Bien es sabido por todos que el inodoro no es el cubo de la basura, pero aun así, las depuradoras de Zaragoza reciben de media cada día una tonelada de restos, principalmente de toallitas húmedas arrojadas por el baño. Esto tiene consecuencias que, ojo, empiezan en las mismas casas de donde parten, donde pueden generarse obstrucciones y atascos, mucho más frecuentes en la red de tuberías por donde viajan toallitas, compresas, preservativos, bastoncillos, hilo dental y así una larga lista de materiales que no son biodegradables y que acaban convirtiéndose en grandes bolas de desechos que colapsan el sistema.

Las instalaciones de La Almozara y La Cartuja recibieron el año pasado 359 toneladas de restos que tienen que ser tratados antes de llegar a la planta para evitar que accedan a los digestores. Los daños pueden ser fatales, como ocurrió en 2018 en La Almozara con el reventón de su digestor. Repararlo tuvo un coste de 2 millones de euros para las arcas municipales. Ahí es nada.

La cifra anual de toneladas fue ligeramente menor a la de 2021, cuando se contabilizaron 366 toneladas, pero no hay que cantar victoria porque la cifra «sigue siendo muy alta», recalcan desde Ecociudad. El histórico no mejora, con un pico de 376 toneladas durante 2020, año del confinamiento. En 2018 y 2019 fueron algo más de 340 toneladas. Estos restos tienen que trasladarse a un vertedero autorizado.

Coste anual

Tanto la planta de La Cartuja como la de La Almozara han introducido sistemas que permiten separar los restos sólidos antes de iniciar el tratamiento de las aguas residuales para evitar que causen problemas durante el proceso de depuración. Una extracción que tiene un coste añadido de 150.000 euros al año, a los que se suman las averías que se generan en la red de tuberías.

Por el camino, estas toallitas se encuentran con distintos obstáculos. El pasado verano, la sociedad Ecociudad instaló tres mallas de grandes dimensiones en tres aliviadores de la red para evitar que los restos lleguen a los ríos Ebro, Gállego y Huerva durante los episodios torrenciales, cuando la red de tuberías soporta un volumen de agua extra que arrastra los restos sólidos que se encuentra por el camino y que acaban en los cauces. Basura contaminante que, por otro lado, también llega al cauce desde aguas arriba.

En concreto, se colocaron en el aliviadero que da al Ebro desde el parque de San Pablo, en el del Parque Bruil, que desemboca en el Huerva, y en el de Ríos de Aragón, con salida al Río Gállego. En tan solo seis meses ya se habían retirado de estas mallas 280 kilos de residuos, principalmente de dos puntos, San Pablo y Bruil, según explican desde Ecociudad, que detallan que el 99% de los restos eran toallitas. El 1% sobrante estaba formado por hojas, colillas y hasta plásticos.

Ahora Ecociudad quiere ampliar el número de mallas a otros aliviaderos como Macanaz, junto al puente Santiago, y en el puente y depuradora de La Almozara.

Los trabajadores de Ecociudad realizan labores de limpieza continuas en la red de tuberías, sobre todo en algunos puntos de la ciudad, como la desembocadura del Huerva, donde tienen que actuar cada 15 días en épocas de sequía. Una zona que tienen que limpiar siempre que se produce una fuerte tormenta, momento en el que los sistemas previos al tratamiento de los residuos en La Cartuja y La Almozara tienen que trabajar a pleno rendimiento, incluso por encima de lo habitual para evitar que se cuelen restos en los digestores.

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Desde la sociedad municipal insisten en el mensaje: el inodoro no es una papelera y reiteran que este problema se soluciona únicamente con la concienciación de todos.

La Cartuja vive sus horas más bajas a la espera de una alternativas

El nuevo Gobierno del PP de Natalia Chueca, en Zaragoza, deberá afrontar el futuro de la depuradora de La Cartuja. Con tres décadas de vida, las instalaciones se han quedado obsoletas y su estado integral y su diseño no permiten que se puedan acometer las actuaciones y las mejoras necesarias para cumplir con las exigencias del cambio climático y garantizar los límites de vertido exigibles.

En septiembre de 2021, la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) ya le comunicó al ayuntamiento zaragozano la necesidad de valorar alternativas para «un tratamiento mayor y más seguro de las aguas residuales» de la ciudad y le proponía o la sustitución o la ampliación de la planta. El coste de construir una nueva depuradora sería demasiado elevado, por lo que desde el consistorio siempre han mirado a la DGA para que colabore en su financiación. Ahora que tanto el Ejecutivo autonómico como el ayuntamiento van a ser del PP todo apunta a que debería producirse esa colaboración que Jorge Azcón exigió como alcalde al presidente, ahora en funciones, Javier Lambán.