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El Periódico de Aragón

ZARAGOZEANDO

Los tesoros que guarda el Ayuntamiento de Zaragoza

La urna de Juan de Lanuza y medallas, entre los objetos que exhibe y guarda el consistorio

En la vitrina se guardan reliquias y el crucifijo que hasta que se fue Belloch tuvo un lugar preferente en el salón de plenos. Jaime Galindo

No pocos son los ciudadanos que rehúyen todo lo que suene a política y que desconocen aspectos fundamentales de la vida en las instituciones. Pero más son los que no son conscientes de los tesoros y bienes patrimoniales que guarda la Administración. En Zaragoza, el ayuntamiento es casi como un museo en sí mismo en el que reposan y se exhiben piezas sin las que no se entendería la historia de la ciudad.

Están por todas partes, pero algunas de las más especiales se guardan en una vitrina justo al lado de la puerta del despacho de Alcaldía. Se trata de un mueble de grandes dimensiones y que, de por sí, es un tesoro: el motor que permite abrir su puerta corredera se instaló en 1975 y sigue funcionando como el primer día. «Es increíble», dice Marga Vela, funcionaria de la Unidad Técnica de Patrimonio Cultural del Ayuntamiento de Zaragoza.

Y es que no solo la familia real británica puede presumir de guardar en sus palacios joyas y antigüedades de gran valor. Quizás una de las piezas que más miradas atrae hacia esta vitrina es un crucifijo del siglo XVII: es el que mantuvo el alcalde Belloch presidiendo la mesa principal del salón de plenos y que fue origen de más de un debate sobre la laicidad de las instituciones.

Las llaves de la ciudad, con las iniciales ‘ZN’ y ‘ZL’, de Zaragoza Noble y Leal. Jaime Galindo

Más allá de la polémica, la pieza tiene cuatro siglos de historia y en tiempos ya servía para que los regidores de la ciudad juraran sus cargos. Es de plata y madera, aunque ha sido restaurada varias veces y no todas las piezas son originales.

Sí que es original y única, puesto que Vela no conoce la existencia de más ejemplares, una medalla expuesta que Fernando VII otorgó a la ciudad tras las guerras napoleónicas. Es la conocida como Cruz del segundo Sitio de Zaragoza, es de oro y esmalte, y pertenece a todos los ciudadanos, puesto que el rey Borbón la concedió a todos los zaragozanos por su valiente lucha contra el invasor. De pequeño tamaño, la medalla la conforma una cruz de San Juan en rojo y una imagen diminuta de la Virgen del Pilar.

La urna de Juan de Lanuza

En la vitrina hay otros objetos especiales, como la espada de Espoz y Mina, una caja de insaculación, que es un aparato con el que se realizaban las votaciones en los plenos antes del siglo XX mediante bolitas blancas y negras y dos relicarios (el de San Pedro Arbués y el de Santa Engracia y los innumerables mártires). También se conserva la conocida como arca de escrituras y privilegios, una caja de madera, hierro y latón que todas las ciudades debían tener por orden de los Reyes Católicos. Este pequeño baúl servía para guardar documentos valiosos y tiene tres llaves que aún funcionan: una la guardaba el alcalde, otra el regidor archivista y otra el escribano del concejo para mayor seguridad.

Uno de los objetos más curiosos es la urna en la que se trasladaron los restos de Juan de Lanuza hasta Madrid. Se mandó construir en 1869, tres siglos después de la decapitación del Justicia, para llevar sus huesos hasta el Panteón de personajes ilustres que se proyectó construir en la capital española. Una vez allí, la urna estuvo guardada durante 20 años pero el panteón no se había levantado todavía, por lo que los restos fueron reclamados por Aragón y hoy descansan en la capilla de Santa Isabel de Zaragoza, vulgo de San Cayetano.

La vitrina se abre con un motor que funciona desde los años 70. Jaime Galindo

En la vitrina se guardan también las dos llaves ceremoniales que se entregaban a los mandatarios de otros lugares cuando visitaban la ciudad. No abren ninguna puerta y en ellas aparecen las siglas ZN y ZL: Zaragoza Noble y Zaragoza Leal.

Otro objeto significativo es una maza ceremonial. Es símbolo de poder y dignidad, y es una de las cuatro que los maceros del ayuntamiento portan cuando la corporación municipal marcha en procesión.

Pero entre todas las reliquias exhibidas, las que más llaman la atención a primera vista son las banderas y estandartes. A la izquierda en la vitrina reposa la bandera de la ciudad de Zaragoza, de color carmesí y el león rampante bordado en oro. En el reverso, la cruz de San Jorge luce como emblema de la provincia. En el centro se muestra el pendón del Ángel Custodio, que data del año 1720 y que se usó como enseña oficial de la ciudad hasta 1868.

A la derecha, por último, cuelgan el estandarte de la Guardia Nacional de Zaragoza (1835) y el pendón de las proclamaciones reales (1724), que se paseaba por la ciudad cuando los nuevos reyes eran coronados por orden de Felipe V. Tesoros todos que son patrimonio municipal y que los trabajadores públicos guardan y restauran con mimo. 

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