La Audiencia de Zaragoza ha impuesto una condena de siete años de cárcel a Carlos Gabriel Toro Villalobos por abusar sexualmente, mediante tocamientos y una penetración vaginal, de su hijastra, cuando esta tenía entre 16 y 18 años. Los hechos sucedieron entre 2018 y 2020 en la vivienda familiar, en la urbanización Rosales del Canal, en la capital aragonesa.

La sentencia considera probado que, a partir de los 16 años, el acusado «comenzó a tocar» a su hijastra «por encima de la ropa en sus partes íntimas». En una ocasión, explica la resolución, él sentó encima de ella y le tocó los pechos y trató de hacer lo mismo con la vagina.

El 9 de enero de 2020, precisa el fallo, el imputado, que deberá abonar 10.000 euros en concepto de indemnización por daños morales, se aprovechó de que la muchacha estaba dormida para meterle la mano en la vagina y, mientras ella simulaba que dormía, «la penetró vaginalmente sin preservativo, aunque no eyaculó» pues sonó un despertador y fue a apagarlo.

Ayuda de una amiga

La joven aprovechó entonces para avisar por el móvil a una amiga, la cual fue con su madre a denunciar los hechos a la Policía, que se presentó en el domicilio del autor de los abusos. La sentencia señala que la madre no daba crédito a los hechos que relataba su hija. El acusado ya había dormido con anterioridad con su víctima, con la que había una buena relación, sin que pasara nada.

Los magistrados indican que la víctima sufre en la actualidad un trastorno depresivo y estrés postraumático y fundamentan su sentencia, en la que absuelven a Toro Villalobos del delito de agresión sexual, en que los hechos «han quedado totalmente acreditados por las declaraciones de la víctima en las actuaciones y en la vista oral», que califican de «creíbles, coherentes, verosímiles y persistentes».

Las psicólogas que examinaron a la joven a instancias de la defensa concluyeron que "no se ha constatado la presencia de sintomatología de tipo traumático" en la denunciante, "lo que no obsta para que los hechos denunciados pudieran haberse producido".

Alejamiento

El acusado fue defendido en el juicio por el letrado José María Bayod, mientras que Candela Garríes ejerció la acusación, en la que pidió, como la fiscal, un total de 16 años de cárcel, pues además de abuso sexual imputaba un delito de agresión sexual, que ha sido descartado por la sala.

El fallo establece asimismo que el acusado no podrá aproximarse a menos de 200 metros de su víctima ni comunicarse por cualquier medio con ella. Además le impone cinco años de libertad vigilada tras cumplir la pena de prisión