El interior de la antigua joyería Aladrén, en la céntrica calle Alfonso de Zaragoza, está «destrozado», aunque la mayoría de los elementos catalogados se encuentran en buen estado y no se han visto afectados por los daños que el actual inquilino ha causado en el local. El ayuntamiento clausuró el establecimiento el pasado día 12 después de constatar que se había producido un expolio del farol y de la cartelera de la fachada. Una semana después, los técnicos municipales de Patrimonio y los de la DGA accedieron a su interior, con permiso del actual arrendador, para inspeccionar el estado en el que se encontraba y, según los informes, los bienes catalogados del que también fue el Gran Café Zaragoza no han sido dañados. El expolio está en manos de la Fiscalía. 

El propietario del local, Santiago Baselga, ha asegurado a EL PERIÓDICO que el antiguo café está «completamente destrozado» por dentro. Es lo que ha podido constatar con las imágenes tomadas por el servicio de Inspección municipal y que han sido incluidas en los informes de los técnicos. Según ha indicado, la barra de bar, hecha con la madera del antiguo mostrador de la joyería y catalogada, ha sido parcialmente destruida, también el suelo de mármol o la sala Luis XVI. Al parecer, ha sido utilizada como almacén y han desaparecido los apliques de gran valor patrimonial de este pequeño salón. El farol y la cartelera que se retiró de la fachada se encuentran en el interior y no presentan daños.

El farol y la cartelería de la fachada han sido retirados después de más de 50 años por el actual inquilino. ÁNGEL DE CASTRO

Las paredes de la antigua joyería también están afectadas «resultado de los martillazos que les han dado». «En las fotos se puede constatar que, como denunciamos, han utilizado picos, palas martillos y sierras eléctricas para destruir el espacio», ha señalado. 

Baselga, que asegura que la implicación de Urbanismo ha impedido que haya habido daños más graves, ya ha puesto en conocimiento de la Justicia los hechos, ampliando la demanda que ya había interpuesto y, a la espera de poder acceder al establecimiento (el próximo lunes), el propietario del local aventura que será necesario realizar una «importante inversión» para recuperar este emblemático lugar de la capital aragonesa, que abrió por primera vez sus puertas en 1885 y que está asegurado «en más de 5 millones de euros».

El contrato con el actual arrendatario finaliza el 31 de mayo, tras un año de problemas que comenzaron cuando el actual inquilino accedió al café, que lleva varios meses cerrado y que le traspasó su hermano poco antes del estado de alarma. Hace 15 años que la familia Baselga alquiló el local por primera vez y nunca se habían enfrentado a esta situación. 

Baselga explica que habían tratado de finalizar el contrato de alquiler en varias ocasiones sin éxito para evitar que los problemas se prolongaran en el tiempo y con el propósito de iniciar una reforma con la que la familia quiere recuperar la esencia de la antigua joyería. 

Según señala, hace meses que le trasladaron al inquilino su intención de condonarle la deuda del pago del alquiler desde abril de 2020 hasta mayo este año y devolverle la fianza, de 13.200 euros. Una cuantía que, según Baselga, debería utilizar para costear los destrozos, pero que procederá a devolver para evitar que se alargue este proceso que, en principio, terminará en solo tres días.