En 1969, el actor Robert Redford interpretó al forajido Sundance Kid en Dos hombres y un destino, el que significó el primero de sus dos filmes mano a mano con Paul Newman, con el que repitió en El golpe cuatro años después, formando la más estelar pareja masculina del firmamento hollywoodiense de entonces. El personaje de Sundance, un bandolero con una cierta aura romántica e independiente, marcó su carrera hasta el punto de que en 1981, cuando Redford creó su propio instituto de ayudas cinematográficas, le puso a éste el nombre de aquel personaje: Sundance Institute. El instituto derivó también en el más prestigioso de los festivales de cine independiente, con lo que Redford se convirtió en la primera estrella que actuaba de mecenas para los cineastas que trabajaban en el extrarradio de Hollywood.

Redford cumplirá mañana 75 años (nació en Santa Mónica, California, el 18 de agosto de 1936). Parece que su tiempo pasó por completo pero, de un modo u otro, como mecenas, productor, actor y director, ha seguido estando presente en las dos últimas décadas alternando con paciencia trabajos comerciales con otros más arriesgados.

Como Newman, su pareja en Dos hombres y un destino y El golpe, ambas dirigidas por George Roy Hill, Redford no fue, en la época dorada de su carrera, una estrella al uso. Tenía talento y glamur a partes iguales, pero no se contentó con ser un simple galán. La relación con Sydney Pollack, uno de los que le ayudó a fundar el Sundance Institute, fue esencial.

CINE COMPROMETIDO Con este director interpretó algunos de los filmes que cimentaron su estilo actoral y su prestigio comercial, siempre dentro de los márgenes de un cine más o menos comprometido: Las aventuras de Jeremiah Johnson (wéstern ecologista), Tal como éramos (melodrama con la caza de brujas como telón de fondo), Los tres días del cóndor (espionaje y corrupción política), El jinete eléctrico (un relato del oeste crepuscular con Jane Fonda), Memorias de África (romance y aventura africana junto a Meryl Streep) y Habana (ambientada en los días previos a la revolución castrista).

Claro que en esa época, años 70 y 80, Redford no solo vivió de su colaboración con Pollack y Roy Hill. En 1974 fue un casi perfecto gran Gatsby en la adaptación que Jack Clayton, con guión de Francis Ford Coppola, realizó de la obra maestra de Francis Scott Fitzgerald. Y dos años después, esta vez a las órdenes de Alan J. Pakula, encarnó al periodista Bob Woodward, azote del presidente Nixon junto a su compañero Carl Bernstein (Dustin Hoffman), en Todos los hombres del presidente.

El cine con trasfondo polí-tico no le fue ajeno. Además de esta película sobre el caso Watergate, Redford protagonizó El candidato (1972), un filme honesto sobre las campañas electorales en EEUU, o Brubaker (1980), en el que incorporó a un director de prisiones con conciencia liberal.

Redford fue espaciando sus apariciones como actor a medida que iba tomando forma su carrera como director: su debut tras la cámara con Gente corriente (1980) le reportó varios Oscar (mejor película y director), así que siguió en el intento con películas un poco a rebufo de lo que se esperaba de él como actor: Un lugar llamado Milagro, El río de la vida, Quiz show: el dilema, El hombre que susurraba a los caballos, La leyenda de Bagger Vance, Leones por corderos y la aún inédita La conspiración, centrada en el asesinato del presidente Lincoln. En el 2002 se le concedió un Oscar honorífico.