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ZARAGOZEANDO

Anillo Verde de Zaragoza: el camino hacia ninguna parte

Un paseo por el tramo que rodea el centro comercial Augusta, la parte inacabada de esta infraestructura

Una vía de tren sin acabar ayuda a complementar la imagen de degradación y abandono del decorado. EL PERIÓDICO

El Anillo Verde de Zaragoza es un recorrido de unos 30 kilómetros de longitud que circunvala la ciudad. El objetivo de esta infraestructura es dotar a los paseantes de un lugar apacible, accesible y tranquilo por el que disfrutar de una andada o incluso de la bici. Pero existe un tramo entre Delicias y Miralbueno que no cumple exactamente con las expectativas planteadas. Más bien, todo lo contrario.

El paseo comienza en el cruce entre las calles Francisco Rallo Lahoz y Marqués San Felices. En este tramo, el peatón goza de un espacio muy ancho para andar. Hay bancos, sombra, más bancos, fuentes… Eso sí, verde como tal no es. La hierba está seca y eso que todavía no es verano, pero en comparación con lo que luego aparecerá en el paisaje este tramo es casi como los jardines de Versalles.

La cosa se tuerce en la pasarela que cruza la carretera de Logroño. Antes llama la atención una inscripción en una pared de hormigón en la que se puede leer: Prohibido no fijar carteles. La casualidad ha querido que, aunque hay restos de grafitis, nadie ha cumplido la orden. Desde de ser la única pared virgen de papel de la ciudad.

La primera parte del paseo tiene fuentes, bancos, árboles y un camino muy ancho. EL PERIÓDICO

Una vez uno se dispone a cruzar el puente el paseo se tuerce. El escaso ruido por tráfico que hay hasta ese tramo contrasta con el rugir de los motores de los vehículos que entran y salen de la ciudad. El puente esta todo pinturrajeado y, una vez lo cruzas, el paseo asfaltado y cuidado se convierte en una senda de piedras que, por su tamaño, no convierten al piso en la superficie más cómoda sobre la que andar.

El Anillo Verde se corta aquí. No está completo, si bien en los mapas aparece como uno de los tramos de este sendero. Pero el que se atreva tendrá que enfrentarse al lado más desconocido de la ciudad: sus descampados.

El recorrido circunvala la parte trasera del centro comercial Augusta, por lo que las vistas no son envidiables. El camino es estrecho y la hierba y los matojos crecen a sus anchas. Eso sí, sorprende cruzarse con gente en este sendero pero los hay que se atreven a recorrerlo. Sorprende y asusta a la par, puesto que como te encuentres con quien no debes no tienes muchos lugares donde refugiarte.

Entre los setos los papeles y la basura se acumulan. El camino de piedras se convierte de repente en un tramo de vía de tren sin ejecutar, en el que solo están colocadas las traviesas de hormigón.

El punto de inflexión es el puente sobre la carretera de Logroño. El paseo asfaltado desaparece. EL PERIÓDICO

Las vistas tampoco mejoran. A un lado, una explanada y naves industriales afean el paisaje. En frente, las vías de tren sin acabar y la estación Delicias a lo lejos. Y al otro lado, la parte trasera de edificios y de las tiendas del Augusta. Esta zona de la ciudad es como la goma de los calzoncillos que se deja ver sobre el pantalón de un hombre sentado: desagradable, pero la pura realidad. Zaragoza también son sus descampados.

En este páramo también hay un pequeño asentamiento chabolista, si bien no se ve movimiento, al menos desde lejos. Las vías de tren cruzan en este punto sobre un puente que también es el fin del camino: una vez se recorre esta infraestructura unas vallas impiden el paso. Paseo terminado. Ahora, uno puede optar por darse media vuelta y deshacer lo andado o cruzar parte del descampado y salir por uno de los laterales. Cualquier opción es igual de buena. O igual de regulera

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