudieron a la vivienda de Las Fuentes y encontraron el arcón congelador. El caso salió definitivamente a la luz el 12 de junio de 2013 y conmocionó a toda España.
Una primera pareja fallecida
La investigación sacó a relucir otro episodio inquietante. Una antigua pareja sentimental de Sada, una ucraniana que había vivido con él en la misma vivienda, falleció en 2007. Entonces explicó que sufría problemas psicológicos y que había muerto tras consumir alcohol y medicamentos. El cuerpo fue incinerado y no pudo investigarse más, aunque las similitudes generaron todas las sospechas.
El procedimiento judicial se celebró con jurado popular. La culpabilidad del acusado nunca estuvo en discusión porque él mismo confesó el crimen. El debate se centró en determinar si se trataba de un homicidio imprudente, como sostenía la defensa, o de un asesinato, como reclamaban la Fiscalía y la familia de la víctima.
En septiembre de 2015, el autor aceptó una condena de 22 años de prisión. El jurado lo declaró culpable por unanimidad.
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