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Los agricultores coinciden: "No tires el agua que sobra del arroz, úsala para regar las plantas más pequeñas"

El agua de arroz, un gran recurso doméstico con usos desconocidos

Arroz blanco

Arroz blanco / PIXABAY

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En muchas cocinas de la sociedad española, preparar un arroz es un gesto rutinario: se enjuaga, se escurre y el agua blanca que cae del colador termina en el fregadero. No obstante, ese líquido que solemos desechar sin importancia alguna tiene un valor inesperado. Agricultores y expertos en manejo del suelo coinciden en que el agua de arroz puede convertirse en un aliado para mantener plantas más fuertes, suelos más vivos y mejor capacidad de absorción. Un recurso cotidiano, que puede ofrecer beneficios muy sorprendentes.

Cuando se lava el arroz, el grano libera almidón y pequeñas partículas que quedan suspendidas en el agua. Ese líquido, de aspecto blanquecino, es suave y pobre en sales y rico en carbohidratos simples. No es un fertilizante en sí mismo, pero sí un activador biológico, ya que crea un entorno favorable para microorganismos beneficiosos del suelo, fundamentales para que las raíces puedan aliementarse con más eficacia.

Cultivos de arroz en Asia, un producto que consume mucha agua

Cultivos de arroz en Asia, un producto que consume mucha agua / Pixabay

Un agricultor ha explicado, precisamente, los beneficios de realizar esta tráctica cuando se hierve arroz para cualquier receta. El experto en cultivo señala que, el agua de arroz, “ayuda a que la parte radicular esté más cómoda, porque genera un hábitat donde los microorganismos buenos proliferan”. Según detalla, esa proliferación puede aumentar hasta un 30 % cuando el agua se fermenta correctamente, lo que mejora la estructura del suelo y favorece la actividad de lombrices y bacterias beneficiosas.

Cómo se prepara y cómo se usa

El proceso es extremadamente sencillo. Tras lavar el arroz, se guarda el agua en un recipiente limpio. Para obtener un resultado más efectivo, algunos agricultores la fermentan: se mezcla con una pequeña cantidad de leche, que actúa como reactivo, y se deja reposar. El resultado es un líquido más activo, que debe aplicarse siempre diluido con agua corriente para evitar saturaciones.

Este preparado se usa para regar plantas jóvenes, especialmente aquellas con raíces finas y sensibles. Su suavidad evita daños y favorece que el suelo mantenga una microbiota equilibrada. También, funciona como atrayente de lombrices, esenciales para airear la tierra y mejorar la retención de nutrientes. A diferencia del humus de lombriz, que requiere tiempo y compostaje, el agua de arroz ofrece una reacción inmediata y accesible para cualquier hogar.

Una sociedad que busca reducir residuos

El agua de arroz puede aplicarse en plantas ornamentales, macetas de interior y cultivos de pequeño tamaño. Aunque esta práctica no sustituye al riego habitual ni a los fertilizantes del cutlivo sí complemente el cuidado del suelo. Además, conviene alternarla con agua corriente y mantener una frecuencia moderada. En un momento en el que cada vez más hogares buscan aprovechar mejor los recursos y reducir residuos, el agua de arroz se presenta como un ejemplo claro de algo a lo que se le puede dar una segunda vida útil.

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