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'ZARAGOZEANDO'

¿Marxismo de balcón? Tender, una cuestión de clase

La nueva ordenanza de limpieza prohíbe secar ropa en la calle si ensucia o atenta al ornato

Una mujer tiene ropa en un edificio del zaragozano barrio del Arrabal.

Una mujer tiene ropa en un edificio del zaragozano barrio del Arrabal. / ANGEL DE CASTRO

Iván Trigo

Iván Trigo

Zaragoza

Hay semanas en el Ayuntamiento de Zaragoza en las que no pasa nada. O nada entretenido. Pero hay veces que surgen debates que no se pueden reflejar en las noticias del día a día pero que merecen su espacio. El pasado miércoles se discutió en la comisión de Servicios Públicos la nueva ordenanza de limpieza, que entre otras muchas cosas, aumentará significativamente las multas por ensuciar y afear la ciudad. Y entre esos supuestos se ha colado la ropa tendida.

El texto de la nueva norma, que todavía tiene que ser ratificada en el pleno, establece que queda prohibido, «por su especial repercusión en el ornato e higiene» de la ciudad «tender ropa mojada o regar ensuciando la vía pública o produciendo molestias». Las sanciones, en función de si la infracción se considera leve o grave, dependiendo de la intencionalidad del infractor, irán de los 50 a los 3.000 euros.

Pero claro, ¿cómo se regula que se tienda con respeto al ornato de la ciudad? La izquierda del ayuntamiento lo tuvo claro en debate de la normativa. Tender hacia la calle es una marca de la clase social que se quiere perseguir. Los barrios populares de la ciudad están llenos de cuerdas con ropajes secándose al cierzo. Camisas, camisetas, chándals, batines, monos de obra, uniformes de operarios de limpieza, calcetines... Los balcones obreros exhiben sin rubor sus armarios.

Sin embargo, en los edificios del centro y también en los barrios de nueva creación, construidos con estándares de habitabilidad más elevados, es difícil ver una braga tendida al sol. «A mí me encanta ver la ropa tendida en los barrios obreros», dijo Alberto Cubero, de ZeC, como si las toallas colgadas fueran (porque puede que lo sean) una bandera más de la lucha de la clase trabajadora.

Así, basta un paseo para comprobar las diferencias que hay en la ciudad en cuanto a los tendedores se refiere. En Las Fuentes, San José, Delicias es habitual ver cuerdas verdes atadas a dos varas con pinzas sujetando prendas. Pero incluso dentro de los barrios hay diferencias entre las calles principales y las secundarias, con viviendas normalmente más humildes,

En Compromiso de Caspe, por ejemplo, la arteria principal de la barrio de Las Fuentes, no se ven albornoces colgando. En Salvador Minguijón sí. Y en los antiguos conjuntos sindicales más todavía.

Ocurre lo mismo en El Rabal. Las zonas más nuevas lucen balcones llenos de geranios y alguna hamaca. Las zonas más antiguas, con viviendas más pequeñas, están plagadas de tendidos con telas de todos los colores.

¿Es, por tanto, tender hacia la calle una cuestión de clase? Las calles hablan por sí mismas y parece un claro indicador. ¿Qué persigue, por tanto, la nueva ordenanza de limpieza? ¿Se debe acabar con el atentado contra el ornato que para algunos supone exhibir la ropa mojada? ¿Hay que estar orgulloso de mostrar tus gayumbos al mundo? ¿Se puede hablar del marxismo de balcón? 

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