Llega la noche después de un día muy duro y complicado. Nuestras defensas (en cuanto a lo que deberíamos comer) están más bajas y echamos mano de lo que no deberíamos para la hora de cenar. Ya desde por la tarde nuestro metabolismo se ralentiza, por lo que antes de ir a la cama la recomendación es cenar ligero, en su justa medida, y esperar al desayuno para hacer una comida más copiosa que nos dé energía para todo el día.

Además, cenar de forma ligera permite un mejor descanso, por lo que ayuda con el insomnio, y también es un buen hábito que ayuda a perder peso. Sobre todo si se consumen alimentos con bajo nivel calórico y se complementan con pequeños gestos, como dar un paseo de unos 15 minutos después de cenar.

Para ello uno de los grandes aliados es el huevo, un alimento muy básico, presente en todo tipo de casas, muy económico y rico. Además, permite ser cocinado de multitud de maneras, pero el médico Nick Bitz recomienda consumirlo cocido.

"Descubrí que comer un poco de proteína por la noche antes de dormir, unos 6 gramos, que es el equivalente de un huevo, hace que el nivel de azúcar en la sangre se mantenga estable durante la mayor parte de noche", explica. En definitiva, regula la hormona del estrés y la glucosa.

Ideal para cenar

El huevo, aparte de las propiedades ya mencionadas, tiene un buen equilibrio entre proteínas y grasas saludables, indispensables para nuestro día. Y como otros alimentos, tiene propiedades saciantes, por lo que nos ayudará a ingerir menos alimentos y, por tanto, adelgazar de forma más cómoda. Pero no solo eso, sus efectos se prolongan hasta día y medio después, como han demostrado diversos estudios.

Por todo ello es ideal para cenar, ya que además se puede incluir en una ensalada o acompañar un pescado a la plancha, una carne o añadirlo a una sopa ligera, un alimento que ahora regresa el frío apetece para templar el cuerpo.