Santiago Niño Becerra siempre se ha caracterizado por hablar alto y claro de la situación que él ve y analiza en materia económica. Ya hace unas semanas habló sobre la situación de los restaurantes y lanzó una aterradora predicción, que mucha gente tachó como exagerada.

El economista y profesor en la Universitat Ramón Llull de Barcelona, hizo una predicción que, en caso de cumplirse, pone en riesgo los cimientos de la hostelería. Aseguró que estamos "ante el último verano, como la película". Se refería al último verano gastando "en bares, carreteras, playas y restaurantes". Es decir, en ocio y vacaciones.

Pero no se quedó ahí, ya que adelantó que "en otoño todo apunta a que va a ser complicado, es una cosa psicológica, por eso que vivamos el momento y ya luego veamos lo que sucede". Y después en Twitter soltó la bomba: "Hace dos días me comentaba alguien que conoce en profundidad el mundo de la restauración que la tendencia es clara: irán a más los locales de alto nivel y los de muy bajo. En meses ya se producirán cierres que pueden alcanzar el 75% de los restaurantes actuales. ¿Les suena?".

Niño Becerra insiste

Y sigue insistiendo el economista en que la situación de los restaurantes está cerca de ser la ideal. Un propietario de un restaurante de nivel medio alto le comentó que su clientela se compone de un 50% de españoles y un 50% de extranjeros y que "el número de servicios ha caído a la mitad", en comparación con el mismo periodo del año pasado.

Pero hay más: "Los costes de todos los productos que utiliza se han incrementado, algunos hasta el 52%. Él ha subido precios un 15%. Los clientes se han quejado. Ha tomado medidas: solo está abriendo viernes noche, sábado y domingo mediodía", explica.

Puente clave

Lo que está diciendo Niño Becerra es que, como él predijo, el nivel adquisitivo de los españoles está bajando y, por tanto, se gasta más dinero en sobrevivir y menos en ocio. Y ahí entran los restaurantes. Y para terminar de formar el cóctel perfecto, que los precios hayan subido tampoco ayuda a que la gente salga.

Por eso, dice Niño Becerra, "el acueducto del 6 y 8 de diciembre será un test". "No ve bien el mañana. Otros colegas lo ven igual", sentencia el economista.