Tiene más de 2.000 años, tantos como la ciudad de Zaragoza. La calle Mayor forma parte del trazado original de la capital aragonesa, aquel que surcaron en la tierra los romanos y que fundaron como Caesaraugusta en el año 14 antes de Cristo. Hoy sigue siendo una de las arterias del centro de la ciudad y, aunque recoge alguno de los elementos más significativos de la ciudad, no pasa desde luego por ser una de las vías más cómodas de la urbe a pesar de ser muy transitada.

La calle Mayor de Zaragoza es parte del antiguo Decúmano Máximo de la colonia romana. Esta era la vía que recorría la ciudad de este a oeste de punta a punta, de muralla a muralla. Del trazado de esta vía de la época imperial son también herederas la calle Espoz y Mina y Manifestación, y su posición esconde un secreto que, por desgracia, la niebla no ha dejado desvelar apenas este año.

Durante los días y las horas en torno al solsticio de invierno, que fue el pasado 21 de diciembre, los rayos del sol coinciden perfectamente con el trazado del antiguo Decúmano Máximo –porque así lo buscaron los romanos– y todavía hoy, desde la calle Mayor y sus continuaciones, puede verse como el astro rey aparece de golpe para cegar a todos los que esperan contemplarlo. Este es solo uno de los secretos de esta calle de Zaragoza, pero su cotidianidad esconde muchos otros, y no todos son igual de épicos.

Mucho comercio, pero poco espacio

Y es que esta calle es uno de los ejes comerciales del casco antiguo de la ciudad pero lo cierto es que no está preparada para ello. Pasear por sus aceras, en el tramo que no es peatonal (entre San Vicente de Paúl y Don Jaime I) no es lo más confortable del mundo sobre todo si se hace con un carrito de la compra, de niños o con silla de ruedas. Las aceras son estrechas y los escaparates son jugosos, por lo que no es raro tener que pararse a esperar a que el vecino se decida a entrar o no a un establecimiento para poder seguir caminando.

Asimismo, desde el Ayuntamiento de Zaragoza parece que son, o fueron, conscientes de estos hándicaps puesto que, tanto la calle Mayor como Espoz y Mina y Manifestación, formaban parte del plan de comercio local con el que el área de Economía pretendía revitalizar la escena urbana de las vías comerciales de la ciudad. En este entorno, además de en la calle Delicias, se iba a llevar a cabo el proyecto piloto, pero ahora, tras un error administrativo y la falta de ejecución presupuestaria, se va a posponer.

De todas formas, la calle Mayor conserva todavía muchos encantos de una rúa propia del casco antiguo de una ciudad con 2.000 años de historia. Comenzando el paseo desde el Coso bajo, la iglesia de la Magdalena y su esbelta torre alegran la vista a todos los que bajo ella caminan.

Esta calle es como una ciudad en miniatura puesto que, además de iglesia, hay un colegio (el Pedro de Luna, en la plaza de la Magdalena), un mercado, el de San Vicente de Paúl (también pendiente de un revulsivo), una discoteca (la afamada Casa del Loco), un quiosco de los de siempre (el histórico Quiteria Martín) y numerosos bares y tiendecitas. Hasta la sede del PCE, con su hoz y su martillo en la fachada, convierten esta calle en un recorrido único por la historia de Zaragoza.

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Uno de los tantos comercios emblemáticos es la juguetería Kits para mayores, un negocio que vende desde maquetas de trenes y submarinos, hasta casitas de muñecas y la Mariquita Pérez. «Llevamos 50 años y estamos muy bien aquí, la calle Mayor es la más antigua de Zaragoza», presume con un tono de voz entrañable Adelaida Ramírez, una reconocida y premiada juguetera y fundadora de la tienda. «Antes la calle no era recta, había una manzana de casas que se quitaron», recuerda.

La calle Mayor es una calle con pulso. No destacan, aunque los hay, los locales vacíos. Por desgracia, tampoco destaca el espacio para el peatón. Más de 2.000 años de historia bien valdrían una puesta a punto.