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Así es la foto fija de la movilidad en Zaragoza: una ciudad muy pensada para el coche privado

Los giros a la derecha y los semáforos en ámbar destacan como factores a corregir para reducir la siniestralidad vial. Los intercambiadores y los aparcamientos disuasorios se ven como soluciones a acometer para mejorar la circulación.

El entorno de la puerta del Carmen, en Zaragoza, una zona con muchos carriles y con un volumen de tráfico importante.

El entorno de la puerta del Carmen, en Zaragoza, una zona con muchos carriles y con un volumen de tráfico importante. / EL PERIÓDICO

David López

David López

Zaragoza

Zaragoza es una ciudad que está excesivamente pensada y diseñada para favorecer el uso del coche. Así podría resumirse la radiografía que deja tras de sí el diagnóstico elaborado por 64 representantes de 42 entidades que han colaborado en el proceso participativo impulsado por el ayuntamiento para decidir propuestas de mejora que aumenten la seguridad vial. La estadística de los últimos años invitaba a reflexionar sobre qué hacer y ellas ya han planteado 549 síntomas de carencias y deficiencias a corregir y tan solo 22 aciertos, entre los que destaca la pacificación del tráfico. Aunque todas ellas, 571 en total, se pueden considerar aportaciones en forma de propuesta para que el consistorio las valore y actúe.

Esta consulta forma parte de la estrategia del consistorio para buscar medidas que ayuden a reducir la siniestralidad en Zaragoza, con el objetivo de reducirla al menos un 50 % y los fallecidos contabilizados en los últimos años. Los resultados los presentó la concejala delegada de Seguridad Vial de Zaragoza, Ruth Bravo, que hizo hincapié en la necesidad del «mayor consenso» posible para hacer un «traje a medida para la ciudad».

Las opiniones de estas entidades –como Stop Accidentes, Aesleme, Justiciazgo, Unizar, el 061 o DGT– reflejan una foto fija sobre la seguridad vial y la movilidad en Zaragoza donde se pone de relieve que se ha seguido una planificación urbanística centrada en el coche en detrimento de otras formas de desplazamiento y en la que ha habido una clara descoordinación entre áreas municipales. «El tráfico no es considerado como un problema, lo que lleva a una desatención a los desafíos que representa en términos de seguridad vial en la ciudad y a una falta de soluciones para la reducción de la congestión vial como la intermodalidad, los aparcamientos disuasorios o los intercambiadores», exponen el informe con el que ha concluido esta consulta. 

Los participantes son críticos con el diseño y el mantenimiento de la infraestructura vial. En el caso de los peatones, porque hay una «ocupación indebida de las aceras», hay un «insuficiente mantenimiento y limpieza» y adolece de una «falta de elementos que facilitan a la accesibilidad». Para los ciclistas, «la red de carril bici cuenta con un mal diseño de las interconexiones y los cruces con el resto de la infraestructura vial y no está adaptada al creciente uso» que se está dando. Para el transporte de viajeros hay un «insuficiente trazado de carril bus y taxi, y de zonas segregadas específicas» así como la «falta de un diseño de la infraestructura vial adaptada a las dimensiones de los vehículos voluminosos y la permanencia de espacios de circulación cruzada de coches y autobuses y un único carril bus en contra dirección».

Otro de los elementos clave a corregir afecta a una convivencia entre los modos de transporte que «no es fácil» y se convierte en peligrosa cuando se da esa «ausencia de una adecuada segregación de espacios» en viales donde interactúan coches, buses, vehículos pesados, bicis, vehículos de movilidad personal (VMP) y peatones. Pero todas las entidades coinciden en los factores de riesgo: «el principal se centra en los giros a la derecha por la falta de visibilidad», principalmente en los que hay carriles bici o semáforos en ámbar, y el «exceso de semáforos en la ciudad, junto con su deficiente sincronización y ajuste de ciclos», que genera, aseguran, «dificultades de interpretación y riesgos para peatones debido a la sobreabundancia de puntos en ámbar».

Sin embargo, hay medidas adoptadas en los últimos años que estaban pensadas para otros medios de transporte que no son el coche que tampoco están funcionando. El caso más palpable es el de los llamados carriles 30, que prohibe a todos los usuarios superar esa velocidad y que generalmente no se respeta por culpa, afirman, de los semáforos. Ese exceso de velocidad de los automóviles «se identifica como causa objetiva de siniestralidad y lesividad» y esa falta de respeto a los límites se atribuye «al desajuste de la frecuencia semafórica que parece incentivar el aumento de la velocidad para evitar tiempos de espera», destaca el diagnóstico elaborado.

«Se observa una falta generalizada de cumplimiento de las normas de tráfico por parte de los conductores, con numerosas infracciones como adelantamientos por la derecha, uso de móvil al conducir y falta de respeto a la señalización del tranvía, contribuyendo significativamente al riesgo vial», añade esa foto fija de Zaragoza, que tampoco olvida la «presencia frecuente de alcohol y drogas en los datos de accidentes» registrados en la ciudad como un «factor determinante».

El análisis de los VMP: los jóvenes ven el patinete como un "juego"

«Existe una percepción generalizada de que ciclistas y conductores de VMP no respetan las normas de tráfico, y comenten infracciones como saltarse semáforos o circular en sentido contrario». Así de contundente es la visión que se tiene de unos vehículos cuyo uso «se asocia principalmente a jóvenes» que «los ven más como un juego que como un medio de transporte, realizando maniobras peligrosas», asegura el informe sobre el diagnóstico de la movilidad y la seguridad vial en Zaragoza. Estos conductores, por su parte, «defienden su seguridad y critican la infraestructura vial que dificulta su movilidad, aunque algunos perciben una cierta criminalización que obstaculiza su uso». Por otra parte, se ha detectado la velocidad, tanto de bicicletas eléctricas como de VMP, como causa de «situaciones de riesgo», sobre todo por la «falta de cálculo de la inercia», lo que aumenta «el riesgo de colisiones». Además, «ser vehículos silenciosos dificulta su detección por parte de otros usuarios de la vía, especialmente en entornos urbanos donde la atención auditiva es importante para la seguridad vial. 

También se alude a los motoristas, que han visto cómo se incrementaban los accidentes de tráfico con ellos de protagonistas en vías urbanas e interurbanas, y que se atribuye «a la velocidad» en aquellas de alta cilindrada, así como a «la falta de destreza en el manejo, especialmente entre quienes conducen motos de hasta 125cc con permiso de automóvil y experiencia mínima de tres años». «El zigzagueo entre coches también se identifica como un factor de riesgo significativo», añade el informe.

En esa foto fija tampoco se olvidan las entidades de los problemas en el transporte público, poniendo el foco en la velocidad que alcanzan algunos autobuses para cumplir los tiempos de recorrido o la ineficacia del diseño de sus nuevos vehículos para prevenir lesiones en caso de accidente, así como el escaso respeto a las medidas de protección por parte de los usuarios en el tranvía, al que también se señala por su alta ocupación en horas punta o su capacidad de frenado limitada en situaciones de emergencia. Son propuestas a medir sobre un diagnóstico que seguramente muchos zaragozanos comparten.

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