Como el protagonista de la serie de libros infantiles El pequeño Nicolás, donde René Goscinny (Astérix y Obélix) narra en primera persona las travesuras de un niño, el pequeño Nicolás español (Francisco Nicolás Gómez-Iglesias) podría ser carne de historieta porque no ha parado de meterse en líos hasta acabar en el calabozo por intentar timar a varias personas mientras el interés mediático por él crece sin parar (Ana Rosa Quintana le pide cada mañana en antena que acuda a su plató, y los memes sobre sus selfies con famosos son continuos). Pero las peripecias de este joven de 20 años, que se ha encerrado en casa desde que salió del cuartelillo, podrían llegar a la gran pantalla. Según revela Ramón Lobo en su artículo El pequeño Nicolás, timador de timadores, en Diario.es, "sus abogados no solo preparan estos días su defensa, también los contratos para un libro y quizá una película propia, que el verdadero negocio no ha hecho más que comenzar".

Y es que las hazañas del marqués de la prosperidad, como le llamaban en su barrio debido al tren de vida que llevaba, da para eso y más. El limpiabotas de La Tertulia Bar, Fernando Salazar, explicó a Elconfidencial.com que era su cliente más joven y rico, y que le estuvo abrillantando los zapatos durante los dos últimos años.

También ha salido a la palestra Alberto Espinosa, un amigo del célebre joven. Durante la sección Amigas y conocidas que presenta Inés Ballester en el programa La mañana de La 1, relató que lo que más le llamó la atención de su amigo era la "obsesión que tenía por el poder". De hecho, recuerda que tras la victoria del Partido Popular en las últimas elecciones, se lo encontró y le dijo: "Me voy a ver a Rajoy porque han ganado las elecciones y hay mucho que hacer", dando a entender que era asesor del Gobierno. Cosa que a Espinosa le sonó a cuento chino. Este amigo cree que el pequeño Nicolás "puede estar arrepentido por todo lo que ha ocurrido" y asegura que "está desbordado por los quince días de presión mediática" que está sufriendo.

CON CHÓFER No parecía tan preocupado cuando alardeaba de ficticios contactos políticos y empresariales inalcanzables para cualquiera mientras mostraba una sonrisa inofensiva y se presentaba como asesor de la vicepresidenta del Gobierno o del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Ese poder de persuasión le permitió colarse en actos como la coronación del rey Felipe VI, que el joven colgó la foto en las redes sociales.

Se movía con automóviles de lujo, con chófer porque no tiene el carnet de conducir; vivía en un chalet de la lujosa urbanización madrileña de El Viso y era asiduo al palco del Bernabéu, por lo que nadie sospechó de este joven hasta que los servicios de seguridad de La Moncloa se encargaron de alertar a la Policía, quien puso fin a la farsa.