El lavavajillas es un electrodoméstico que necesita ciertos cuidados, lo mismo que la lavadora. Resulta paradójico o incluso extraño que los electrodomésticos destinados a limpiar necesitan una limpieza y un cuidado periódico.

Ese es uno de los motivos por los que tu vajilla puede no salir todo lo limpia que desearíamos, pero hay más, como no emplear los productos adecuados o no usar el programa que sea necesario.

Pero hay uno de los aspectos en los que menos se repara y es en que, cuando abrimos la puerta del lavavajillas, puede estar todavía algo húmeda y con gotas de agua. Y eso es muy molesto, porque tenemos que perder tiempo en coger un trapo y secar las copas, los vasos, los platos o incluso los cubiertos y acabamos perdiendo un tiempo que es muy valioso.

Los dos trucos

Pero para ello tenemos dos trucos que son muy sencillos de aplicar y que no te costarán nada. Ni tendrás que esforzarte, ni ponerte a hacer nada. Solo esperar.

El primero de ellos es tan fácil y sencillo como esperar un poquito más. Solemos poner el lavavajillas, que actúa a una temperatura elevada o muy alta, según el programa, y cuando acaba abrimos la puerta y nos ponemos a recoger, incluso con la vajilla todavía caliente. Pues ahí precisamente está el error. Igual que la vajilla está caliente, el lavavajillas también lo está, por lo que contiene vapores y temperaturas que secan por sí misma la vajilla.

Es decir, así como la ropa de la lavadora hay que sacarla y tenderla cuanto antes, no es el caso del lavavajillas. Estará apagado y no consumirá, solo tienes que no abrir la puerta en unos 15-20 minutos.

Y el segundo truco es poner un trapo en la puerta del electrodoméstico durante media hora. Así, podrá absorber la humedad sobrante y que quede todo perfecto.