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Un complemento ideal para la dieta desperdiciado por la mayoría: estos son los errores más comunes a la hora de comer arándanos

Una fruta que no sirve comérsela de cualquier manera para aprovechar todas sus propiedades nutricionales

Un cuenco lleno de arándanos, con algunos desperdigados por la mesa

Un cuenco lleno de arándanos, con algunos desperdigados por la mesa / PIXABAY

Zaragoza

Según múltiples estudios y nutricionistas, una persona debe tomar en torno a unas tres piezas de fruta al día. Sin embargo, las más pequeñas o divididas en porciones deben tenerse más en cuenta para una mejor conservación o aprovechamiento de las mismas. Especialmente los arándanos son con los que hay que tener cierto cuidado para no tirar por la borda todas sus cualidades nutritivas.

Estas bayas son muy ricas en antocianinas, un pigmento natural que actúa como un potente antioxidante para el cuerpo humano, además de fortalecer la salud vascular y proteger la salud del cerebro y el sentido de la vista, lo cual las convierte en unas auténticas perlas dentro de una dieta.

¿Cómo ingerirlos?

No obstante, la mayoría de personas que las consumen no saben como 'pulir' sus cualidades, es más, las contrarrestan. El error más común a la hora de comer arándanos es cocinarlos, ya que la antocianina es termolábil, es decir, el calor las destruye. En este caso, muchas recetas calcinan estos flavonoides en el horno, debido a que se usan frecuentemente para la repostería (bizcochos, magdalenas o tartas), lo que hace que pierdan casi todas sus beneficios.

Es por eso que la recomendación máxima de los nutricionistas es comer los arándanos crudos y frescos. Varias posibilidades para combinarlos y las más óptimas son con yogur griego natural o frutos secos, tales como las nueces o las almendras, que son alimentos altos en grasas saludables.

A esto se le añade que los lípidos favorecen la absorción intestinal de las antocianinas, algo que, por el contrario, no hacen yogures más azucarados, cereales o, por supuesto, bollería industrial. Su explicación es sencilla: todos estos productos provocan en el sistema digestivo un pico de insulina que provoca un efecto contrario a la de los flavonoides. Otro acompañante popular para estas bayas es la miel, sin embargo, la historia sigue siendo la misma, contiene azúcar simple pese a ser natural en la mayoría de ocasiones.

El mejor tramo del día donde consumir esta fruta es o a primera hora en el desayuno o a mitad de tarde para merendar. Ya que son horas de un entorno metabólico limpio y cuando más se van a poder explotar sus propiedades.

La cantidad ideal para su consumo diario sería la equivalente a la de una pieza de fruta, más o menos unos 150 gramos o una taza pequeña. Agregado a esto, está el factor de cómo se mastican, algo que se debe hacer muy bien para aprovechar todos sus compuestos beneficiones que se ubican en su piel. El no hacerlo supondría que sus polifenoles () no se liberarían y que se absorberían mal en el intestino.

Beneficios para la tercera edad

Para la población más envejecida, los arándanos se han convertido en una fruta especialmente valiosa por su capacidad para proteger el cerebro y la circulación, todo unos neuroprotectores. Su riqueza en antocianinas ayuda a combatir el estrés oxidativo, un proceso que se acelera con el envejecimiento y que daña las células. Diversos estudios han observado que el consumo regular de arándanos puede mejorar la microcirculación cerebral, favoreciendo la memoria, la atención y la agilidad mental, aspectos clave para mantener la autonomía y la calidad de vida a partir de los 60 años.

Además, los arándanos también aportan beneficios importantes para la salud visual, uno de los sistemas más vulnerables con la edad. Las antocianinas contribuyen a proteger la retina y a retrasar el deterioro asociado a la degeneración macular, una de las principales causas de pérdida de visión en personas mayores. Consumidos en crudo y de forma habitual, los arándanos actúan como un apoyo nutricional sencillo pero eficaz, ayudando a cuidar tanto la mente como la vista sin necesidad de cambios complejos en la dieta diaria.

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