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VERANO NEGRO EN ARAGÓN

Javier Betrán, el cazador que vivió "desde dentro" el fuego de Riglos: "En Arbués se escuchó chillar a los jabalíes desde los barrancos, se estaban abrasando"

Javier Betrán permaneció en Santa Cruz de la Serós para ayudar en la lucha contra un fuego que ha vivido desde "dentro" y del que resalta el buen hacer de todos los vecinos que han puesto "a disposición" sus conocimientos del terreno

Javier Betrán, cazador de La Jacetania, en Latras.

Javier Betrán, cazador de La Jacetania, en Latras. / Rubén Ruiz

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Jaca / Latras

Se sabe conocedor del terreno porque vive y trabaja sobre él. Javier Betrán frecuenta los valles del Prepirineo y aledaños porque "desde crío" es cazador en La Jacetania. Por eso está también familiarizado con el entorno de Santa Cruz de la Serós, pueblo en el que ha pasado los últimos días para, junto a otros compañeros, ayudar en la lucha contra el atroz fuego de las Peñas de Riglos. "Hemos estado 24 horas, día y noche sin salir de allí. Lo hemos vivido desde dentro", explica. Señala que su intención ha sido poner todos sus conocimientos "a disposición del resto".

El que es ya el peor incendio de la historia de Aragón fue declarado el lunes 10 de agosto en el entorno de La Peña. Allí comenzó a devorar hectáreas y cogió carrerilla para en pocos días amenazar hasta 19 pueblos, entre ellos Santa Cruz de la Serós. Sus vecinos vuelven hoy a casa, son los últimos realojados. Cuenta Betrán que, antes de que llegaran las llamas, "un montón de gente" de los valles de Hecho y Ansó hizo cortafuegos guiados por un grupo de cazadores que conocía el terreno y que, con el fin de mantener el orden, se repartieron en cuadrillas para "coger los nombres y matrículas de coche para controlar si alguien no estaba en algún momento".

Pero el incendio de Riglos avanzó sin control y Betrán se afincó junto a otros vecinos en casa de un amigo de Santa Cruz de la Serós. "En pueblos como este, Puente la Reina o Bailo nos dejaron carros con autobombas y mangueras. Se podían enganchar al coche y con eso hicimos mucha tarea", comparte. Haber tratado el terreno jugó a su favor porque "tiraron" de las tomas de agua que conocían. "Sabíamos que antes del monasterio nuevo de San Juan de la Peña hay un aljibe y ahí llenábamos para hacer trayectos más cortos y no tener que ir al pueblo", ejemplifica.

Javier Betrán junto a su amigo Miguel, vecino de Santa Cruz de la Serós.

Javier Betrán junto a su amigo Miguel, vecino de Santa Cruz de la Serós. / Servicio Especial

Este cazador apunta a que, además de masa forestal, el fuego también habrá terminado con la vida de distintos animales, y mientras "los más pequeños como reptiles o insectos se habrán abrasado y desaparecido en su mayoría", otros más grandes como corzos o jabalíes podrían haberse desplazado a los cotos vecinos. "Son listos y el fuego les manda, aunque habrá engañado a alguno y lo habrá pillado", dice. Comparte que "el pasado miércoles estuvo muy complicada la cosa en Arbués y amigos que estaban apagando el fuego escuchaban chillar a los jabalíes desde el interior de los barrancos". "Se estarían abrasando", aclara.

Además de cazadores, entre los voluntarios que lucharon contra el fuego había también agricultores y ganaderos que, defiende Betrán, "se han ganado lo que no está escrito". Recuerda que el viernes y el sábado se vivió una situación "jodida" en Santa Cruz de la Serós, con "helicópteros cogiendo agua de la piscina y gente con cubas y tractores bajando al río Aragón en busca de más". "Son personas que ha dormido dos o tres horas por día. Es una barbaridad, se me encoge el corazón de pensar en la disposición que ha habido", expresa.

La entrega de los vecinos

Él tiene la certeza de que las poblaciones se han movido para defender sus tierras incluso "jugándose sus vehículos -"A muchos se les han roto tractores, cubas, aperos de labranza...", detalla- y con su dinero. "El domingo había gente que ya llevaba gastados 2.000 euros de su bolsillo en gasoil", apunta. Pero evita centrar la atención en lo económico y sostiene que "lo que se ha puesto es corazón".

Para ayudar en la lucha contra el fuego, los voluntarios han tratado de organizarse con los cientos de profesionales que lo combaten sin descanso, algo que reconoce que ha resultado "complejo" para ambas partes y ha generado ciertas "discusiones y problemas" entre personas por falta de entendimiento. Indica que ha habido con quienes han podido trabajar de la mano y defiende que la experiencia de la gente del territorio han sido de gran utilidad. "Somos conocedores de la zona, y sabemos qué senderos llevan por un lado, por otro. Nos han pedido ayuda y hemos colaborado con ellos lo que se ha podido", expone.

Después de ver las miles de hectáreas calcinadas, Betrán analiza cómo estaban las pistas forestales antes y después del incendio de Riglos: "Había un abandono parcial de las administraciones y los accesos eran complicados tirando a justos. Ahora los bulldozer han abierto algunas que estaban perdidas y se han podido recuperar". También apunta a una falta de ganado en el monte, que asevera que "hace que esté más limpio", y al cambio climático como causas que contribuyen a la rápida propagación de las llamas.

"Sentimos que hay una sobreprotección desmesurada, sobre todo en cuanto a la flora, que lleva a que esto sea un polvorín", considera Betrán, que agrega que una vez se extinga el incendio se van a encontrar con la dificultad de dónde estabular el ganado durante el invierno. "Hay que llevarlo a zona baja o de Pardina, como es Villalangua, y como no se va a poder, lo van a tener que hacer en casa", desgrana tras explicar que por ley "está prohibido meter ganado en zonas quemadas" durante un periodo determinado de años. "Llegará la primavera y brotará todo, y ese será momento de mantenerlo con ganado para que no vuelva a pasar lo que ha pasado", asevera. Le preocupa la situación de La Jacetania en la que vive y trabaja "desde crío".

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