Llegas al supermercado o a una pescadería normal y corriente y lo último que esperas es encontrar pescado amenazado y en peligro de extinción. Pues te puede pasar tranquilamente, aunque parezca extraño y, sobre todo, imposible ya que se supone que en algún eslabón intermedio de la cadena entre la pesca y tu mesa se debe interceptar.

Sin embargo, con un pescado esa cadena ha fallado estrepitosamente, según denunció El Confidencial en un reportaje en el que explica que es común encontrar en las lonjas especies de raya en peligro de extinción.

"Un detalle envía un mensaje preocupante sobre la alfombra de hielo. Todos sus acompañantes están de una sola pieza: urtas de Cádiz, rodaballos salvajes, lubinas y doradas, cabrachos de roca, pargos de Conil… Todos con su piel, cabeza y entrañas, pero de esta especie solo encontramos las alas, limpias y desolladas. Además, resulta que el producto está mal etiquetado. Manta birostris es el nombre científico de la mantarraya gigante, una especie de siete metros de largo y hasta 1.600 kilos que nada tiene que ver con el ejemplar que vende esta pescadería", relata el reportaje en una pescadería de Madrid.

Técnica cruel

Se sabe que ocho de las 32 especies de raya que hay en el Mediterráneo están en peligro de extinción y el problema viene en el etiquetado, ya que se pone bajo un nombre genérico, que es "raja sp". De hecho, la estimación que hace Claudio Barría,  investigador en el Instituto de Ciencias del Mar (ICM) del CSIC en el citado artículo, es que hay un 50% de posibilidades de consumir raya amenazada.

De hecho es un caso similar al del cazón y el tiburón, ya que este último era etiquetado como cazón y, sin darnos cuenta, consumíamos tiburón en realidad.

Una técnica que sirve para sortear los controles y que además es muy cruel es realizar pesca de arrastre, coger del fondo del mar todo lo que pille la red, cortar las aletas a las rayas y devolver mutiladas al mar para que no se pueda comprobar la especie concreta o que sea muchísimo más difícil.