Los servicios de inspección del área de Urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza visitarán la Casa Soláns, en la avenida Cataluña, para comprobar el estado de conservación de esta edificación, catalogada como Bien de Interés Cultural. La acción de control se va a llevar a cabo tras una instancia presentada por la Asociación de Vecinos del Barrio Jesús la cual, con motivo del cien aniversario de la construcción, repararon en unas cuantas deficiencias.

La preocupación de los vecinos vino dada por el visible deterioro la carpintería exterior y de alguno de los murales de cerámica que decoran la casa. «La estructura está bien, se reformó en el 2005, pero desde entonces parece que no se ha hecho ninguna actuación para conservarla. Necesita chapa y pintura», explica Raúl Gascón, presidente de la asociación.

En las fotografías tomadas por los propios vecinos del barrio se observa que las persianas de madera están muy desgastadas, así como que la decoración de la fachada presenta algunas pequeñas grietas. «No sabemos si han estado siempre ahí, pero debería ir alguien a comprobarlo si están creciendo y si se puede hacer algo», dice Gascón. Además, desde la asociación alertan de que varias parejas de palomas han anidado en los aleros de la casa, generando mucha suciedad. Los excrementos de estas aves, además, son corrosivos, lo que podría empeorar el aspecto exterior de este bien catalogado y protegido.

AVV BARRIO JESÚS

La instancia presentada por los vecinos no ha estado exenta de polémica, tal y como lamentó la asociación en su perfil de Twitter. Allí criticaron que el Ayuntamiento de Zaragoza les manifestara que tenían que pagar una tasa de 77,80 euros para que el expediente de la inspección se tramitara. Según el consistorio se ha tratado de «un error administrativo» y se ha dado ya la orden de que no se cobre nada por la gestión. «Nosotros solo queríamos avisar de lo que estaba pasando, pero es un edificio público y protegido, no lo entendíamos», lamenta Gascón, que se congratula de que se vaya a subsanar el error. Ahora, en el barrio Jesús instan a que la inspección se haga «cuanto antes».

Más allá de los solucionar los desperfectos, la asociación de vecinos pide también que el consistorio inste a la propiedad del solar que hay junto a la Casa Soláns para que limpie el terreno, ya que hay mucha suciedad y han avistado ratas en la zona. También piden que el bus turístico vuelva a pasar por delante de este edificio, «que es un orgullo para el barrio y un icono» de la ciudad, y que se nombren los dos andadores que rodean la construcción con el nombre de Juan Soláns, el dueño original de la casa, y Rafaela Aisa, su mujer.

La Casa Soláns se acabó de construir en 1921 y en los años 70 sus herederos la vendieron a una inmobiliaria. Tras ello, estuvo 20 años deshabitada hasta que en 1995 se declaró en estado de ruina. El vandalismo y el abandono estuvieron a punto de acabar con esta construcción única en Zaragoza pero entonces las administraciones se pusieron manos a la obra. En 2002 fue declarada Bien de Interés Cultural y en 2005 culminó un proceso de reforma en el que se invirtieron 900.000 euros. Allí se instaló ese año la Oficina del Secretariado del Agua de Naciones Unidas hasta 2015 y, tras un periodo vacía, se le dio uso como sede de Ebrópolis y otros servicios del ayuntamiento. Ahora, los vecinos quieren que recupere todo su esplendor.