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El Periódico de Aragón

LA OPINIÓN DE LA CALLE

Huelga del autobús en Zaragoza: cabreados anónimos ante lo que consideran "un rollo patatero"

Los usuarios, cada vez más hartos, planean su día a día para evitar las horas de huelga y evitar así retrasos para ir al trabajo o al hospital

Filas en las marquesinas esperando a que lleguen los bueses en horario de huelga. ANDREEA VORNICU

“Fatal. Esto no acaba nunca”. La palabra hartazgo comienza a quedarse corta para definir el sentimiento de los zaragozanos que esperan en las marquesinas del bus urbano. La huelga, convocada en las horas punta del día, continúa generando importantes afecciones que sufren, sobre todo, aquellos que dependen del transporte público para ir a trabajar.

“Tienes que planificarte para salir media hora antes de casa. Antes cogía el bus a las 8.00 y ahora intento estar en la parada a las 7.30. Y así. Hoy tenía médico y he llegado tarde porque no sabía que acababa la huelga a las 9.15. Los horarios son confusos”, lamentaba este miércoles una usuaria, Carmen, sentada en una marquesina en el paseo María Agustín.

Y en esa planificación anda media ciudad, calculando día a día a qué hora salir de casa para evitar las horas de paros. “Antes cuando salíamos de clase nos lo tomábamos con más calma, pero ahora vamos corriendo a la parada para intentar llegar antes de las 14.00. Si no ahí te quedas 15 minutos mirando a la nada”, lamentaba Martín, que junto con sus compañeros de clase bajaban del 38.

Esperas que se hacen eternas

“Esta mañana para ir a trabajar he llegado a la parada del 38, ahí en Duquesa Villahermosa, a las 9 menos diez y hasta y cuarto no he podido cogerlo. Antes de que llegara mi bus han pasado otros dos delante en los que no ponía el número de la línea y que ponía Avanza, y que no han parado. Un señor que estaba antes que yo, ante el hartazgo, se ha cogido un taxi”, relataba otra usuaria diaria del bus, Charo, que es vecina del barrio de Delicias.

“¿Para el Pilar qué?”, se preguntaba el joven. “Buah, pues si normalmente ya hay lío para bajar al centro no me puedo imaginar esos días. Peor bueno, ahí vas contento y todo te da más igual, lo malo es en el día a día”, argumentaba el estudiante.

Cada usuario, además, canaliza su hartazgo y su cabreo hacia un lado. “Necesito coger el bus todos los días y es un rollo patatero, a mí que no me digan. Yo creo que ya vale, porque los conductores ganan muy bien, digan lo que digan, no son unos pobrecicos. Así de claro te lo digo”, criticaba una mujer antes de subirse a otro autobús en otra parada cercana a Paraninfo.

Pero otros apuntan al alcalde, Jorge Azcón. “Tiene que tener mano dura. Él el último responsable y esto ya es un cachondeo. Si dependiera de mí, le quitaba la concesión a Avanza ahora mismo, así aprenderían. Hay gente mayor que tiene que ir al hospital y todo que está en las paradas esperando 20 o 25 minutos. Y luego parece que está todo apañado y van los sindicatos y se lo llevan todo por delante. La huelga es un derecho, pero tienen que poner ya remedio a esta situación, que llevamos años así y esto es una vergüenza”, lamentaba un matrimonio de jubilados. ¿Su nombre? “No lo pongas, pon que estamos anónimamente cabreados”.

Y es que aunque uno no sea usuario habitual de los buses, pocos zaragozanos quedan que no hayan sufrido las consecuencias de la huelga. Es el casi de María Jesús. “Yo lo cojo muy poco porque no lo necesito, solo algún día que tengo que bajar al centro. Pero también me afecta también y alguna vez me ha fastidiado. Hace poco tuve que esperar a un bus 45 minutos hasta que llegó”, añadía. 

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