Una vitrocerámica bien limpia y brillante es un gusto a la vista. Da una sensación de pulcritud y de desinfección que resalta por encima de otros elementos de la cocina. Ahora bien, no es fácil tenerla casi como si hubiera salido de fábrica. Con el tiempo se va rayando por el paso natural del tiempo y el paso de ollas, sartenes y otros utensilios.

Y también aparecen unas manchas, generalmente redondas, de textura áspera y aspecto quemado que son muy incómodas. Primero, porque significa que la vitrocerámica no está todo lo limpia que se podría o que se debería. Segundo, ya que por consiguiente no está desinfectada tampoco, algo que es importantísimo. Y tercero, sobre todo, porque son muy difíciles de eliminar.

Es verdad que lo ideal es tener cuidado y que no caigan restos y, en caso de que suceda, tratar de quitarlos lo antes posible para que no se queden pegados a la vitrocerámica, pero no es menos cierto que a veces, simplemente, es imposible. Ahora bien, no te apures porque hay remedio y además es barato, sencillo de preparar y más fácil aún de aplicar.

Además, la limpieza de la vitrocerámica es muy importante. Como siempre hemos defendido, el baño y la cocina son las estancias que mayor pulcritud necesitan y, en el caso de la cocina, porque es el lugar en el que se preparan, cocinan y hasta se consumen (dependiendo de cada familia y hogar) los alimentos, por lo que necesita un extra de limpieza para evitar posibles bacterias e infecciones dañinas.

El truco

Para eliminar esas manchas quemadas que se pegan al electrodoméstico y que no hay manera de eliminar con solo agua, una bayeta, jabón o un quitagrasas industrial incluso, solo hay que hacer una mezcla con ingredientes que todos tenemos en casa y que sirven para un roto y un descosido.

Lo primero que se debe hacer es una pasta con bicarbonato sódico y agua. El bicarbonato es uno de los grandes ases de la limpieza porque, por sus características, es un brutal desincrustante de la suciedad. Para ello, mezcla dos cucharadas con un poco de agua en un vaso o recipiente hasta que se forme una pasta más bien densa y homogénea.

Aplícala directamente sobre las manchas quemadas y, acto seguido, rocía el ingrediente que va a hacer reacción con el bicarbonato y va a eliminar toda la suciedad de un plumazo: el vinagre. Si es de limpieza, mejor. Verás que reacciona y se forma una especie de espuma y, tras cinco minutos, simplemente retira los restos y listo. Si quieres sacarle brillo, puedes pasar una bayeta o paño con un poco de vinagre.