La Comisión de Patrimonio del Gobierno de Aragón solicitó al Ayuntamiento de Zaragoza que redujera el número de árboles que incluía el proyecto de reforma de la plaza Santa Engracia, de 20 a nueve, además de que se eliminasen parte de las zonas ajardinadas previstas. Una petición que tenía un único objetivo: que no hubiera elementos visuales que restaran protagonismo a la basílica menor que le da nombre a la plaza y que fue el primer monumento nacional catalogado en la ciudad, en 1882, dos décadas antes que la del Pilar.

El consistorio zaragozano ha recibido varias críticas por el resultado de la plaza, con mucho cemento y poco verde. El proyecto que inicialmente trasladó a la Comisión de Patrimonio incluía 20 árboles nuevos en lugar de los nueve plantados en esta explanada de 2.600 metros cuadrados de superficie por la que la no circulan los coches.

Según los informes del Área de lnfraestructuras, Vivienda y Medio Ambiente, la Comisión de Patrimonio rechazó la diversidad de elementos introducidos en la propuesta, como los árboles, la vegetación distribuida en parterres de forma trapezoidal o los bancos. Ya en la primera propuesta redactada por el consistorio instó a los técnicos a «simplificarla» y a encontrar soluciones que armonizasen e integrasen el entorno del Bien de Interés Cultural (CIB), además de la fachada del edificio de Correos, de interés arquitectónico y donde se ha colocado el monumento en recuerdo a las víctimas del covid.

Los árboles descartados

Por ello, Infraestructuras descartó los tres nuevos árboles que iban en una posición central cerca del paseo lndependencia además de los que estaban próximos a las calles Tomás Castellano (uno), Inocencio Jiménez (dos) y a Joaquín Costa (otros dos). En resumen, la plaza cuenta a día de hoy con nueve árboles más que antes, cuando circulaban los coches.

Pero además de reclamar que se redujese el número de árboles nuevos, que pasaron de 20 a nueve, desde la Comisión de Patrimonio también se solicitó que se agrupasen las zonas verdes para evitar, nuevamente, que pudieran suponer un estorbo visual del templo. También se respondió a las peticiones de la DGA trasladando los bancos previstos en la zona central a los laterales, bajo los árboles.

El resultado es una amplía plaza, con poca sombra, pocas zonas verdes y demasiado cemento a la vista, pero sin coches y con la basílica menor como protagonista, tal y como reclamó Patrimonio que, por otro lado, fue quien propuso que se realizase una actuación en la zona.