El número 67 de la calle Pignatelli, en el zaragozano barrio de El Gancho, es uno de tantos edificios de la zona que están okupados. El pasado viernes, un incendio provocado hizo que todos los que allí residen tuvieran que abandonarlo, si bien este martes por la mañana regresaron sus 25 vecinos, aunque por unas pocas horas porque acabaron desalojados este mediodía.

Desde el consistorio aseguraron que el regreso ayer al edificio por parte de los okupas fue porque el sábado solo se permitió retirar algunos pocos enseres básicos o de primera necesidad para los residentes antes de tapiar el acceso principal por «razones de seguridad» a la espera del análisis urbanístico que se realizó este martes. Ya estaba la estructura fría y en condiciones óptimas.

Celebración del regreso de los okupas a la calle Pignatelli

Celebración del regreso de los okupas a la calle Pignatelli Servicio Especial

Eran sobre las 10.00 horas cuando los técnicos procedieron a retirar el tapiado para realizar la inspección. Ahí se generó el problema. Según el Ayuntamiento de Zaragoza, se hizo para girar la oportuna visita de Inspección Urbanística para analizar la situación. Los arquitectos consideraron que, estudiada la situación, al desconocer la capacidad portante de las vigas de madera que integran el forjado de la primera y segunda planta, existe la posibilidad de un colapso estructural del interior del inmueble, sin daños en edificios colindantes. Sin embargo, los okupas entraron a su interior porque, según ellos, tenían permiso para realojarse. Sea como fuere, pudieron introducirse, pese al riesgo que había. 

Una reentrada que fue celebrada como una fiesta por parte de los okupas ante los ojos de los agentes de la Policía Local allí desplegados y la incredulidad de los vecinos que reclaman la clausura de un inmueble que es propiedad de la Sareb y en el que supuestamente se vende droga. De hecho, tal y como adelantó EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, un cliente descontento con su traficante decidió prender fuego el primer piso porque estaba impaciente ante los cuatro gramos de cocaína que quería comprar y no llegaban.

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FOTOGALERÍA | Desalojo del edificio okupa quemado en Pignatelli

Pronto llegaron las malas noticias para los okupas, que no para los vecinos que reclaman que se erradique este problema. La Policía Local pidió a los residentes que salieran todos de allí con todas sus pertenencias, que se iba a clausurar. Ahí comenzó una confrontación en la que se pudieron escuchar amenazas de que «hasta que no haya una orden judicial, yo de aquí no me voy». 

«Nos han tirado la tapia para poder entrar y, de repente, nos han echado a todos a la calle», afirmó una de las mujeres que fueron desalojadas y que aseguraron que volverá «tarde o temprano». Otro habitante de uno de los pisos solicitó ante los medios de comunicación allí presentes: «Señor alcalde, denos una solución, no es el albergue, queremos un edificio okupa».

Todos quisieron mostrar su descontento por tener que irse. «Nos abrieron, unos estábamos limpiando el humo que se había metido en nuestras casas y otros incluso haciendo la comida», añadió otra okupa, mientras su vecina afirmaba: «Nos dejan en la calle, nos tratan como ratas». Afirmación que rechazó uno de los agentes, quien le dijo que no era así, que tenían plaza en el albergue municipal. La mayoría aceptaron a regañadientes esta solución. 

Cuando se fueron, el edificio fue tapiado. Permanecerá así hasta que la propiedad del inmueble aporte certificado técnico visado que acredite la seguridad estructural del inmueble. Los técnicos de Urbanismo llevan desde principios de año intentando conseguir un acuerdo con la propiedad para poder adquirirlo con cargo a las partidas presupuestarias del Plan Especial Zamoray-Pignatelli. Así, ya se han formalizado o comprometido la adquisición de hasta 13 propiedades de la zona.