Hay una zona en Zaragoza que no sigue los ritmos del resto de la ciudad. Las cervezas en las mesas no son nunca una, suelen ser cinco o seis. Y con los cafés pasa lo mismo. Al mismo tiempo, este entorno rebosa conocimiento. Los apuntes y los libros se acumulan por los rincones. Es el campus San Francisco de la Universidad de Zaragoza y sus aledaños. La city, como la conocen todos la que la frecuentan.

La calle Pedro Cerbuna es uno de los enclaves más frecuentados por los universitarios. En esta vía hay bares que llevan más de 30 años dando servicio y todos tienen una cosa en común: los precios bajos.

«Casi todos nuestros clientes son estudiantes y van al céntimo. Es normal, todos hemos sido jóvenes. En esta calle tenemos que ser baratos por obligación. Ahora, te vas cien metros hacia allá (hacia Fernando el Católico) y en vez de 1,80 por una jarra te cobran 3,60. Hay que vender mucho para que sea rentable», explica Miguel Peiró, camarero de El Tuno, uno de los bares con más solera del entorno de la city. «Creo que el bar lleva 33 años pero yo llevo diez. Y este año estamos vendiendo más porque han cerrado las cafeterías de la universidad», asegura este trabajador.

Los jóvenes se acumulan en las terrazas tras las jornadas de estudio. | JAIME GALINDO

En su terraza, casi siempre llena, un grupo de jóvenes charra alegremente jarra en mano. «Es un poco chungo encontrar sitio y estos meses lo hemos pasado mal. Salíamos de clase a las 20.00 y a las 18.00 ya habían cerrado todo. En las aulas estábamos todos y sin mucho espacio y luego no podíamos tomar nada al aire libre», lamenta una de las estudiantes sentadas. Todos, además, reconocían que alguna multa se han llevado por «no llevar mascarilla o por fumar sin respetar el espacio mínimo». «Yo llevo una, sí». «Y yo dos», dicen.

Precisamente sobre esta cuestión se pronuncia otro chaval sentado junto con dos amigas en la mesa de otro bar de la calle Pedro Cerbuna. «Aquí la Policía va a saco. Como somos jóvenes pues pagamos el pato. Si te vas a las terrazas de la plaza San Francisco, aquí al lado, hay gente más mayor que tampoco cumplen muchas normas y seguro que se ha llevado muchas menos multas», dice este estudiante de Filología Hispánica, que prefiere permanecer en el anonimato.

Cambiando la polémica por los bocadillos llega uno hasta el London, otro de los establecimientos con más experiencia en esto de servir y atender a los estudiantes de la universidad. Antes de la pandemia, en un buen fin de semana, podían preparar hasta 400 entrepanes en un día. «Llevamos 36 años aquí. Al principio esto era una zona de copas pero después pegó un bajón y más tarde empezamos con los estudiantes», explica el dueño, Miguel Escó.

Rodeando el estanque

Más allá de los bares, la city tiene una peculiaridad poco frecuente en Zaragoza. Un parque alrededor del estanque central del campus de San Francisco que los jóvenes disfrutan sin temor a molestar a nadie. «En otros parques de la ciudad da miedo sentarse y ponerse a comer, sin ir más lejos. Parece que solo se puede pasear y si no es que estás haciendo algo malo. Aquí te puedes tumbar, leer, vienes con unos amigos y te pones a tocar la guitarra, puedes hacer un picnic... Y nadie te toca las narices», asegura Miguel Rodrigo, que tiene 24 años y acabó sus estudios hace dos años. «Sigo viniendo porque hay mucha paz», cuenta.

Cerca, en un banco, un grupo de seis estudiantes de Física y Biotecnología comen «tranquilos como siempre». «Se está muy bien aquí, pero el problema es que no vemos a nuestra familia. Estamos todo el día aquí o en el Koala (otro bar de la zona). Y ahora que son exámenes más», dice una joven, que lamenta no haber disfrutado «como esperaba» de su primer año de carrera. «Es como Bachillerato pero ahora suspendemos más», ríen. Eso sí, siempre estará la city para consolarse.

Miguel Peiró es camarero en El Tuno, uno de los bares veteranos. | JAIME GALINDO