En 1984, el vaciado del Canal Imperial de Aragón permitió hallar «al menos una veintena» de vehículos, según relatan las crónicas de la época, que habían sido robados en Zaragoza. Los ladrones los habían echado a lo largo del cauce a su paso por la capital aragonesa para deshacerse de ellos. A pesar de lo llamativo del descubrimiento, no es raro encontrar objetos de todo tipo en esta vía de agua, que lleva más de dos siglos abasteciendo del líquido elemento a los campos y los grifos de los zaragozanos.

El Canal Imperial de Aragón se vacía dos veces al año para poder realizar el mantenimiento del cauce y ha sido en las últimas semanas cuando se ha podido contemplar casi sin agua. «Lo hacemos en noviembre, cuando termina la campaña de riegos, y en febrero, antes de que comience otra vez», explica Julián Brihuega, responsable del Servicio de Explotación 1 de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE). Su cometido, ni mucho menos es limpiar de basura el lecho, aunque cuando el agua desaparece aprovechan para retirar los residuos urbanos que, por desgracia, todos los años aparecen gracias al incivismo de unos pocos.

«Nos encontramos de todo: una bicicleta, colchones, electrodomésticos de todo tipo. Una vez hasta una lavadora», dice Brihuega. No obstante, su trabajo y la de su equipo va mas allá: «Lo que hacemos es vaciar el canal para poder sellar posibles filtraciones, reparar zonas en las que se hayan desprendido los taludes, acondicionar los caminos de servicio, reforzar los terraplenes...», explica.

El vaciado se realiza a lo largo de todo el recorrido del canal, desde su nacimiento en Tudela hasta Fuentes de Ebro. Y su mantenimiento es una carrera contrarreloj. «En noviembre el corte es más largo y dura unas cuatro semanas mientras que en febrero suelen ser unas tres. Dependiendo de las obras que haya que hacer es complicado e intentamos alargar un poquito más. Suele hacer además bastante frío y si llueve no puedes usar algunas máquinas, por lo que pierdes bastante tiempo», cuenta Brihuega.

Una almeja gigante y protegida

Otro de los condicionantes que hay que tener a la hora de realizar el mantenimiento del Canal Imperial de Aragón es la existencia en este cauce de una especie protegida y en peligro de extinción, la Margaritifera auricularia o náyade (también conocida como margaritona), una almeja gigante de la que apenas quedan ejemplares y que solo existe en España en el valle del Ebro. «Para garantizar su supervivencia dejamos siempre unos palmos de agua. Además, antes de que nosotros empecemos a trabajar, los responsables de biodiversidad del Gobierno de Aragón realizan una prospección y traslocan aquellas que encuentran para evitar que sufran daños», cuenta este experto de la CHE. «Eso nos quita siempre dos o tres días más, por lo que vamos siempre a contrarreloj», narra.

A pesar de trabajar dentro del propio cauce del agua, Brihuega cuenta que no es nada fácil encontrarse con este molusco bivalvo. «Suelen enterrarse en el lodo. Los expertos tienen experiencia y van palpando allí donde creen que pueden estar y así las localizan», explica.

El resto de especies, como peces y algunos crustáceos, van abandonado el Canal conforme se vacía por los desagües que se abren y que van a parar al Ebro, al Huerva y también a algunos barrancos y otros pequeños cauces.

¿Qué agua beben los zaragozanos?

Aun así, a pesar de la basura y de las dificultades de reparar el Canal al ser el hábitat de una especie protegida, Brihuega asegura que esta infraestructura que ideó Ramón Pignatelli hace ya dos siglos sigue en perfecto estado. «Tiene problemas y filtraciones concretas que vamos sellando. Además, desde donde nace el Canal hasta Gallur el cauce está revestido bien con paneles de hormigón o con láminas impermeables. A partir de ahí, y ya en Zaragoza, el agua va sobre la tierra, por lo que hay más problemas con la erosión y es más común que se produzcan aludes y desprendimientos. Pero para eso actuamos todos los años», zanja.

Una curiosidad: cuando el canal se seca los zaragozanos beben agua de Yesa. Según los datos de la planta potabilizadora, en la semana del 8 al 14 de noviembre (la última de la que hay datos), el 100% del agua procesada provenía de este embalse. Una semana antes, el 41% llegaba del canal y el 59% de Yesa.